Las sirenas de las ambulancias que se precipitaron este sábado al aeropuerto Rey Jalid de Riad alertaron a los residentes de la capital saudí de que algo grave había pasado. Después, llegó el silencio oficial, roto cuando medios de comunicación internacionales desvelaron que 12 personas habían muerto por el impacto de un misil de los hutíes de Yemen en la terminal 3 del aeródromo. Era ya de noche cuando la Autoridad General de Aviación de Arabia Saudí reconoció esos muertos y 309 heridos, varios en estado crítico. Ese ataque reivindicado por los insurgentes chiíes este domingo tendrá respuesta, prometió Riad unas horas antes de que otro proyectil causara varios heridos en otra terminal del mismo aeropuerto. Los bombardeos hutíes y la anunciada respuesta saudí impulsan el temor a una nueva escalada regional a la que Estados Unidos podría verse arrastrado. Donald Trump aseguró este sábado “estar estudiando” bombardear a los rebeldes yemeníes.
“Es pronto para decir con precisión cuáles serán las consecuencias [del bombardeo del aeropuerto de Riad]”, subraya Allison Minor, directora del centro de estudios Atlantic Council, en un análisis divulgado en sus cuentas sociales. Esta experta, antigua representante delegada de Estados Unidos en Yemen, cree “probable que el ataque amplíe la guerra al menos a corto plazo: profundizando la determinación saudí de imponer costes militares serios a los hutíes y potencialmente atrayendo una intervención estadounidense al menos limitada”.
La guerra contra los insurgentes chiíes de Yemen en la que Arabia Saudí podría ahora enfangarse aún más se avivó el pasado verano, no por casualidad en un aeropuerto. El 13 de julio, las fuerzas del Gobierno internacionalmente reconocido de Yemen, enfrentado con los hutíes y al que apoya una coalición internacional liderada por Riad, bombardearon la pista del aeropuerto de Saná, en el tercio de Yemen controlado por los milicianos chiíes. Pretendían frustrar el aterrizaje del avión en el que viajaba la delegación hutí que había asistido al funeral de Ali Jamenei, el fallecido líder supremo de su principal valedor, Irán.
Ese bombardeo rompió la frágil tregua que había dejado la guerra en el limbo desde 2022. Los hutíes volvieron entonces a atacar con misiles y drones al reino árabe, no sin advertir a las aerolíneas de que no surcaran el espacio aéreo saudí hasta que se levantara el “asedio” de Riad al aeropuerto de Saná y otros aeródromos en el área bajo su férula.
Una estrategia de “bloqueo por bloqueo”, ha resumido este domingo Danny Citrinowizc, exanalista para Irán del ejército israelí, en declaraciones a la cadena BBC Urdu. “Los hutíes dejaron muy clara su postura desde el principio: Si nuestros aviones no pueden aterrizar en el aeropuerto internacional de Saná, entonces los aviones civiles tampoco deberían poder aterrizar en los aeropuertos saudíes”.
Para este analista el mensaje para Riad es claro: “Si Yemen permanece bajo bloqueo, Arabia Saudí no puede esperar permanecer aislada de las consecuencias de la guerra. En otras palabras, mientras las restricciones en el aeropuerto de Saná sigan en vigor, los aeropuertos civiles saudíes no podrán operar con normalidad”.
El 19 de septiembre, los hutíes lograron un hito en esa estrategia. Ese día alcanzaron por primera vez el aeropuerto Rey Jalid con un misil que golpeó un depósito de combustible, un impacto que apuntó a la fragilidad de las defensas antiaéreas saudíes, que este sábado quedó definitivamente de relieve, cuando los sistemas de alerta del próspero reino árabe no emitieron alertas ante la llegada del misil hutí.
Ese día, los hutíes golpearon un depósito de combustible. Este sábado, una terminal del aeropuerto de Riad, un objetivo civil donde, además de saudíes y personas de otras nacionalidades, murió un estadounidense, algo que podría pesar en la retórica nacionalista de Donald Trump a la hora de decidir si se implica en Yemen. El pasado 10 de septiembre, el presidente de Estados Unidos desoyó la petición del príncipe heredero saudí, Mohamed Bin Salmán, de que bombardeara a los hutíes.
El general de división Turki al Maliki, portavoz de la coalición militar liderada por Riad en Yemen, acusó este sábado a los hutíes de cometer “un crimen de guerra en toda regla”, y prometió que habrá una respuesta. En esa misma jornada, confirmó el militar, otro proyectil cayó cerca del aeropuerto internacional Rey Fahd en Dammam, en el este del reino.
