Dinamarca y Groenlandia celebran un acuerdo con Estados Unidos lleno de incógnitas | Internacional

Dinamarca y Groenlandia celebran un acuerdo con Estados Unidos lleno de incógnitas | Internacional


Los gobiernos de Dinamarca y Groenlandia se muestran satisfechos con el principio de acuerdo alcanzado con Estados Unidos, pese a que aún no han trascendido detalles del texto. Tras el anuncio por sorpresa del presidente de EE UU, Donald Trump —quien aseguró el viernes que el pacto otorga a Washington “el control permanente sobre la seguridad y las demás necesidades” del territorio ártico—, las autoridades danesas y groenlandesas han querido sumarse al optimismo, aunque con un matiz clave. Ambas administraciones consideran que lo acordado supone un éxito porque respeta la soberanía del Reino de Dinamarca y el derecho a la autodeterminación de Groenlandia, permitiendo además pasar página tras meses de máxima tensión con la Casa Blanca, que llegó a considerar necesario controlar la isla por motivos de seguridad nacional. La falta de concreción respecto a lo acordado impide de momento aventurar si acaba con la disputa.

“Estoy contenta”, publicó este sábado Mette Frederiksen, la primera ministra danesa, en Instagram. “Me alegra que se vislumbre un buen acuerdo para Groenlandia, el Reino de Dinamarca y Estados Unidos”, añadió la mandataria en un mensaje acompañado de una fotografía en la que aparece ella junto a Jens-Frederik Nielsen, el jefe de Gobierno groenlandés. Nielsen se expresó en términos similares: recalcó que el pacto “reconoce los intereses de Groenlandia”. Ambos, sin embargo, hablan con cautela: de una “perspectiva” y de estar “a punto” de cerrar un texto que aún no se ha hecho público.

Otros miembros del Gobierno danés quisieron reforzar el mensaje de optimismo. El ministro de Exteriores, Lars Lokke Rasmussen, expresó su esperanza de que “el largo periodo de incertidumbre” dé paso a “un acuerdo vinculante” que refuerce la seguridad en el Ártico y el Atlántico Norte “con respeto a las líneas rojas del Reino de Dinamarca”. Más eufórico se mostró Martin Lidegaard, titular de Industria y Comercio, que se declaró “enormemente feliz”. La responsable de Sanidad groenlandesa, Anna Wangenheim, lo calificó como “un paso muy importante”. “No debemos olvidar que hemos estado en una situación en la que ha existido el temor a que fuéramos colonizados de nuevo”, añadió Wangenheim.

Ese insólito consenso en un asunto tan espinoso suscita dudas entre algunos expertos. Ask Rostrup, analista político de la cadena danesa TV2, vaticina que los próximos días “habrá muchos nervios” en Copenhague y Nuuk, la capital groenlandesa. En su opinión, hay que tener en cuenta que Trump llegó a amenazar con tomar el control de la isla danesa por la fuerza y, por lo tanto, no se pueden lanzar las campanas al vuelo hasta que el acuerdo esté firmado y queden despejadas todas las incógnitas. “Parece evidente que Estados Unidos reforzará su presencia militar en Groenlandia, pero aún no tenemos ni idea de dónde ni cómo”, señala Mads Korsager, corresponsal de Defensa de DR, la televisión pública.

Junto a la cautela, entre los expertos daneses se repite otra idea que parece clave para que el acuerdo haya prosperado: el éxito que proclama el presidente estadounidense es, ante todo, una cuestión de relato. “Creo que es importante presentar un nuevo acuerdo para que Trump pueda aparecer como un ganador”, sostuvo en una entrevista con DR Marc Jacobsen, profesor de la Real Academia de Defensa Danesa. El analista de seguridad Peter Viggo Jakobsen incidió en que en la Casa Blanca “se ven obligados” a sacar pecho de un pacto que, a su juicio, apenas aporta novedades, en vísperas de unas elecciones de medio mandato que amenazan con restar poder a Trump.

El convenio de defensa firmado por Washington y Copenhague en 1951 ya permitía a las fuerzas estadounidenses moverse libremente por la isla ártica y abrir nuevas bases militares. Tampoco es nuevo, añade, que ninguna otra potencia pueda tener presencia militar en Groenlandia. “¡Felicidades Trump! Ahora ya tienes exactamente lo que has tenido desde la década de los cincuenta”, ironizó Jacobsen.

Jacob Heinel Jensen, corresponsal en Washington del diario Berlingske, abundó en esa idea de que lo pactado apenas supone nuevas ventajas para Washington al publicar un análisis con el título Shhhh. No le digan a Trump que quien ha ganado es el Reino de Dinamarca. Lo más asombroso, escribe Jensen, no es el acuerdo en sí, sino que “hayan logrado vendérselo al presidente como un gran éxito para Estados Unidos”.

La buena acogida en Dinamarca no se ha limitado al Gobierno. El líder de la oposición danesa, Troels Lund Poulsen, ha asegurado estar “encantado” con la noticia. No obstante, ha destacado que “aún pueden surgir imprevistos que provoquen que el acuerdo se posponga de repente”. Más crítico se ha mostrado Mads Fuglede, portavoz de Exteriores del ultraderechista Demócratas Daneses, que recela de la idea de dar por bueno un acuerdo basado en la palabra del líder estadounidense: “¿Se puede confiar en la lealtad de Trump a un acuerdo simplemente porque lo firme? La incertidumbre en torno a Groenlandia no ha sido eliminada, simplemente queda pausada”.

Críticas en Groenlandia

Esas voces críticas resuenan más en Groenlandia, un territorio que reivindica con fuerza su soberanía. “Tengo que esperar a leer el contenido del acuerdo. Hasta entonces, soy escéptica. No tengo ninguna fe en Trump”, publicó en Facebook Aaja Chemnitz, una de las figuras con más peso en el partido independentista Inuit Ataqatigiit. Un cartel colocado el sábado por la mañana en el centro de Nuuk reza: “¡Firmar el acuerdo con Estados Unidos en un suicidio!”.

El alivio expresado entre el viernes y el sábado, a falta de conocer el contenido del acuerdo, contrasta con el clima que se vivía en Dinamarca hace apenas unos meses. En diciembre, la inteligencia danesa llegó a considerar a Estados Unidos una potencial amenaza para la seguridad nacional. Un mes después, el Ministerio de Defensa informó de que los militares desplegados en Groenlandia tenían órdenes de abrir fuego si tropas estadounidenses intentaban ocupar el territorio. Ante ese escenario, el ejército envió a la isla bolsas de plasma para transfusiones de sangre en caso de combate y explosivos destinados a inutilizar las pistas de aterrizaje.

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