El sexenio de Andrés Manuel López Obrador terminó en septiembre de 2024 con una enorme crisis de violencia en Sinaloa, de la que él responsabilizaba a Estados Unidos. Un par de meses antes, el mítico capo Ismael El Mayo Zambada, líder del Cartel de Sinaloa, había sido capturado por Washington en extrañas circunstancias. Los detalles se han ido conociendo a cuentagotas, aunque desde el comienzo Zambada aseguró que había sido secuestrado. En los trozos de relatos hay una constante y una variable. La constante es que Los Chapitos, la facción del cartel dirigida por los hijos de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, traicionaron a Zambada, antiguo socio de su padre, para entregarlo a EE UU contra su voluntad, buscando beneficios con la justicia de ese país. La variable sigue siendo qué tanto se implicó Washington en la planeación de un operativo secreto en México que ha causado una espiral de violencia.
El turbio suceso se aborda en dos libros recientes, escritos por dos exfuncionarios que fueron testigos, si no en primera fila, sí desde los asientos reservados al poder. La semana pasada, el expresidente López Obrador (2018-2024) lanzó su libro Pueblo, un largo ensayo aderezado con sus vivencias. Coincidentemente, este miércoles, el exembajador de EE UU Ken Salazar (2021-2025) presenta en Ciudad de México su libro de memorias Borderlands. Los dos políticos coincidieron durante el ejercicio de sus cargos y trabaron una relación cordial que se vino abajo fundamentalmente por el episodio del Mayo Zambada.
Aquello ocurrió el 25 de julio de 2024. La versión que ha sostenido Washington es que no estuvo involucrado en el plan y que sus autoridades solo se enteraron de que iban a recibir al codiciado capo cuando el avión en el que lo llevaban ya había despegado de Culiacán y estaba a punto de cruzar la frontera estadounidense. En la aeronave, una Beechcraft King Air, que aterrizó en Santa Teresa, Nuevo México, también viajaba Joaquín Guzmán López, hijo del Chapo y ejecutor del plan, dispuesto a entregarse. El piloto, de todas las confianzas de Los Chapitos, era Mauro Alberto Núñez Ojeda, Jando.
La Mayiza, la otra facción importante del Cartel de Sinaloa, formada por los herederos de Zambada, emprendió la venganza. La guerra intestina dura más de dos años y ha dejado cientos de muertos, desaparecidos y desplazados. Apenas en julio, el Buró Federal de Investigaciones de EE UU (FBI) exhibió en un museo el avión en el que se efectuó la hazaña, lo que reavivó las dudas de México en torno al rol de Washington.
Los relatos
El exembajador afirma que Estados Unidos no aportó recursos para llevar a cabo la captura del Mayo y señala que se trató de una “traición” de parte de Guzmán López, que era su ahijado. Salazar dice que la entrega de Zambada fue “una completa sorpresa” y que se enteró después de consumada, “al igual que cualquier otro funcionario estadounidense”. Según su relato, Salazar se apresuró a avisar al entonces presidente de que su país “no había estado directamente involucrado de ninguna manera”. “[López Obrador] tenía que entender que Estados Unidos no tenía conocimiento previo de este secuestro y que bajo ninguna circunstancia habíamos llevado a cabo una operación no autorizada en suelo mexicano, lo cual habría sido una grave violación de su soberanía”.
El libro relata que el avión apagó sus sistemas de rastreo y reapareció cerca de la frontera. Solo entonces “se dio aviso a las autoridades de Estados Unidos”. Según el exdiplomático, solo había tres personas a bordo del Beechcraft: los dos narcos y el piloto. Mientras que Guzmán López bajó por su cuenta, los agentes estadounidenses tuvieron que entrar al avión por El Mayo. “Los agentes abordaron cuidadosamente la aeronave y encontraron a una figura fuertemente sedada, con bridas plásticas sujetándolo a su asiento. Para su sorpresa, era Ismael El Mayo Zambada”, explica. En cuanto al Jando, se le permitió volver a México, sin la aeronave.
López Obrador no respondió a aquel memorando de Salazar y tampoco volvió a recibirlo. El expresidente afirma en su libro que el asunto del Mayo fue “el único incidente o desacuerdo grave” con el Gobierno de Joe Biden, quien también estaba por dejar el cargo. Directamente, el exmandatario acusa al Departamento de Estado y a las agencias de seguridad de EE UU de pactar, “de manera irresponsable, clandestina y extraterritorial”, con los hijos del Chapo Guzmán para “secuestrar y trasladar en un avión particular” a ese país al Mayo Zambada. Dice López Obrador que, en cuanto se enteró, preguntó a los titulares de la Fiscalía, la Guardia Nacional y las Fuerzas Armadas “sobre alguna posible participación”, y “la respuesta fue un no categórico”.
El exmandatario cita entonces una carta que envió Salazar al entonces fiscal mexicano Alejandro Gertz dos días después. La carta es importante porque —de acuerdo con el libro de López Obrador— revela, al menos, cierto conocimiento previo de parte de Washington, que contrasta con la negación rotunda. “El embajador Ken Salazar expresó por escrito, el 27 de julio, ‘que las fuerzas del orden público’ de su país ‘fueron informadas en varias ocasiones previas de que Joaquín Guzmán López estaba considerando rendirse ante las autoridades estadounidenses”, relata el expresidente.
López Obrador agrega que, en la carta, Salazar decía que “sorpresivamente, el 25 de julio a las 10.30 horas, ellos fueron informados de que Guzmán López se rendiría y entraría a territorio estadounidense en vuelo privado, y que, a las 14.40 horas, ‘una vez que el avión estaba en el aire, fueron de nuevo informados de que Ismael Zambada podría estar también en la aeronave”.

La “odiosa venganza”
Es difícil establecer en qué momento fueron informadas las autoridades mexicanas de lo que se iba enterando Washington. ¿Sabía México que Guzmán López pensaba entregarse a Estados Unidos? ¿Supieron el 25 de julio por la mañana que ese iba a ser el gran día? ¿Supieron a media tarde —tan pronto como se enteró supuestamente EE UU— que El Mayo era parte del plan de Guzmán López e iba también en la aeronave? ¿Se enteraron de todo después de consumarse?
Los documentos relacionados con el juicio en EE UU contra El Jando, el piloto, revelan que la captura del Mayo se dio en un momento en que Washington sí estaba en negociaciones con Los Chapitos, y no que se trató puramente de un acto de traición individual.
Dos hechos llaman la atención al respecto. El Gobierno de EE UU —ya con Donald Trump en la presidencia— pidió a la Justicia estadounidense no hacer pública la acusación de la Fiscalía contra El Jando, “a fin de proteger la seguridad de testigos colaboradores” y “para garantizar la seguridad de testigos adicionales, así como de sus familiares”. Para entonces, Ovidio Guzmán, El Ratón, otro hijo del Chapo detenido en EE UU desde 2023, había acordado tener un rol de testigo colaborador. Poco después, 17 familiares del Ratón, entre ellos su madre, llegaron a Estados Unidos para ser resguardados.
López Obrador afirma que, al margen de la falta de respeto a la soberanía, la violencia en Sinaloa no habría llegado a tanto si la detención de Zambada se hubiese realizado por las fuerzas de seguridad de México: “Se hubiese evitado la odiosa venganza”. Salazar lamentó la reacción de López Obrador, ya que dejaron de ser “amigos” y “la puerta abierta de la que había disfrutado con el presidente mexicano parecía haberse cerrado de golpe”.










