“Todas las deconstrucciones de identidad dan miedo”

“Todas las deconstrucciones de identidad dan miedo”


Nagore Vargas espera que llegue la policía a detenerla. No tiene miedo. Podría decirse, de hecho, que la excita la sola idea de ser arrestada y, probablemente, torturada por su militancia política independentista en favor de Euskal Herria (País Vasco). Pero algo sucede, un clivaje, un surco que se abre en su vida y, en cuestión de días, estará delante de un médico que le informa que es seropositiva. Tiene veintitantos. Tiene VIH. Como su tía, que murió de sida en los años 80. Como una generación entera en España. Así, a manera de una trompada, comienza la novela Jenisjoplin (Consonni), de la autora vasca Uxue Alberdi Estibaritz, una de las invitadas internacionales del Filba, que se presentará este fin de semana en dos actividades en Buenos Aires.

Pero cuando este diálogo con Clarín tiene lugar, aún faltan muchos días para este fin de semana y Alberdi Estibaritz está conectada por Zoom desde su casa en un pueblo que se llama Elgoibar, en el que viven unas 11.000 personas y que es también la geografía de Jenisjoplin, así como de La trastienda, editado también por Consonni, una obra de no ficción que vuelve sobre la época y las tensiones de la novela, pero desde la memoria de la madre y la tía de la escritora.

«Cuando publiqué Jenisjoplin pensé inmediatamente que quería volver a contar aquella época ya no desde la épica tan patriarcal de la fuerza y el coraje, sino desde la mirada de las mujeres, siempre en la trastienda», cuenta sobre ese libro entrañable, un fresco en el que se cruzan el conflicto vasco, la heroína, el sida y la brutal transformación española de los años 80 a los 90.

Aunque sean libros independientes, la lectura de ambos establece una conversación apasionante entre personajes convencidos y dubitativos, de ideologías inconmovibles y de ideas flexibles, de identidades rígidas y otras en construcción y de una lengua que acerca, aleja, abre y también clausura, pero sobre todo se permite contar desde su cosmogonía.

«A mí, cuando estoy leyendo una novela rusa, me gusta sentir que es una novela rusa; y cuando estoy leyendo un libro de relatos argentino, quiero escuchar ese castellano argentino«, dice ahora Uxue Alberdi Estibaritz. Por eso, escribe en euskera. Porque sus personajes no pueden ser narrados en otra lengua que los contenga tanto y tan bien.

–Quería empezar por el sistema literario vasco. Por la elección del idioma en el que escribís, te ubicás en ese espacio, pero al mismo tiempo tus libros circulan en castellano y en otros idiomas. ¿Cómo dialoga el sistema literario vasco con esos otros sistemas?

–Llevo casi 20 años publicando y creo que, a partir de Jenisjoplin, se ha traducido al español, al catalán y algo al gallego lo siguiente que escribí. En el caso de las escritoras que escribimos en euskera, la editorial Consonni ha hecho una labor impresionante. Hasta hace bien poco se traducía poco al español de todo lo que se escribe en euskera. Es verdad que este es un sistema literario pequeño en comparación con los idiomas más grandes, aunque al mismo tiempo es un sistema bien engrasado: tenemos un montón de clubes de literatura, lectores y lectoras muy fieles, vendemos miles de copias de los libros que publicamos y la gente espera nuestras publicaciones. Esta es una realidad que no todos los escritores en idiomas grandes comparten. También ser un sistema pequeño tiene sus ventajas, y una de ellas es que nos conocemos todos. Por ejemplo, con mi último libro de relatos, Hetero, he asistido a 60 clubes de lectores. Eso significa que he estado con más de 500 lectores cara a cara, y esto solo puede pasar en un territorio pequeño como el nuestro. Consonni comenzó en 2020 a publicar una colección que se llama La orilla del mundo para traducir al castellano lo que se estaba publicando en euskera, sobre todo de mujeres. Jenisjoplin, que había salido en euskera en 2017, fue el primer libro que publicaron. Habían pasado tres años, yo no me lo esperaba y fue una sorpresa muy grata, justo en plena pandemia. Es una editorial que conoce lo que hacemos nosotras en euskera y creo que hacen muy bien ese trasvase de aguas. Yo estoy muy cómoda en ese espacio. Hasta que empezó Consonni con este trabajo, se publicaban sobre todo hombres: Bernardo Atxaga, por ejemplo. También se hacían traducciones al castellano, pero quedaban en el territorio vasco, para lectores que no hablaban euskera.

