Mario Draghi y Rhine Group, Cepal y Club de Roma. Europa y América Latina: retos y desafíos compartidos

Mario Draghi y Rhine Group, Cepal y Club de Roma. Europa y América Latina: retos y desafíos compartidos

La reciente creación del Rhine Group por Mario Draghi y Patrick Collison, con Luis Garicano como director ejecutivo, puede leerse como una prolongación operativa del diagnóstico del propio Draghi formulado en su informe El Futuro de Competitividad Europea, presentado a la Comisión Europea en 2024.

Al otro lado del Atlántico, la CEPAL en agosto de 2026, presentaba el informe Rupturas y oportunidades: propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica, impulsado por José Manuel Salazar-Xirinachs y copresidido por Michelle Bachelet e Iván Duque.

Ambas iniciativas, aunque nacidas en regiones diferentes, enfrentan el mismo desafío estructural: el fin de la globalización abierta y predecible y bipolar, un modelo de reglas estables que está dando paso a un sistema fragmentado y multipolar. En este nuevo escenario, la geopolítica desplaza a la economía y la seguridad se prioriza por encima de la eficiencia.

El punto de convergencia entre la propuesta de la CEPAL y la del Rhine Group reside en la convicción de que ambas regiones, aunque con un grado diferente de desarrollo, ya no pueden limitarse a administrar pasivamente las consecuencias de la rivalidad entre Estados Unidos y China con la revolución tecnológica, la reorganización de las cadenas globales de valor y los activos estratégicos de trasfondo en la lucha por la hegemonía global.

CEPAL sostiene que América Latina y el Caribe cuentan con activos estratégicos revalorizados por este nuevo contexto internacional, como los minerales críticos, la biodiversidad, los recursos hídricos y la producción alimentaria. Sin embargo, advierte que esos activos no se traducirán automáticamente en desarrollo si no se articulan mediante estrategias claras, instituciones eficaces, gobernanza efectiva y mayor capacidad competitiva internacional. A esto le llama “alineamiento no activo”, lo que no debe interpretarse como neutralidad pasiva, sino como una estrategia de diversificación de alianzas, autonomía relativa y cooperación pragmática, orientada a evitar alineamientos rígidos con una sola potencia que le permite ampliar el margen de maniobra con el objetivo de superar una trayectoria de baja productividad, la incorporación de valor añadido a los recursos naturales, la diversificación manufacturera y digital, y fortalecer la integración regional.

En El Futuro de Competitividad Europea, Europa, diagnóstico de Draghi, parte de una preocupación análoga, aunque desde una posición diferente. Europa no se enfrenta al problema latinoamericano de superar su modelo extractivo-exportador, sino a la pérdida de dinamismo tecnológico, productividad, inversión y capacidad industrial frente a Estados Unidos y China. Draghi diagnostica tres grandes frentes prioritarios de acción: superar el retraso tecnológico acelerando la comercialización de innovaciones; reducir los precios de la energía mediante la descarbonización para no lastrar la industria y disminuir la vulnerabilidad exterior en suministros críticos y defensa; y profundizar el mercado único, simplificar la normativa comunitaria y los mercados de capitales, integrarlos y liberalizarlos más profundamente para canalizar de forma eficiente el ahorro privado hacia inversiones productivas, eliminando las barreras nacionales que fragmentan la financiación empresarial.

Acelerar el diagnóstico

El Rhine Group nace con el propósito de acelerar este diagnóstico y poner en marcha de inmediato los tres frentes prioritarios de acción, uniendo en un mismo espacio de trabajo a líderes empresariales de primer nivel, académicos de prestigio internacional y experimentados responsables públicos con el objetivo de diseñar e impulsar soluciones concretas que impriman urgentemente mayor competitividad europea frente a Estados Unidos, China y el escenario global.

