De la Espriella promueve el regreso de la familia tradicional colombiana, un mito que había sido desmentido hace 60 años

De la Espriella promueve el regreso de la familia tradicional colombiana, un mito que había sido desmentido hace 60 años


Era 1955 y Virginia Gutiérrez de Pineda, una etnóloga colombiana —el mismo rostro que vemos cada día en los billetes de 10.000 pesos—, asistía a un seminario latinoamericano de sociología en Bogotá. Allí, un representante nacional aseguraba que las familias del país se basaban en el modelo hispánico, católico y románico. Ya entonces, aquella idea le pareció descabellada. ¿De cuál familia está hablando?, pensó Pineda, según relató ella misma tiempo después. No era esa la familia en la que ella había nacido, de 16 hermanos, ni la que había estudiado en la universidad, ni la que había visto en sus primeros recorridos por el país. Aquella inquietud la llevó a investigar el tema a profundidad, a viajar sola durante 11 años, en un acto profundamente revolucionario para su tiempo, a recorrer 18 departamentos y a escribir 12 libros. Su conclusión, en un célebre libro sobre la familia colombiana y varias publicaciones más, fue que la familia prototípica no era la de “Jesús, María y José”, sino la de la madre cabeza de hogar.

Hoy es esa familia —la creyente, la numerosa, la conservadora— la que la sociedad vuelve a evocar. El nuevo presidente del país, Abelardo de la Espriella, llegó al poder bajo la consigna de defenderla, en línea con el planteamiento de la extrema derecha global. El mismo día de su posesión, el pasado 7 de agosto, dijo que libraría “una batalla cultural” para devolverle su papel protagónico. “Entre más familias tradicionales tengamos, vamos a tener una sociedad más fuerte, llena de valores y principios que van a hacer más grande a nuestra nación”, había adelantado en campaña.

Su propia familia es coherente con su discurso: un hombre a la cabeza, una primera dama a cargo de labores de caridad y cuatro hijos. Sin embargo, el retrato presidencial es cada vez menos representativo de la realidad que vive la mayoría de la población. Aunque los hogares biparentales, compuestos por padre y madre, aún representan poco más de la mitad, el modelo ha venido cayendo en picada. En la década de los noventa la cifra era cercana al 70%; en 2019 representaba el 56,7% de los hogares, y para 2025 había descendido al 51,3%, de acuerdo con la Encuesta de Calidad de Vida (ECV) del DANE.

Juan Andrés Castro, director del área de demografía y población del Centro de Investigaciones sobre Dinámica Social de la Universidad Externado, explica que las estadísticas llaman la atención sobre este y otros profundos cambios sociales: la natalidad ha descendido (solo entre 2024 y 2025 nacieron 4,5% menos bebés), los hogares son cada vez más pequeños (en 2019 había 3,1 personas por hogar, mientras al año pasado el número fue de 2,8), y cada vez más colombianos deciden vivir solos: en 2019 representaban el 17% de los hogares, y hoy son el 20%.

En Colombia, uno de cada cinco hogares es unipersonal; muchos de ellos, de adultos mayores que “están envejeciendo solos, sin redes de apoyo ni familiares”, advierte el experto. Sin embargo, las decisiones políticas se siguen tomando con base en creencias ideológicas, no mirando hacia el futuro sino a un pasado mítico. Castro pone como ejemplo los planes de desarrollo, específicamente el de Bogotá, ciudad en la que se ha insistido en la necesidad de construir megacolegios. Se hicieron, pero no llegaron a llenarse: muchos de los niños que esperaba el sistema nunca nacieron.

Gutiérrez de Pineda ya había advertido sobre este fenómeno. Ella había sido testigo de la transición de la familia rural a una más urbana e industrial, en la segunda mitad del siglo XX. En sus estudios, observó que uno de los elementos que más había influido en la reducción del número de hijos —además de los anticonceptivos— era la creación del régimen de seguridad social. Las pensiones hicieron que dejara de ser necesaria la descendencia numerosa para el apuntalamiento de la vejez de los padres, además de que se reevaluaron los conceptos de “mantenimiento de la estirpe, perpetuación del apellido y sometimiento a la voluntad divina”, según explicó en una ponencia en Bogotá, en 1998.

