Mucho más que un dolor de cabeza: la migraña afecta a más de cuatro millones de argentinos

Mucho más que un dolor de cabeza: la migraña afecta a más de cuatro millones de argentinos

Casi todos tuvimos alguna vez dolor de cabeza. Pero una migraña es otra cosa. Puede significar horas -y hasta días- de dolor intenso, náuseas, vómitos y una sensibilidad extrema a la luz o al ruido.

Su “pico” puede obligar a faltar al trabajo, cancelar reuniones, y encerrarse en una habitación oscura esperando que pase.

La Organización Mundial de la Salud la define como una enfermedad neurológica caracterizada por ataques recurrentes que duran entre 4 y 72 horas.

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En 2021 fue, además, la tercera enfermedad neurológica que más carga produjo a nivel mundial medida en años de vida ajustados por discapacidad.

“La migraña o jaqueca no es un simple dolor. Es uno muy fuerte que suele aparecer en la pubertad y afecta sobre todo a personas de entre 20 y 40 años”, explicó Daniel Gestro, médico de la División Neurología del Hospital de Clínicas.

En Argentina, las estimaciones indican que la migraña afecta aproximadamente a una de cada diez personas: más de cuatro millones. Pero la distribución es desigual: alrededor de tres de cada cuatro afectados son mujeres. Y parte de esa diferencia parece estar relacionada con la influencia hormonal.

La relación entre hormonas y migraña es compleja, pero está documentada. Las fluctuaciones de estrógeno pueden modificar la frecuencia e intensidad de los ataques y explicar por qué el problema se dispara a partir de la pubertad. El ciclo menstrual, el embarazo, el puerperio, la perimenopausia, e incluso algunos tratamientos hormonales pueden modificar el patrón de las crisis. La American Migraine Foundation señala que más de la mitad de las mujeres con migraña relacionan sus ataques con la menstruación y que estos episodios pueden ser más prolongados e intensos.

“Cuestiones como el ciclo menstrual, el embarazo, la menopausia o tomar pastillas anticonceptivas pueden empeorar las crisis”, comentó Gestro.

Pero las hormonas son una pieza del rompecabezas. También existe una predisposición genética y cada paciente puede reconocer diferentes disparadores: alteraciones del sueño, ayunos prolongados, alcohol, estrés, calor intenso, luces brillantes, ruidos fuertes o determinados olores, entre otros. Por eso, llevar un registro de cuándo aparecen las crisis puede ayudar a detectar patrones individuales.

Reconocer una migraña no siempre es sencillo. El dolor suele ser moderado o intenso, muchas veces pulsátil y localizado en un lado de la cabeza, y puede empeorar con la actividad física. Son frecuentes las náuseas y la intolerancia a la luz y los sonidos. En algunos pacientes aparece, antes o durante el episodio, el denominado “aura”: síntomas neurológicos transitorios que pueden incluir alteraciones visuales, hormigueos o dificultades para hablar. Pero no todas las migrañas son iguales ni todo dolor de cabeza es una migraña.

Uno de los mayores problemas es la tendencia a naturalizar el dolor. María Hildt, miembro de la Asociación Migrañas y Cefaleas Argentina (Amyca), advirtió que muchas personas conviven durante años con síntomas compatibles sin obtener un diagnóstico adecuado: “Es frecuente que normalicen el dolor, se automediquen o consulten recién cuando comienzan a interferir seriamente con su vida laboral, académica, familiar o social”.

Y esa interferencia puede ser considerable. Porque medir la migraña solamente contando ataques deja afuera parte del problema. “No alcanza con preguntar cuánto duele. Necesitamos saber qué le impide hacer ese dolor a la persona”, explicó Natalia Larripa, neuróloga de la Clínica de Cefaleas de Fleni y del Hospital Austral. Un paciente puede no faltar a trabajar pero hacerlo con una productividad muy inferior; o continuar ocupándose de sus hijos y de sus tareas a costa de puro esfuerzo.

También existe otro riesgo: intentar solucionar cada crisis recurriendo sistemáticamente a medicamentos de venta libre. “Se debe tener cuidado con estas pastillas porque pueden empeorar el problema y generar más dolor”, advirtió Gestro.

