A la humanidad le interesa bastante que las personas que tienen la vida económicamente solucionada —porque han heredado, porque montaron un negocio de éxito o porque les tocó la lotería— dediquen su tiempo libre a hacer el bien. Primero, porque disponen de muchas horas para pensar; después, porque tienen el presupuesto necesario para poner en marcha proyectos y, tercero —y más importante—, porque la alternativa —hacer el mal— es mucho peor.









