Bajo la dramaturgia y dirección de Flor Micha, Acto (Ilusión o Catástrofe) se presenta todos los viernes en Timbre 4 (México 3554, CABA). En una coproducción con el Teatro El Grito, el espectáculo reúne en escena a Marcelo Goobar, Pablo Kusnetzoff y Emanuel Zaldua para usar la magia lejos de los tradicionales números de ilusionismo y de la solemnidad del clásico telón negro. Esta propuesta nace de un cruce entre el universo personal de los intérpretes –con más de 15 años de trayectoria compartida- y la mirada de su directora, proveniente del lenguaje circense. La obra utiliza los efectos mágicos y la fisicalidad para detonar un mundo poético.
“Fue una propuesta del elenco; ellos vienen trabajando juntos hace mucho tiempo y querían unir el universo de la magia con algo de su archivo personal”, relata Flor Micha en diálogo con Vivo Perfil. A diferencia de trabajos anteriores del grupo, que exploraban el final de la vida del mago, este nuevo material propone un recorrido inverso: “Es un viaje hacia el origen, hacia la primera herida, hacia ese momento en que ellos se volvieron magos y se gestan las primeras pasiones”.
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Estética disruptiva y dramaturgia de la improvisación
El proceso de creación se nutrió de largas horas de improvisación física y discursiva, en las que el lenguaje corporal y los arquetipos de los artistas sirvieron de arcilla para construir un sistema de escenas que dialogan musicalmente. Ese entramado encontró su brújula definitiva gracias a un texto inicial de la directora -en cuya cocina colaboró también el prestigioso autor y director Mauricio Kartun-, el cual terminó convirtiéndose en el hilo conductor que une todo el espectáculo

«Después a partir de algunos desafíos que nos fuimos proponiendo unos a otros, fuimos desarrollando diferentes posibilidades en escena. También hicimos el camino inverso, que para mí siempre es el más interesante: partir de un tema o de una imagen para construir la destreza -explica Flor-. En lugar de ir hacia la muerte, también el juego era ir hacia el origen, trabajar mucho con con ese lugar donde se gestan las primeras pasiones».
Visualmente, el montaje rompe de cuajo con los clichés del género. “Una de las premisas estéticas con las que trabajamos junto a Mirella Hoijman en un diseño espacial porque queria que esta obra fuera con colores”, explica la directora. Vestidos con trajes fucsia y rojo superexplosivos, los protagonistas habitan un espacio que busca abonar a la fantasía desde el lado B de la profesión, interpelando al espectador con una mirada adulta sobre el deseo, la vocación y los motores profundos que mueven el arte.

Y finaliza: «Lo estamos recomendando para un público a partir de 12 años porque el material está fundado sobre historias personales que están miradas desde un punto de vista adulto». Así se consolida como una de las apuestas más originales de la cartelera porteña, invitando al público a sumergirse en un territorio suspendido entre la escena y la vida. Encontrá acá más info sobre las entradas.