La OMS reconoce a la cefalea por uso excesivo de medicamentos como la cefalea secundaria más frecuente. Y recomienda que el abordaje combine diagnóstico preciso, tratamiento de los ataques, prevención cuando corresponda, educación y modificaciones sencillas de hábitos.

Hoy existen distintas alternativas terapéuticas que ayudan: medicamentos para controlar los episodios agudos y opciones preventivas para pacientes con ataques frecuentes. La neuróloga Fiorella Martín Bertuzzi, presidenta de Amyca, señaló que un diagnóstico preciso permite diferenciar la migraña de otras cefaleas, reconocer posibles desencadenantes y definir una estrategia adaptada a cada paciente. “Cuanto antes se consulte, mayores son las posibilidades de reducir la carga de la enfermedad y recuperar actividades que muchas veces se abandonan por el dolor”, explicó.

Campaña. En ese contexto, el Hospital de Clínicas realizará una campaña de atención abierta a la comunidad los días 29 y 30 de septiembre y 1 y 2 de octubre. Para Gestro, una señal práctica que merece atención es la frecuencia: “Si duele la cabeza más de cinco veces al mes, hay que consultar. Existen tratamientos preventivos para bajar la intensidad y la cantidad de ataques”. Porque soportar el dolor no debería convertirse en parte de la rutina.

Datos

◆ En Argentina, la migraña afecta al 9,5% de los adultos: el 14% de las mujeres y el 5% de los varones.

◆ A nivel mundial, la migraña afecta al 14%-15% de la población: más de 1.000 millones de personas.

◆ La migraña es entre dos y tres veces más frecuente en mujeres que en hombres.

◆ En 2021, la migraña fue la tercera causa mundial de carga por enfermedad neurológica, según la OMS.

Un test para medir el impacto cotidiano

E.G.

¿Cuántos días de trabajo se perdieron en los últimos tres meses? ¿Cuántas jornadas se trabajó, pero a menos de la mitad de la capacidad habitual? ¿Cuántas actividades familiares o sociales quedaron suspendidas?

Esas preguntas forman parte del MIDAS -Migraine Disability Assessment-, una herramienta desarrollada para cuantificar la discapacidad vinculada con la migraña y facilitar la conversación entre médico y paciente.

El cuestionario analiza el impacto sobre trabajo o estudio, tareas domésticas y actividades familiares, sociales y recreativas. Su utilidad radica en mostrar algo que el número de ataques no siempre revela. “A veces el paciente nos dice ‘tengo dos o tres crisis por mes’ y ese número, aislado, no cuenta toda la historia”, explicó la neuróloga Larripa. Si cada episodio implica perder una jornada laboral, no poder ocuparse de los hijos o cancelar actividades, la carga puede ser importante aun cuando las crisis no sean muy numerosas.

Los buenos hábitos ayudan a disminuir los ataques

E.G.

No existe una receta universal para evitar las migrañas. Y tampoco una lista de alimentos prohibidos que funcione para todos. Pero cada vez hay mayor interés en identificar factores cotidianos que pueden favorecer una crisis. Entre ellos el ayuno prolongado, los cambios en los horarios de sueño, la deshidratación, el alcohol y ciertos alimentos. La OMS incluye entre sus recomendaciones mantener horarios regulares de sueño y ejercicio, dieta saludable, buena hidratación y un registro de los episodios que permita reconocer desencadenantes. “Una alimentación equilibrada ayuda a prevenir las migrañas, ya que los patrones de alimentación irregulares pueden funcionar como predictores de ataques al igual que la falta de hidratación”, explicó la nutricionista Perla Manera del equipo de Diagnóstico Maipú. Eso no significa comenzar a eliminar alimentos por cuenta propia. Café, alcohol, quesos, chocolates o carnes procesadas son mencionados como posibles disparadores, aunque la respuesta varía en cada uno.

Una herramienta es el “diario de migraña”: registrar cuándo comenzó el episodio, cuánto duró, qué se comió, cuánto se durmió, la cantidad de líquidos y el estrés. Gestro también recomienda actividad aeróbica regular, evitar ayunos prolongados, mantener horarios estables de descanso y reducir la exposición a estímulos que funciones de “disparadores” personales.

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