La advertencia del general no solo permite prever la intensificación de la campaña de bombardeos de la aviación saudí en Yemen, en un momento en el que los rebeldes chiíes aliados de Irán se disputan con el Gobierno reconocido el control del estrecho de Bab el Mandeb. Riad ha estado utilizando desde febrero esa estratégica vía, que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén, como alternativa al estrecho de Ormuz, bloqueado por Irán, para exportar casi la mitad de su producción petrolera, unos 3,5 millones de barriles. Las fuerzas gubernamentales yemeníes habían logrado esta semana recuperar parte del territorio costero en Yemen que permitía a los insurgentes bloquear el paso de los petroleros saudíes.
El ataque letal contra el aeropuerto Rey Jalid, más grave que las anteriores arremetidas que ya habían causado esta semana otras cuatro víctimas, parece, en parte, una respuesta de los hutíes a ese avance militar de sus enemigos. Su estrategia hace pensar en la adoptada por Irán desde el inicio de la guerra desatada en su contra por Israel y Estados Unidos en febrero.
Los iraníes tienen dos ejércitos, pero prácticamente carecen de bombarderos y aviones de combate —en realidad tienen unos pocos, pero muy obsoletos— y de sistemas de defensas aérea válidos para detener los ataques de las sofisticadas fuerzas aéreas de Israel y Estados Unidos. Mucho menos los tienen los hutíes, una milicia. La respuesta bélica de ambos debía ser pues asimétrica. Irán tiene un gran arsenal de misiles y, más aún, de drones y su réplica ante los bombardeos fue atacar bases estadounidenses e infraestructuras energéticas en los países del golfo Pérsico aliados de Washington. Sobre todo, bloqueó el estrecho de Ormuz, una herramienta de estrangulamiento económico.
Los hutíes han respondido al recrudecimiento de la guerra con Arabia Saudí atacando instalaciones petrolíferas y de aviación civil del reino árabe. También bloquearon momentáneamente el estrecho de Bab el Mandeb para los buques saudíes, antes de que el Gobierno yemení aliado de Riad revirtiera su avance territorial.
Aunque los hutíes son más un aliado de Irán que un mero satélite —tienen un elevado grado de autonomía—, los ataques contra los aeropuertos insinúan la sombra de Irán. Los insurgentes chiíes han mejorado en los últimos años su capacidad para ensamblar y utilizar sus propias armas, pero es un secreto a voces que sus misiles y drones son de origen iraní. Así lo estableció en 2016 un panel de expertos del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Uno de los miembros de ese panel, el investigador Fernando Carvajal, aseguró a este diario en una entrevista reciente que Irán proporciona a los hutíes la información de inteligencia de la que ellos carecen, y que es fundamental para garantizar la precisión de ataques como los de este fin de semana.
Bombas y economía
En una guerra en Oriente Próximo “que trata tanto de la economía como de los bombardeos”, recalca en un análisis en el portal Semafor Mohammed Sergie, las muertes en el aeropuerto internacional Rey Jalid de Riad colocan a las autoridades saudíes y especialmente a su hombre fuerte, el príncipe Bin Salmán, ante un dilema. Sobre todo, porque, recalca Allison Minor, constituyen “un recordatorio duro de cómo la guerra de Yemen socava otras prioridades saudíes”.
Bin Salmán impulsa desde hace años la llamada Agenda 2030, un ambicioso proyecto de diversificación económica para superar la dependencia económica del petróleo. Ese plan pasaba por el apaciguamiento regional y por lavar la imagen de Arabia Saudí. El principe aspiraba a presentar su país como un destino turístico de primer orden, pero, sobre todo, como un refugio seguro y atractivo para billones de dólares en activos financieros, centros de datos y empresas emergentes. Para ello necesita el dinero del petróleo, un maná que el control hutí del mar Rojo, sumado al bloqueo iraní del estrecho de Ormuz, podría poner en peligro.
La elección de este fin de semana para el mortífero bombardeo contra el principal aeropuerto saudí no parece casual, sino un elemento más de esa guerra asimétrica de los hutíes. Otro de los propósitos del príncipe heredero es convertir a su país en un centro internacional de cumbres de alto nivel. Riad acoge esta semana el Congreso Mundial del Petróleo, en el que se esperaba asistieran directivos de multinacionales del sector como Shell, BP, Total y ExxonMobil, Shell. A finales de mes, Arabia Saudí albergará la llamada Iniciativa de Inversión Futura, que suele acoger a los principales hombres de negocios de Wall Street. Con los aeropuertos amenazados y la sombra de más de una docena de muertos, es de prever que algunos de ellos se abstengan de acudir a esas citas.