CUL / Uxue Alberdi

–En ese proceso de traducción hay además una cuestión particular: sos hispanohablante y en la traducción al castellano permanecen algunas palabras en euskera. ¿Con qué criterio decidís que ciertas palabras no se traduzcan ni se expliquen? ¿Y cómo se construye, a través de la lengua, la identidad vasca de Nagore?

–Es complejo porque, en el libro en euskera, el padre de Nagore no habla vasco. Entonces estamos leyendo en euskera una traducción que, de existir en realidad, hubiese existido en castellano. Para empezar, el original de la novela en euskera es ya autoralmente una traducción de la realidad que vivimos aquí. Según para quién, puede parecer extraño, pero esto es algo muy común. Leemos novelas en inglés donde rusos hablan en inglés. Bueno, es así aquí. Luego, en el proceso de traducción del euskera al castellano, hemos ido también aprendiendo en varios sentidos. Jenisjoplin fue la primera traducción y la hizo Irati Majuelo Itoiz, que conocía muy bien la novela. Yo siempre reviso a fondo las traducciones. Yo no traduzco, pero conozco el idioma, leo mucho en castellano, sé lo que me gusta y lo que no, así que reviso una y otra vez. Con el tiempo, hemos decidido quitar el glosario porque veíamos que un glosario, sobre todo si va al frente del libro, como en Jenisjoplin, estéticamente ya te está diciendo que ese libro no es solo una novela, sino un objeto de estudio, algo exótico o algo del margen que debe ser explicado. Pasa lo mismo con todo tipo de márgenes o colectivos que no están en el centro de cada sistema. Irati Majuelo me enseñó a politizar un poco la traducción y a ver la labor de la traductora como un agente político que toma decisiones políticas e ideológicas al hacer ese trasvase de historias y de culturas. Yo creo que con esto, en Argentina y en toda Latinoamérica, también estáis acostumbrados, porque muchas veces, cuando se hacen las publicaciones en España, les obligan a las autoras y a los autores a españolizar ese castellano argentino. Bueno, yo creo que es una manera de violencia para hacer encajar esas aguas múltiples de la literatura en tu cauce hegemónico. A mí, cuando estoy leyendo una novela rusa, me gusta sentir que es una novela rusa; y cuando estoy leyendo un libro de relatos argentino, quiero escuchar ese castellano argentino. Las decisiones van por ahí.

–Tus libros capturan la identidad vasca y sus tensiones mientras cuentan una historia. ¿Cómo dialoga tu literatura con tu tiempo y con tu país?

–Naturalmente pasó. Creo que es lo que a mí me gusta leer también. Como lectora, hay dos capacidades que admiro y disfruto más de otros escritores. Una es la capacidad de percepción. Todos tenemos un paisaje, todos vivimos en un tiempo, pero ver cómo ahí hay una subjetividad, quién es esa conciencia que está mirando, es lo que a mí me ata a un relato. Otra capacidad que me gusta mucho es que los escritores que más me gustan tienen mucho de oído y de memoria. Creo que son dos herramientas que valoro en la literatura y en la escritura. Además, soy bertsolari, practico la literatura oral. Por eso, para mí, el oído, la música y el ritmo de los textos son importantísimos. También esos ejercicios de memoria que hacemos para capturar paisajes, relaciones, dinámicas humanas, ambientes. Muchas veces, antes de escribir, tomo notas, muchas notas. Para mí es parte de la escritura. En Jenisjoplin quería intentar recoger nuestra adolescencia y empecé a pensar: ¿cómo era el paisaje?, ¿cómo eran los ruidos?, ¿qué idiomas se hablaban?, ¿qué se decía?, ¿qué frases recuerdo que impactaban en mí?, ¿qué era lo que me atravesaba?, ¿qué objetos había?, ¿qué materiales?, ¿cómo era el suelo?, ¿cómo eran las casas de mis amigas? Todo esto. Por eso, más que una decisión consciente que yo haya tomado, está el gusto. Está también que yo primero escribo para mi comunidad. Y creo que todas las posiciones en este mundo son interesantes para la literatura. Hay ciertas historias que no se pueden escribir desde el centro ni en un idioma centralizado y hegemonizado. Creo que hay un montón de libros que toman esta serie de decisiones y no tiene por qué ser desde una lengua no hegemónica. También desde un idioma con muchísimos hablantes se pueden tomar decisiones de abordar paisajes, personajes y tiempos de una manera no tan globalizadora, unificadora, homologada.

Uxue Alberdi, escritora vasca, participará este año del Filba. Foto: gentileza.

