La clausura como escenario, la fe como refugio y el silencio como una forma de poder. Cautiva, la nueva ficción de TNT y Flow, sigue a Clara, una joven que ingresa a un convento buscando una salida espiritual y familiar y termina sometida durante años a un régimen de violencia. Carolina Kopelioff interpreta a Clara; Lorena Vega, a Cecilia, la madre superiora. Frente a un material inspirado en un caso real, las dos actrices construyeron personajes en extremos opuestos: una mujer que descubre una valentía que no sabía que tenía y otra que ejerce el poder desde una posición de autoridad. Para Kopelioff, el desafío fue encontrar la vulnerabilidad y la resistencia de Clara. Vega, en cambio, debió evitar que Cecilia quedara reducida desde el comienzo a una figura evidente. La dirección de Paula Hernández y Jazmín Stuart fue clave.
—¿Qué las conmovió y qué les costó de sus personajes?
Kopelioff: Cuando leí el guion me conmovió todo. El caso me conmovió, esta es una serie inspirada en un caso real. Me conmovió mucho, empecé a buscar desesperada mucha información. Me conmovió la vulnerabilidad, la sensibilidad del personaje, la inocencia en el buen sentido de la palabra y la fragilidad de no tener el mejor refugio en lo familiar e intentar buscarlo en otro lado y refugiarse en la fe y encontrarse con el error. Y después creo que la resistencia, la valentía que encuentra. Creo que es un personaje que se encuentra con una valentía que no sabía que tenía y creo que eso es muy conmovedor en una persona: volver a tenerse fe a ella misma y confiar en ella.
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Vega: A mí también me conmueve la historia en general, con el punto de supervivencia del personaje principal. Pero si hago un poquito de zoom adentro de la historia, me conmueve mucho la relación de las amigas. Me conmueve lo que pasa entre ellas, tanto los momentos de encuentro como el momento fatal, y también la relación de los hermanos. En mi caso particular, que tengo hermanos, que hice obra a partir de la relación con mis hermanos, me gusta, tengo una escucha particular con esos vínculos y me gusta cómo la historia hace foco ahí: el rol de los hermanos acompañando a esta hermana.
—¿Cómo trabajaron juntas el tono del vínculo entre sus personajes?
Kopelioff: Yo creo que estuvo muy apoyado en la dirección. Nuestras directoras tenían muy analizado el tema y muy direccionado el color de la serie. Y me parece que tanto Paula Hernández como Jazmín Stuart realmente nos condujeron un montón. Yo estoy feliz porque sentí que me arrojé, que mi actuación fue arrojada y que después ellas iban a saber qué hacer, o que teníamos esa red para arrojarnos. También es gracias a estar al lado de las actrices que uno admira muchísimo, respeta, que son buenas personas. Yo también me animaba a arrojarme porque la tenía al lado.
Vega: Es un trabajo que, por suerte, pudimos ensayar mucho. Tuvo una importante y cuidada etapa previa a llegar al set: lectura, ensayos, conversaciones, intercambio de material. Por supuesto, Caro es la que más leyó, la que más películas vio sobre religión y todo y nos daba data. También Laura Nievole tiene mucho conocimiento sobre la religión. Ella es la mano derecha de mi personaje y era nuestra asesora interna respecto de eso.
Esa porción del rostro
J.M.D.
—En una serie donde suelen usar los hábitos, que suelen ser prendas muy restrictivas de lo físico, y que ha marcado tanto a la historia del cine ¿cómo trabajaron el cuerpo, especialmente teniendo en cuenta que son personajes muy contenidos y que lo único visible es una franja del rostro?
—Kopelioff: Me acuerdo de Paula diciéndome mucho: “Relajá la mirada”. Yo tengo unos ojos bastante grandes y como que a veces mi mirada es muy intensa. Pero claro, en esta situación estás acá, entonces cada cosita que hacés se ve inmensa. También creo que hay algo de estar con el hábito, con todas esas capas, con todo eso puesto, que te hace tener otra actitud corporal. No podíamos usar las manos, están guardadas. La voz, la mirada. Hay muchos silencios en esta serie.
—Vega: Era muy cómodo tener todo ese vestuario puesto y tener que hacer foco en una sola cosa. Para mí me ayudaba: es la voz y la mirada. Eso me gustó. Tenía claro que tenía que ir a menos. No era fácil, era complejo porque eran esas herramientas. Y cuando vos sabés que es un personaje, que es una villana, que es torturadora, que tiene poder, que ejerce tortura psicológica, que un poco tiene la manija, hay que medir, hacer que eso no sea tan obvio, que no vaya directo, para que la lectura no sea previsible. Porque también son personalidades perversas que, para lograr la adhesión, tienen que ser encantadoras, tienen que tener algún lugar de convocatoria. en escena.










