A finales de agosto, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, concedió una de las primeras entrevistas televisivas de la campaña electoral brasileña. Inmediatamente, en Google hubo un pico de búsquedas con la siguiente pregunta: “¿Por qué Lula usa sombrero?”. Para los brasileños menos pendientes de la agenda política, era una sorpresa verle en un plató con un sombrero Panamá. Lo cierto es que lo llevaba usando desde hace tiempo, cada vez con más frecuencia. Lo que empezó como un accesorio para protegerse el cuero cabelludo tras una operación para extirpar una lesión cancerígena acabó incorporado a su imagen y ya despierta incluso análisis en clave electoral. En la papeleta, aparece con sombrero.
En abril, Lula, de 80 años, se sometió a una operación para que se le extirpara una lesión de cáncer de piel en el cuero cabelludo. El equipo médico informó que se trataba de un carcinoma basocelular, el cáncer cutáneo más común, y que no había metástasis. Lula se sometió a 15 sesiones preventivas de radioterapia que apenas afectaron a su agenda. El tratamiento terminó en junio, y la única consecuencia conocida fue la aparición del sombrero, que despertó más curiosidad que otra cosa.
“Llevo sombrero, primero, porque me gusta. Hoy es porque me han hecho radioterapia en la cabeza para tratar un cáncer de piel y no me puede dar el sol, pero quiero deciros que voy a arriesgar mi salud y me quitaré el sombrero para todos vosotros”, bromeaba a mediados de agosto durante el lanzamiento oficial de la campaña en un estadio de São Bernardo do Campo. En esa ciudad de la periferia de São Paulo forjó su trayectoria como sindicalista primero y líder político después.
En los últimos meses, Lula ha ido alternando el sombrero (también en ambientes cerrados) con la cabeza descubierta, opción que reserva para momentos más solemnes, como su discurso de esta semana en la Asamblea General de la ONU. Desde que empezó a usar el complemento, la prensa brasileña radiografió rápidamente el origen del accesorio. Suele usar modelos de las marcas Marcatto y Sarquis, cuyos precios varían entre los 57 dólares y los 560. Uno de ellos fue un regalo del cardiólogo Roberto Kalil Filho, su médico de confianza.
La nueva imagen de Lula con sombrero ha llegado incluso a la foto oficial con la que se registró como candidato para estas elecciones. No es un detalle banal: es el rostro que encontrarán las decenas de millones de electores cuando vayan a votar el 4 de octubre. Las urnas electrónicas de Brasil, pensadas hace 20 años para evitar el fraude electoral y cuyo diseño facilita el voto a los analfabetos, son máquinas que funcionan marcando un número en un teclado. Acto seguido, aparece la imagen del candidato correspondiente, y después se pulsa un botón verde para confirmar la elección. Algunos aliados de Lula temían que la imagen con sombrero pudiera generar problemas en la justicia electoral, pero no ha puesto pegas. Había precedentes de candidatos que posaron con gorra en la imagen oficial.
Ahora queda por saber si el sombrero sigue funcionando como una protección médica o si ya ha entrado en el ámbito de la coquetería, ya que también podría funcionar para esconder una calvicie cada vez más notoria y dar al presidente un aire más juvenil. Algunos análisis que circulan en redes sociales van más allá e incluso ahondan en la semiótica del accesorio y le atribuyen un mensaje subliminal: el de la elegancia tropical, un símbolo de las élites latinoamericanas que en Brasil también se asocia al arquetipo del malandro. En este país es un concepto menos despectivo que en otros vecinos latinoamericanos y tiene más que ver con el sambista de vida bohemia, el buscavidas que tiene el juego de cintura suficiente para moverse con soltura en todos los ambientes.
Para Nayara Ruiz, especialista en influencia y marca personal, la elección del sombrero Panamá no fue casual: “Podría usar cualquier sombrero, pero escogió uno que ya atravesó la samba, la figura del malandro, la elegancia brasileña… ese sombrero ya significaba mucha cosa antes de llegar a la cabeza de Lula”. En su opinión, esa ambigüedad, la que mezcla lo popular y lo refinado, hace que se adapte perfectamente a la idea que Lula quiere transmitir: la de un estadista que se sienta con los líderes mundiales sin renunciar a su origen obrero. “El sombrero Panamá no inventa ese posicionamiento, pero conversa increíblemente bien con él”, decía en un video en sus redes sociales analizando el que ya es el sombrero más famoso de Brasil.










