Mientras las cámaras y los algoritmos digitales apuntan a los grandes seleccionados del mundo, River juega su propia fecha FIFA. El equipo de Leonardo Ponzio atraviesa un parate de 21 días entre la derrota ante Huracán(19/09) y el próximo partido oficial frente a Estudiantes de Río Cuarto (10/10). Un tiempo que, por duración, características y momento deportivo, aparece como una oportunidad inmejorable para trabajar, corregir y darle forma a un equipo que todavía busca su mejor versión.
El dato no es menor: este descanso es incluso más largo que la última pretemporada que River realizó en Alicante bajo el mando de Eduardo Coudet. Fueron 14 días en Europa contra los 21 que tendrá ahora Ponzio para trabajar con su plantel. Después del Mundial, se trata del segundo parate más extenso de la temporada y, por eso, debe funcionar como una verdadera pretemporada.
Para Ponzio, además, llega en un momento especialmente significativo. Después de conseguir tres victorias y una derrota desde que asumió como entrenador, el ex capitán recibió el respaldo de la dirigencia con un contrato hasta diciembre de 2027. Y ahora aparece el tiempo que todo entrenador necesita: jornadas consecutivas de entrenamiento para conocer todavía más a sus futbolistas, probar variantes y definir cuál es el funcionamiento que pretende para su River.
Puede trazarse un paralelismo con lo que sucede con las selecciones durante esta fecha FIFA: los entrenadores nacionales cuentan con pocos momentos en el año para reunir a sus futbolistas, ensayar movimientos, corregir conceptos y preparar partidos. Ponzio, salvando las distancias, tiene ahora una situación similar en River: una ventana extensa para trabajar prácticamente con todo el plantel y sin la presión inmediata de un partido cada pocos días.
La diferencia con aquella preparación en Alicante es justamente la cantidad de herramientas disponibles. Para esa pretemporada europea, Coudet había llevado apenas 19 futbolistas, lo que limitó las posibilidades de trabajo colectivo. Ahora Ponzio cuenta con casi todo el plantel a disposición. Las excepciones son Santiago Beltrán, Tobías Andrada y Nicolás Otamendi, afectados a la Selección, mientras que Thiago Almada, desafectado por un desgarro grado 1 en el cuádriceps, continúa entrenándose con el cuerpo médico del seleccionado en Ezeiza.
El parate también le permitió a River sumar rodaje futbolístico. A diferencia de lo ocurrido en Europa, donde los días de preparación tuvieron un mayor peso que los amistosos, el equipo ya disputó varios partidos de práctica en este ciclo. Primero fueron All Boys y Estudiantes de Buenos Aires, encuentros pensados especialmente para darle minutos a aquellos futbolistas que venían teniendo menos participación. Y durante este nuevo parate llegó otro examen: Vélez, ante quien River se impuso 3-2.
Otro de los puntos que puede jugar a favor es la recuperación de los lesionados. Almada, aunque todavía continúa bajo seguimiento médico, forma parte de ese proceso, mientras que Aníbal Moreno atraviesa su propia puesta a punto. El mediocampista sufrió una discopatía lumbar a fines de agosto, cuando se resintió minutos antes del partido frente a Banfield, y desde entonces lleva adelante una recuperación diferenciada.
Para Ponzio, entonces, estos 21 días tienen múltiples objetivos. No sólo se trata de preparar al equipo desde lo táctico, sino también de recuperar futbolistas, administrar cargas, aumentar la competencia interna y definir una estructura que pueda sostenerse cuando regrese la exigencia oficial.
Porque después de este paréntesis no habrá demasiado margen para seguir probando. El calendario le pondrá rápidamente a River una prueba de fuego: tres partidos en apenas 11 días, ante Sarmiento, Estudiantes de Río Cuarto y Racing. Y después llegará el Superclásico frente a Boca, antes del cierre del torneo contra Aldosivi.
Con la eliminación de las competencias internacionales ya consumada, todo lo que queda por jugarse concentra todavía más la atención. River necesita meterse en los playoffs del torneo y, al mismo tiempo, asegurar su clasificación a la próxima Copa Libertadores a través de la tabla anual. Cada partido tendrá peso propio y cada punto puede terminar siendo determinante.
El desafío será demostrar, cuando vuelva la competencia, que todo ese tiempo tuvo un sentido. Porque el verdadero examen de esta fecha FIFA no se juega durante el parate, sino cuando River vuelva a salir a la cancha y tenga que transformar esas semanas de trabajo en respuestas.