Podemos decir que ambas iniciativas muestran que la competitividad ha dejado de ser una noción estrictamente económica, para convertirse en una categoría estratégica, siendo la cuestión de fondo la misma: cómo construir capacidades regionales de acción en un entorno global multipolar donde la economía, el comercio, la tecnología, los aranceles, las infraestructuras y las cadenas de suministro se utilizan cada vez más como instrumentos geopolíticos de poder.

La genealogía de estas iniciativas nos remite a la tradición europea de diplomacia no gubernamental, pensamiento estratégico y gobernanza, cuya referencia histórica más influyente fue el Club de Roma. Fundado en 1968 por Aurelio Peccei y Alexander King, surgió de la preocupación por la incapacidad de las instituciones nacionales para comprender y gestionar problemas globales complejos e interdependientes. Su idea de la “problemática mundial”, expresaba precisamente la necesidad de abordar de forma integrada fenómenos como el crecimiento demográfico, la industrialización, la disponibilidad de recursos, la contaminación, la alimentación y los límites ecológicos. La publicación de Los Límites del Crecimiento en 1972, elaborado por Donella Meadows, Dennis Meadows, Jørgen Randers y William W. Behrens III a partir de modelos de dinámica de sistemas desarrollados por el ingeniero estadounidense, Jay W. Forrester.

Conexiones

La conexión con el Club de Roma no debe entenderse como una equivalencia mecánica, sino como una continuidad metodológica. Tanto el Club de Roma como la CEPAL y Rhine Group comparten la premisa de que los grandes desafíos de los tiempos no pueden ser resueltos mediante inercias institucionales ni mediante respuestas puramente nacionales. Requieren diagnósticos sistémicos, cooperación interdisciplinar, capacidad técnica, visión de largo plazo y mecanismos de coordinación capaces de trascender la lógica inmediata de la competencia política partidista. En el caso del Club de Roma, el problema era la sostenibilidad de un crecimiento material indefinido en un planeta finito. En el caso de la CEPAL y del Rhine Group, el problema es la capacidad de ambas regiones para no quedar subordinadas a una nueva geografía del poder geopolítico, económico y tecnológico que define la competitividad.

Desde esta perspectiva, Draghi encarna una modalidad de tecnocracia estratégica europea. Su trayectoria en el Banco Central Europeo, su papel en la estabilización del euro y su informe sobre la competitividad de la Unión Europea, condensan una forma de intervención pública basada en la identificación de cuellos de botella estructurales y en la formulación de reformas de gran escala. Rhine Group prolonga esa lógica al buscar un espacio independiente, situado entre la academia, la empresa y la política, para acelerar la implementación de una agenda que las instituciones europeas han reconocido, pero no han ejecutado con la rapidez suficiente. CEPAL, por su parte, actualiza la tradición estructuralista y neoestructuralista al insistir en que América Latina no puede limitarse a exportar recursos naturales estratégicos, sino que debe construir capacidades productivas, tecnológicas e institucionales para capturar mayor valor en la transición energética, ecológica y digital.

En definitiva, los paralelismos entre Rhine Group y la CEPAL, revelan una misma respuesta intelectual y política ante la fragmentación de los mercados, la rivalidad entre Estados Unidos y China, la erosión del multilateralismo y la utilización de la geopolítica como instrumento de poder económico. Europa intenta evitar que el estancamiento económico erosione su soberanía, su capacidad tecnológica y su cohesión social y América Latina busca aprovechar una coyuntura de revalorización de sus activos estratégicos para superar una inserción internacional subordinada y avanzar hacia una transformación productiva más sofisticada que le permite crear mayor riqueza.

Ambas regiones, desde posiciones y escalas de desarrollo distintas y distantes, parecen llegar a una conclusión común: en la nueva era geopolítica, prosperar exige algo más que crecimiento; exige capacidad estratégica, coordinación regional, instituciones eficaces, innovación y una gobernanza capaz de convertir la incertidumbre global en una oportunidad histórica. Estaremos muy atentos a las novedades.

Ramón Casilda Béjar es consejero estratégico iberoamericano. Investigador de la línea de economía del IELAT-Universidad de Alcalá.

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