El día de su audiencia de sentencia, en Nueva York, este verano, El Mayo Zambada leyó una carta que rebosaba arrepentimiento. Después de una carrera de varias décadas en el mundo del narcotráfico, el viejo líder del Cartel de Sinaloa se despedía entonando el mea culpa por todo lo hecho, sin concretar demasiado. Dada su esperable ascendencia sobre el hampa regional, se atrevió a mandar un mensaje a los jóvenes. “Elijan un camino diferente”, dijo, “no hay honor en la violencia ni nada duradero en el crimen; solo traen dolor y pérdida”. No se sabe si el segundo hijo varón supo de la carta del padre. Pero ha quedado bastante claro que, si supo, no le hizo ningún caso.