–Recién mencionabas la adolescencia. Jenisjoplin nació de esos recuerdos y Nagore, en ese momento de la vida, se enfrenta a los matices que implica la identidad vasca. ¿Qué lugar ocupan la lengua y el conflicto vasco en esa identidad?

–Lo que pasa en esta novela es que estos hibridajes de identidad son muy comunes en Euskal Herria. En mi casa, por ejemplo, mi padre es euskaldun, es vascohablante. Mi madre también, pero empezó a aprender entre los 15 y los 20 años. En el caso de Nagore, sus padres son migrantes españoles que vienen a trabajar a la industria del País Vasco, y esta es la realidad de mucha gente en mi pueblo. Yo soy de un pueblo que se llama Elgoibar, de 11.000 habitantes. Hoy en día tiene 13.000, de los cuales 3.000 son gallegos y otros 2.000 serán extremeños, andaluces, que se han afincado en Euskal Herria y cuyos hijos hablan euskera como Nagore. Es una identidad y un hibridaje muy comunes y muy cercanos para mí. En casi todos los grupos de amigos, las cuadrillas de nuestro pueblo, este hibridaje está ahí. A mí me pasó que, cuando pasé de estudiar en la ikastola al instituto, empecé a darme cuenta de estas identidades. En ese momento no tenía el lenguaje para poder nombrarlo, pero me daba cuenta de estas cosas. Empecé a andar con un grupo de amigas que eran hijas de migrantes españoles, de izquierdas, de familias muy politizadas, pero que yo no identificaba como políticas porque, en mi mente, la política de izquierdas era la política de izquierda independentista vasca. Yo las miraba y veía que mi entendimiento de lo que era la izquierda tenía muchas cosas que le faltaban. Ellas ya las habían pensado desde la lucha obrera, desde esa identidad de clase que yo creo que a nosotras nos faltaba, porque nuestra identidad de izquierda se basaba más en esa identidad vasca, oprimida desde la lengua, desde la historia política. A través de estas amigas empecé a conocer barrios de mi pueblo que yo no solía transitar. Esas amigas fueron para mí una salvación y la primera experiencia con el amor incondicional dentro de la amistad que tuve. Con ellas hicimos un trueque de capital cultural por capital social. Creo que de ese amor y de esa experiencia de la adolescencia nace este libro. Yo no soy ni Nagore ni Iranzu, pero sí veía esas dos maneras de ser vasca de niñas en los 80 y al empezar la adolescencia en los 90. El momento clave de esta novela fue darme cuenta de que la evolución emocional y el pulso vital de Nagore hacían eco con la evolución emocional colectiva y el pulso vital colectivo de Euskal Herria.

–Y entonces aparece el sida, un poco fuera de tiempo, a comienzos de este siglo.

–Una de mis amigas recibió este diagnóstico de VIH fuera de tiempo, digamos. Yo lo viví con ella y tuve la opción también de hacer ejercicios de memoria junto a ella. Esto no lo dijimos al principio, cuando se publicó en 2017, porque lo acordamos así, pero ahora ya lo puedo decir. El personaje de Nagore Vargas empieza a funcionar cuando me doy cuenta de esas dos líneas paralelas, la personal y la colectiva, que avanzan juntas. Y de lo que significa que una identidad antigua que te ha servido para sobrevivir te vaya a matar, que no la puedas sostener por más tiempo. También esos tiempos de lucha, de calle, de confrontación, de enfrentamiento, del cuerpo a cuerpo, personalmente en el caso de Nagore, pero también en lo colectivo, en la historia de Euskal Herria, llegan a un momento en que son insostenibles. Hay un montón de gente, hay un colectivo, hay un pueblo que está como la langosta que aparece al final de la novela, con el viejo cascarón que ya no le sirve, pero todavía no se ha construido el nuevo.

–Nagore carga con un entrenamiento para no confiar: no confiar en los discursos, en los poderes, en nada. Frente a la enfermedad, eso se vuelve una bomba. ¿Por qué?

–La novela está narrada en dos tiempos. Por una parte, vamos conociendo la vida de Nagore partiendo de ese punto en que teme ser detenida y descubre que es seropositiva. Por otra, alternando capítulos, vamos conociendo su infancia, adolescencia y juventud, que es necesario conocer para entender cómo reacciona ante ese diagnóstico. Creo que uno de los temas de este libro es también la lealtad: la lealtad al padre de Nagore Vargas, a la tía muerta por el sida y casi convertida en mártir y heroína en su casa, la lealtad a la lucha obrera, la lealtad a un pueblo. Nagore es un personaje muy leal, que se agarra a todas las identidades con muchísima fuerza y está entrenada, como tú has dicho, para poner en duda todo discurso oficial. Creo que, en un momento, Nagore no distingue muy bien entre si la autoridad es su padre, un médico, un juez o un policía. Es como si todo fuese un poco la misma cosa. Y el eje de padre, patria, patriarcado hace un sistema de ecos.

