El padre Patricio Sánchez dedicó sus últimos sermones a hablar sobre la muerte. El sábado 17 de octubre, a las siete de la noche, mientras celebraba la misa y una cámara transmitía la ceremonia en directo, la cruz con el Cristo crucificado y su corona de espinas cayó sobre él y lo mató. En la iglesia del Perpetuo Socorro de Guayaquil, la conmoción sigue intacta. Tres días después del accidente, un grupo de feligreses se reúne por la mañana a rezar al Santísimo por el alma del sacerdote, a quien le han levantado un pequeño altar con su fotografía y rosas blancas. Por la tarde volverán para cumplir con la novena y despedirse espiritualmente de quien fue su pastor.














