Cambian las generaciones, y cambian los nombres. El análisis que hizo Clarín a partir de datos oficiales del Registro Nacional de las Personas (Renaper) revela una transformación profunda en las preferencias de las familias argentinas a la hora de ponerle nombre a sus bebés.
Ya no se llaman como los baby boomers, que nacieron entre 1946 y 1964, también están en caída los nombres que reinaron hasta 1980, con la Generación X, y hasta los de los millennials están perdiendo terreno frente a los preferidos de la Generación Y.
Además, al contrastar los nacimientos de la década de 1960 con los registrados a partir de la década del 2020, se ve que nombres que dominaron masivamente las actas de inscripción a mediados del siglo XX ya quedaron en el olvido. Ni un bebé se llama así. Son nombres de “museo”.
Ya casi no hay lugar para las Mónicas, las Gracielas, los Héctor y los Marios. Pero incluso están en caída las más contemporáneas Carolinas, las Lauras o las Gabrielas, frente a las Isabellas y las Sofías. Benjamín y Mateo ya son los preferidos de los bebés, que dejaron de llamarse Carlos. Alberto es el caso más extremo: pasó de 176.918 a 2.541.
El cambio de ciclo en los nombres femeninos muestra que ya no van más las opciones tradicionales que lideraron la década de 1960. El caso más emblemático es el de Beatriz, que en los años 60 ocupaba el segundo lugar nacional con 200.461 registros y en la década de 2020 descendió a 2.400 nacimientos.
Un patrón de declive similar afecta a Graciela, que pasó de 111.650 elecciones en los 60 a solo 536 en la actualidad, y a Mónica, que cayó de 91.695 a 272 inscripciones.
La lista de nombres de mujeres que eran los preferidos en la década del 60 y hoy resultan inusuales entre las recién nacidas incluye a Silvia (de 91.372 a 386), Liliana (de 82.712 a 672), Susana (de 78.436 a 581) y Norma (de 69.386 a 274).
Tampoco es nada fácil encontrar una niña de menos de 6 años o menos que se llame Mabel, que cayó de 63.991 a 565 registros. Como pasa con Alicia, un nombre que en los 60 llegó a 55.425 elecciones, y pasó a 972. Gladys ya no es preferencia, con su descenso de 43.556 a 168.
Marta bajó de 42.334 a 376 y Mirta directamente está a punto de caerse de la lista, al pasar de 41.837 a 145. En los escalones de menor frecuencia, Nélida retrocedió de 21.017 a 227 casos, mientras que Nilda disminuyó de 13.658 a 106.

En el universo masculino, el reemplazo generacional en los nombres sigue una trayectoria equivalente. Marcelo, una de las insignias de los años 60 con 95.266 anotaciones, descendió a 1.879 casos en la década de 2020. De manera paralela, Oscar disminuyó de 92.425 a 2.583, Rubén retrocedió de 71.885 a 1.849 y Héctor cayó de 70.293 a 1.886 registros. Está más marcada la caída de bebés llamados Mario: de 54.612 a 1.467.
Otros nombres masculinos de amplia presencia histórica sufrieron reducciones drásticas. Sergio pasó de 63.874 en los 60 a 1.592 en los 2020, Raúl descendió de 63.935 a 1.274, Roberto bajó de 61.395 a 1.081, Claudio disminuyó de 42.585 a 693 y Horacio bajó de 41.659 a 591. Nombres como Edgardo cayeron de 21.057 a 274 casos, y Eusebio pasó de 2.452 a 109.
En los casos más extremos de desuso, opciones como Agapito (que sumaba 282 registros en los 60) y Florindo (en la actualidad con 166 casos) prácticamente desaparecieron, registrando menos de cinco ocurrencias desde 2020.
Tendencias que se invierten
Desde la Dirección de Población del Renaper explican a Clarín que incluso los nombres tradicionales de mayor volumen en la historia argentina muestran una severa desaceleración. María, que encabezaba la lista en los años 60 con 345.527 registros, bajó a 23.278 en la década de 2020, mientras que Carlos cayó de 167.202 a 4.524 inscripciones.
En contraposición, los nombres que hoy lideran los rankings “eran marginales o infrecuentes hace 60 años”.
Benjamín, que se ubica en el primer lugar masculino de los 2020 con 58.289 niños, contaba con apenas 2.875 registros en la década del 60. En el ámbito femenino, Isabella encabeza la década actual con 53.877 nacimientos, con un registro de solo 15 apariciones en los años 60. Por último, Emma ascendió de 2.224 a 36.926 inscripciones y Olivia pasó de 247 a 36.053 elecciones, lo que consolida el giro demográfico y cultural en la elección de nombres en el país.
Si nos desplazamos más cerca en la línea cronológica del nombrar, uno tan millennial como Carolina, que en la década de 1980 tuvo 78.563 ocurrencias, en la de 2020 bajó hasta apenas 1.925 bebas llamadas así. Y Laura, que en los 70 tuvo un pico de 96.762, en esta década solo van 704.
La Ciudad, con nombre propio
Los bebés nacidos en la Ciudad durante 2025 son el vivo ejemplo de una diversidad que combina dos fenómenos dentro de la tendencia de los nombres.
Por un lado, la lista de todos los anotados durante el año pasado, a la que accedió Clarín desde el Registro Civil porteño, incluye nombres tradicionales que en otras épocas registraban un uso constante, pero que hoy quedaron reducidos a apariciones totalmente excepcionales de un único recién nacido porteño. Por otro lado, reinan los nombres absolutamente novedosos, porque no figuraban en las estadísticas históricas de nacimientos en Argentina.
Si se comparan estos registros de 2025 con los datos históricos de la década de 1960, se comprueba la caída drástica de varios nombres que en aquel momento contaban con miles de inscripciones. Por ejemplo, en los años 60 Patricia acumulaba 92.657 registros y Nilda alcanzaba 9.966, mientras que en 2025 ambos figuran con una sola ocurrencia en CABA.
Algo similar sucede con Aldo (que sumaba 9.595 en los años 60), Ofelia (4.894), Bernabé (1.489), Florentina (816), Ítalo (621) y Fermina (586), y también con nombres de menor frecuencia “histórica” como Adelia, Amorina, Petra, Hiram o Hermann, que en la actualidad pasaron a ser elecciones verdaderamente únicas.
Además, la lista de nacimientos porteños exhibe una marcada irrupción de nombres que no tienen antecedente de uso significativo en las décadas pasadas ni aparecen en los registros nacionales. Entre ellos se destacan incorporaciones de la cultura contemporánea y de diversas procedencias culturales como Padme, Pandora, Eowyn, Xeneize, Ikaris, Axl, Adniel o Adaobi.
La búsqueda de originalidad y, también, la influencia de las redes sociales, generan nombres que no se registraron ni en la década de los baby boomers ni en las tablas generales de alta frecuencia de este siglo. Unos demasiado singulares, que pueblan de manera exclusiva la lista de ocurrencias “únicas” de la Ciudad.
En el ranking de los nombres femeninos más populares de la actualidad en todo el país, después de Isabella se ubica Valentina, con 46.747 registros, seguido por Sofía, con 41.032 nacimientos. El grupo de los primeros cinco lugares del listado femenino se completa con Jazmín, que alcanza las 38.426 elecciones, y Emma.
Después de Benjamín y Mateo, la nómina de los cinco más usados entre los varones se completa con Gael en la tercera posición con 39.815 anotaciones, Bautista en el cuarto lugar con 37.925 y Valentín en el quinto puesto, con 34.694 inscripciones.










