el dramático relato de un vecino de la comisaría porteña donde tomaron a un policía de rehén

el dramático relato de un vecino de la comisaría porteña donde tomaron a un policía de rehén


A mitad de la madrugada, cuando todavía faltaban varias horas para que la cuadra de Lavalle se llenara de policías, un vecino escuchó una frase que lo alarmó. “Te lo mato, te lo mato», gritaban desde los calabozos de la comisaría. A la mañana, cuando salió a comprar pan, encontró la calle cortada y un importante despliegue policial. Recién entonces supo que algo grave ocurría en la dependencia.

Los gritos no eran una novedad para él, quien por temor prefiere no dar su nombre. Según explica a Clarín, desde hace seis meses vive en un departamento que da al pulmón de la Comisaría Vecinal 1 D, ubicada en Lavalle 451, en pleno microcentro porteño y a apenas ocho cuadras de la Casa Rosada. Desde su casa escucha los insultos, los golpes contra los barrotes y los pedidos para ir al baño. Con un bebé recién nacido, dice que el ruido durante la noche y la madrugada se volvió parte de su vida cotidiana.

“Ya estamos acostumbrados a los mismos gritos”, cuenta. Aunque no puede ver lo que sucede dentro de la Alcaidía, asegura que algunos golpes se escuchan tan cerca que, cuando está en el baño, siente que van a tirar abajo su propia puerta.

Esta madrugada, sin embargo, los gritos fueron distintos. Según su relato, comenzaron alrededor de las 3.30. Una hora después escuchó reiteradamente las amenazas. También oyó pedidos de agua y tuvo la impresión de que un detenido pedía ayuda mientras otros golpeaban a un compañero que se habría negado a participar de algo. No pudo ver la escena ni confirmar qué estaba pasando dentro de los calabozos.

La situación recién se hizo visible durante la mañana, cuando familiares de los detenidos comenzaron a acercarse a la dependencia y la cuadra quedó rodeada por efectivos de la Policía de la Ciudad, bomberos y personal médico de emergencias. Y el conflicto fue escalando hasta que al mediodía se convirtió en una toma de rehén. Un agente quedó retenido dentro junto a un grupo de presos.

El episodio se desató, según la reconstrucción del ministro de Seguridad porteño, Horacio Giménez, durante una conferencia de prensa improvisada en el lugar a las 18.15, por una pelea entre diez detenidos que comenzó a las 12.30. De acuerdo con su explicación, intervinieron un comisario, un inspector y un oficial para separar a uno de los presos.

“La policía entró, separó a uno de ellos y los nueve restantes” los fueron a increpar. “Cuando el personal policial quiso poner orden fueron tomados de rehenes un subcomisario, un inspector y un oficial mayor”, repasó el ministro.

Rápidamente, se recuperó la libertad de dos policías, quedando un oficial mayor retenido por los delincuentes. «Lo tomaron de rehén para negociar, pero no negociaron nada”, indicó el funcionario porteño.

Durante la tarde, intervino personal de la Fiscalía y se logró la liberación del policía retenido y la toma del control de la alcaidía. Fueron más de cinco horas de tensión con un amplio operativo de móviles y corte de tránsito en los alrededores de la sede policial que convulsionaron el microcentro.

Según Giménez, tanto los detenidos -había 31 en total y 23 participaron de los incidentes– como los policías resultaron ilesos, y el oficial de rehén sufrió el robo de sus pertenecías, entre ellas su celular, desde el que los presos grabaron videos de lo que iba ocurriendo y con el que le quitaron el dinero de sus billeteras virtuales.

La versión del ministro fue que se trató de un conflicto entre los propios detenidos y que uno de ellos tenía problemas de conducta.

El ministro de Seguridad porteño, Horacio Giménez, dio detalles de lo ocurrido. Foto: Emmanuel Fernández.

Sin embargo, Beatriz Noemí Salto a este medio, madre de Marcos David Olivera, de 30 años, quien está preso desde hace cinco días en la comisaría por robo, dijo a Clarín que los detenidos no querían ser trasladados al penal de Marcos Paz.

“Todas las mañanas hablo con él para saber cómo está y para mandarle cosas. Al mediodía me manda un mensaje diciendo que había un rehén y que se había armado quilombo”, relató.

Según Beatriz, los internos se oponían al traslado a Marcos Paz porque temían terminar alojados junto a presos con condenas más graves. También les preocupaba la distancia: para las familias, llegar hasta allí implica un viaje mucho más largo para poder visitarlos.

Mientras afuera crecía la incertidumbre, desde el interior de la alcaidía comenzaron a circular videos grabados por los propios detenidos con el celular del oficial de rehén. En las imágenes se veía al policía uniformado sentado en uno de los camastros, rodeado por los internos. En otro momento, los presos mostraban la cobertura televisiva del operativo desde el televisor de la celda.

En uno de los videos, uno de los internos reclamaba que hicieran bajar al fiscal para negociar.

Intervino la Unidad de Flagrancia Este de la Ciudad, a cargo de Federico Tropea, y durante varias horas, las autoridades evitaron dar precisiones sobre lo que sucedía en el interior.

El operativo incluyó la presencia del SAME, con su titular, Alberto Crescenti, al frente, además de un camión de bomberos y una brigada policial especial que ingresó a la dependencia.

A medida que avanzaba la tarde, algunos familiares esperaban novedades desde la vereda. Entre ellos estaba Beatriz, pendiente de los mensajes de su hijo. Según contó, durante la tarde comenzaron a llegar pizzas hasta la puerta de la comisaría, como parte de las negociaciones.

Finalmente, las autoridades acordaron trasladar a todos los internos. Giménez no precisó a qué establecimiento serían llevados, aunque adelantó que el movimiento se realizaría esa misma noche. También anunció que la alcaidía permanecerá cerrada durante un tiempo.

Cerca de las 18, las brigadas comenzaron a retirarse y a sacar los elementos que habían ingresado durante el operativo. 15 minutos después, el ministro permitió el ingreso de la prensa al hall de la dependencia. En el interior había un humo que provocaba tos de inmediato, pero su origen no pudo identificarse en ese momento.

Por su parte, Crescenti informó que los detenidos habían sido revisados uno por uno y estaban en buen estado de salud. También confirmó que el policía retenido se encontraba bien y recibía apoyo psicológico.

Además del ministro Giménez también estuvo presente el jefe de la Policía de la Ciudad, Diego Casaló, y personal de Alcaidías, DUTIA, DOEM, Cibercrimen, Asuntos Internos, Científica, Cuerpo de Negociadores, Comunal, Cuerpo de Psicólogos y hasta de Explosivos.

Afuera, la lluvia seguía cayendo sobre el Microcentro. Algunos familiares permanecían en la vereda, esperando respuestas, mientras otros curiosos se detenían frente a la puerta de la comisaría para intentar entender qué había pasado detrás de esas paredes.

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