La filóloga Cristina Sánchez López ha entrado hoy domingo en la Real Academia de la Lengua Española, donde ocupará la silla p, con un discurso de ingreso titulado Las cartografías del idioma. Viaje a ventura por la gramática del español. En él, la Catedrática de Lengua Española en la Universidad Complutense de Madrid evidenció los puntos de contacto entre las investigaciones del idioma y sus estructuras y las grandes exploraciones de los siglos pasados y el dibujo de los mapas, para concluir finalmente: “Los gramáticos hacemos una modesta aportación al conocimiento explorando el mundo interior que es la lengua. Creemos que merece la pena conocerlo porque, al fin, es parte de nosotros. Pensamos, acaso con injustificado optimismo, que nuestro entusiasmo se puede contagiar. Y así seguimos el viaje, salvados de la desdicha, como Borges, por ‘el anhelo infinito de la brújula”.
Sánchez, nacida en Madrid en 1966, fue elegida para la RAE el 27 de marzo de 2025 y tenía dos años de plazo improrrogable para pronunciar su discurso y asumir la silla que dejó vacante el fallecimiento de su compañero de profesión Francisco Rico, el 27 de abril de 2024. La académica está especializada en “la gramática del español, en concreto, la sintaxis, las relaciones entre el léxico y la sintaxis, la variación gramatical en el mundo hispanohablante y la sintaxis histórica”, como informó entonces la propia institución. También coordinó la edición revisada de la Nueva gramática de la lengua española y participa en proyectos para mejorar la enseñanza de la gramática española en secundaria y bachillerato. Su ingreso eleva a 12 el número de mujeres de entre los miembros de la RAE, frente a 34 hombres.
“De poco valdría conocer todas las palabras de las lenguas que hablan los hombres, y aun los ángeles, si no se acertara a pronunciar en el momento preciso aquella sola que cumple el fin buscado. El español basta, por suerte, para traer aquí la única voz ahora insustituible, la primera que quiero y debo hacer sonar en este acto solemne: gracias”, aseguró Sánchez en el arranque de un discurso leído a lo largo de unos 50 minutos. Entre sus primeras palabras, también cupieron varias dedicatorias, en especial a su fallecido padre, a Ignacio Bosque ―uno de los tres avales de su candidatura a la RAE, junto con Miguel Sáenz y Paloma Díaz-Mas―, y a su antecesor, Rico. “El único mérito que sin modestia me atribuyo es el de haber disfrutado siempre estudiando. Tuve la suerte de nacer en una casa en la que la palabra saber se pronunciaba entre signos de admiración: ¡Saber! Allí me enseñaron que no hay mayor pobreza que la del ignorante ni mayor limitación que la de quien carece de curiosidad”, quiso destacar sobre su familia.
A partir de ahí, y después de proclamar “gramática es, al fin, lo único que sé”, propuso a los presentes acompañarla en un viaje por las “dimensiones ocultas del idioma”, en el que repasó la historia de su ámbito de estudio, su función y sus atractivos, en paralelo con la epopeya de descubrir la geografía global. “Es sabido que el término gramática designa varias realidades. Para la mayoría de los hablantes, es el nombre de ciertos libros que se manejan, se consultan o se estudian [… ] Pero el término gramática tiene también un sentido interno: es gramática el complejo entramado de conocimientos que los hablantes activamos de manera inconsciente, automática y siempre exitosa para crear, proferir e interpretar enunciados simples o muy elaborados. Esa gramática es, pues, interna a los hablantes. Forma, de hecho, parte de nosotros”, introdujo Sánchez.
Y, desarrolló: “La gramática externa es el mapa que dibuja la gramática interna. Un gramático no es, entonces, sino un cartógrafo que se adentra en un mundo interior hecho de piezas muy diversas y relaciones muy complejas. Al describir ese mundo invisible va trazando la cartografía del idioma. […] Los gramáticos exploramos un mundo que no está fuera, sino dentro de cada uno. En lugar de ríos, encontramos nombres; adjetivos en lugar de arroyos; subordinadas y concordancias en vez de llanuras y cordilleras; artículos o locuciones en vez de montañas o mesetas. Me seduce pensar que los mapas que trazamos servirán a otros para descubrir por sí mismos los paisajes que los habitan”, continuó Sánchez. “El acceso a los estratos más antiguos del idioma puede variar de unos hablantes a otros en función de la riqueza del sistema que han aprendido. Algunas formas de expresión empiezan a quedar relegadas por otras, como ese camino que raramente recorremos porque hemos descubierto otro más corto o más grato. Otras son ya vestigios antiguos que, como algunas formaciones geológicas, solo se pueden ver adentrándose en cuevas profundas”, agregó la filóloga.
Su recorrido mezcló la navegación de Cristóbal Colón, la célebre Gramática de la lengua castellana de Nebrija o la Minerva seu de causis linguae latinae (1587) de Francisco Sánchez de las Brozas, la flota de Magallanes y Elcano, o la geología, junto con citas del escritor argentino Jorge Luis Borges o la académica uruguaya Brenda Laca. Comparó los avances y conceptos de la gramática moderna con herramientas como la fotografía aérea, los satélites y los GPS para la cartografía. Y también dio cabida a una anécdota personal: “Hace apenas unos días, mi paseo se acompasó casualmente con el de una pareja cuyo origen americano, acaso caribeño, se adivinaba por su acento. No pude evitar prestar atención a su conversación cuando le oí a él preguntar: ‘Se dice Le gustó, ¿ah?’. Su acompañante respondió: ‘La gustó, porque es ella, femenino; por eso es La gustó a ella’. Me sorprendió la seguridad con que aquella joven hacía alarde de haber comprendido el fundamento del uso laísta, tan distinto del uso etimológico que con seguridad ambas personas tenían interiorizado y que él defendía con perpleja convicción. Me pregunté si aquellos jóvenes acabarían adaptando su gramática a la de los pertinaces laístas que los rodean en Madrid”. A partir de ahora buscará respuestas dentro de la RAE.