Uxue Alberdi, escritora vasca, participará este año del Filba. Foto: gentileza.

–En alguna ocasión te preguntaron si Nagore era negacionista.

–La novela se publicó en castellano en 2020, aunque se había publicado en euskera en 2017. Justo vino la pandemia y muchas entrevistas me preguntaban: “¿Y Nagore hubiese sido negacionista del coronavirus?”. Y yo decía: “Yo qué sé, Nagore es un personaje de ficción y yo lo escribí en 2017”. Luego ves que a las personas que lo leían en 2020 les hacía eco. Pero creo que es interesante porque muchas veces pensamos que nuestro pensamiento es libre, que nuestras opiniones las creamos nosotros y que somos totalmente independientes en nuestras creencias. Y creo que, sobre todo, somos muy leales y las personas somos vulnerables. Eso es lo que le pasa a Nagore. De repente, ella construye su identidad hasta el diagnóstico en la militancia política. Crece en un bar, se convierte en madre de su madre a los 13 años, en un bar en los 90, en Euskal Herria, donde toda lucha política, todos los temas sociales, los ve desde la primera línea, desde la barra del bar. Y esto es algo que la hace sentirse muy viva. Ella dice: “En la lucha me siento viva. En paz muero”. Creo que es algo bastante común: hay muchísima gente que no soporta la quietud, no soporta el silencio, no soporta estar tranquila. Nagore, aparte de estar en la militancia política, en todo lo colectivo, en un montón de reuniones y manifestaciones, lo hace todo con una carga erótica muy fuerte. Y se da cuenta de ello cuando se siente castrada por el diagnóstico y ya no sabe ni cómo vestirse, ni cómo colocar la voz, ni cómo entrar en un bar lleno de hombres o en una reunión. No sabe quién es. De repente, esa identidad de hierro que ella pensaba sólida se vuelve blanda, de repente todo se vuelve líquido. Creo que todas las deconstrucciones de identidad dan mucho miedo, pero son muy interesantes porque nos hacen volver a la pregunta difícil, imposible casi de contestar: ¿quién soy yo? Y la respuesta es un vacío.

Uxue Alberdi Estibaritz básico

  • Nació en Elgoibar (País Vasco), en 1984. Es escritora y bertsolari.
  • Es autora de relatos, novelas, ensayos, crónica literaria y literatura infantil.
Uxue Alberdi, escritora vasca, participará este año del Filba. Foto: gentileza.
  • Ha recibido el Premio Euskadi de Literatura en dos ocasiones, en la categoría de literatura infantil y juvenil por Besarkada y en la de ensayo por Kontrako eztarritik (Reverso ).
  • Su novela Jenisjoplin fue galardonada con el Premio 111 Akademia.
  • Su libro de relatos, Hetero, fue el libro mejor valorado del año 2024 por los lectores del diario Berria.

Jenisjoplin y La trastienda, de Uxue Alberdi Estibaritz (Consonni)

Uxue Alberdi formará parte el sábado a las 20 de la Fiesta Leemos y bailamos en el Bar Cultural La Paz Arriba (Av. Callao 1082). Estarán además Lalo Barrubia, Lucía Lijtmaer, Tamara Tenenbaum y Mafe Moscoso. Modera: Eugenia Zicavo. Música: Loli Molina. Por su parte, el domingo a las 18 en el Auditorio del Malba (Av. Figueroa Alcorta 3415) participará del Panel: Cosmovisión y lenguaje con Camilo Ballena, Dani Zelko y moderación de Eugenia Zicavo.

star111 login

betturkey giris

https://vsetut.uz

lottostar

https://slotcoinvolcano.com

lottostar

super hot slot

hollywoodbets mobile

pusulabet giris

yesplay bet login

limitless casino

betturkey guncel giris

playcity app

sun of egypt 4

moonwin

aviamasters

jeetwin

winnerz

lukki

croco casino

playuzu casino

spinrise

discord boost shop

fairplay

betsson

boocasino

strendus casino

sun of egypt 2 casino

gbets login

playwise365

amon casino

betmaster mx

verde casino

winexch

prizmabet

solar queen

quatro casino login

springbok