La también antropóloga fue de las primeras en hablar de violencia intrafamiliar, acoso sexual, explotación del trabajo doméstico femenino, transvestismo en algunas comunidades indígenas, parejas estables de homosexuales y hasta de madresolterismo deseado, mucho antes de que estos temas saltaran al debate público. “Si algo demuestra Virginia Gutiérrez de Pineda es que la familia colombiana nunca fue una sola”, explica Camila Sánchez Noreña, historiadora e investigadora de temas de género.

Sánchez encuentra varios argumentos en la obra de Gutiérrez que demuestran que la idea de una familia colombiana tradicional es un mito. Para empezar, los choques culturales entre españoles, indígenas y afrodescendientes. Gutiérrez detectó que uno de los motivos por los que fue tan difícil entender la monogamia en territorio americano es porque no se practicaba, pues muchas sociedades indígenas eran matrilineales, en ellas predominaba la poliginia y el vínculo sexual no implicaba un matrimonio permanente. “Ella va al pasado y encuentra que el mestizaje es lo que rige a la familia en el país”, comenta la historiadora.

En una de las investigaciones que hizo junto a su esposo, el también antropólogo Roberto Pineda, en la que analizaron el periodo comprendido entre 1750 y 1810, encontraron que ya desde entonces lo que primaba en Colombia eran las familias incompletas, las rupturas y la inestabilidad conyugal. Aunque en Antioquia y Santander encontraron una fuerte tradición patriarcal, notaron que en las zonas mineras o de litoral había una gran prevalencia de uniones libres y de redes extensas. También descubrieron que el matrimonio católico era un sacramento en declive. Mientras que de 1910 a 1914 el 82,2% de las bodas se celebraron por este rito, la cifra bajó al 35% en el periodo comprendido entre 1965 y 1969, cuando las cifras de unión libre llegaron al 63,2%.

Hace décadas, Virginia Gutiérrez también dijo que el fundamento de las familias colombianas era el abandono paterno. Las cifras no solo corroboran esa afirmación, sino que muestran que el hombre está cada vez más ausente. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Demografía y Salud de 2025, liderada por el Ministerio de Salud y Protección Social, el porcentaje de hogares con mujeres a cargo creció del 36,4% en 2015 al 55,6% en 2025. Las cifras del DANE lo confirman: hoy, cerca del 46% de los hogares están encabezados por mujeres, y de estos el 70% corresponde a madres solteras. El demógrafo Castro alerta que el hecho de que las responsabilidades recaigan solo sobre la mujer impacta en las cifras generales de pobreza. En los tres tipos de pobreza que se miden en el país —la monetaria, la extrema y la multidimensional— “donde hay mayor jefatura femenina, hay mayor escasez”.

Aunque Virginia Gutiérrez de Pineda nunca se entendió a sí misma como una feminista, ha sido considerada como la pionera de los estudios de género en el país. “Gutiérrez nos da la evidencia empírica: la familia tradicional es un mito, porque la realidad de los hogares colombianos siempre ha sido plural y cambiante, según las regiones y los grupos sociales”, concluye Sánchez. Luego otras autoras feministas, como la italiana Silvia Federici, profundizarían en cómo la familia tradicional funciona y se sostiene sobre el trabajo invisibilizado, gratuito y sexualizado de la mujer.

En Latinoamérica aparecería la antropóloga y activista dominicana Ochy Curiel, también profesora de la Universidad Nacional de Colombia —como lo fue Gutiérrez— y quien siguió estudiando la institución familiar. En su libro La nación heterosexual explica que “los discursos nacionales necesitan presentar una familia como algo sagrado, porque el Estado se imagina a sí mismo como una gran familia, con lazos de parentesco, sangre y territorio común”, reseña Sánchez. De allí que cuando surgen discursos políticos que promueven la patria, como en el caso de Abelardo de la Espriella, aparezca una exaltación de los modelos convencionales. Para Curiel, defender la familia tradicional no es una postura moral inofensiva, sino una estrategia para resguardar las estructuras de poder del Estado-Nación.

star111 login

betturkey giris

https://vsetut.uz

lottostar

https://slotcoinvolcano.com

lottostar

super hot slot

hollywoodbets mobile

pusulabet giris

yesplay bet login

limitless casino

betturkey guncel giris

playcity app

sun of egypt 4

moonwin

aviamasters

jeetwin

winnerz

lukki

croco casino

playuzu casino

spinrise

discord boost shop

fairplay

betsson

boocasino

strendus casino

sun of egypt 2 casino

gbets login

playwise365

amon casino

betmaster mx

verde casino

winexch

prizmabet

solar queen

quatro casino login

springbok