Ceci revuelve la comida de dos grandes ollas. El sonido del cucharón de madera se contrasta con la lluvia de afuera y con los sonidos de cajas con alimentos que se acomodan en el fondo. Desde muy temprano se puso el delantal verde en el «Comedor Paranacito» que, como asegura, es parte esencial de su día a día.
Siempre cocinó para mucha gente, pero desde hace casi una semana que su trabajo aumentó. Si atendía entre 200 y 240 personas por día (entre almuerzo y cena), ahora tuvo que sumar refuerzos de comida para los vecinos de la zona baja del barrio Río Paraná que ha quedado acorralado por la subida del río, como otros barrios de la periferia correntina.
«Con esto de la inundación empezamos el domingo pasado. Ya va a ser una semana. Estuvimos recorriendo la zona de la tosquera, hay gente que vivía acá arriba y que se fue a vivir más abajo para hacer sus casillas», comenta Cecilia Bernié a Clarín.
Con solo 31 años, lleva toda una vida dedicada a cocinar comida comunitaria. Se crio con la imagen de sus padres, José Luis y Miryam, cocinando a leña para la gente más necesitada, en medio de la falta de agua potable.
Desde 2001 el comedor está ubicado en el mismo lugar y recibe apoyo del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia. Muchas cosas se mejoraron para poder cumplir con los objetivos diarios.
El martes, en compañía de trabajadores municipales, Ceci bajó hasta la zona más complicada por el agua para relevar la situación de los vecinos. Por el contexto, se concluyó que debían elevar la producción de comida de refuerzo para 100 personas, entre ellos niños.
«Mucha gente se está moviendo, dejaron sus casas y se fueron a lo de los parientes. Ayer vi gente moviéndose antes de que la agarre el agua. Vi a unos nenes caminando por una tarima y apoyados con unos palos para no caerse», cuenta.
Se levanta a las seis para organizar la mañana, llevar a su hijo a la escuela y luego empezar a cocinar a las siete y media. Ahí se dedica a llenar las viandas hasta el mediodía, luego vuelve a buscar a su hijo y a las dos horas regresa para dar clases de apoyo escolar para los chicos.
Por todo lo ocurrido, ahora no hay días libres para ella y su familia: están abiertos de lunes a lunes. Los hermanos de Ceci también trabajan en el comedor. Pero ella y su mamá son las cocineras oficiales.
Cecilia, su mamá, sus hermanos y su esposo trabajan de lunes a lunes en el comedor. Foto Juano Tesone / Enviado especial«Algunas personas nos dicen que están contentas, contenidas, algunas piden un poco más y otras se conforman. Los chicos se te prenden de las piernas. «¡Hola, Ceci!», me dicen, se te prenden, te abrazan, eso te llena«, destaca.
José Luis, encargado del comedor y papá de Ceci, dice que esto está pasando de forma más frecuente, cada cinco o seis años: «Este es un barrio periférico, de bajos recursos, la gente vive de changas o del Municipio. Pero hace años no había agua potable aca. El comedor fue un bastión en ese sentido».
«Ahora hay gente que dejó su casa y se fue a lo de algún pariente. O mandó a los chicos para arriba, a algún lugar donde no hay agua. Y abajo siempre queda alguien cuidando la casa porque no pueden dejarla sola», añade José.
Cuando Ceci era chica, José y su mujer trabajaban con leña. Los dos son formoseños, pero construyeron su vida en Corrientes desde 1988. Formaron su familia y al poco tiempo iniciaron su proyecto comunitario.
Inundaciones en CorrientesBarrio Rio Paraná
Cecilia Bernié es la encargada y cocinera del Comedor Paranacito dónde preparan viandas para las personas que fueron afectadas por crecida río
Foto Juano Tesone / enviado especial – FTP CLARIN JUA07536_1.JPG Z JTesone
Ceci no para. Recibe más productos de cocina y se pone a organizar las porciones. Tiene mucha facilidad para hacerlo, los años le dieron la disciplina. Y aunque reconoce que a veces también le toca recibir quejas o reclamos, prefiere aferrarse a aquellos que le muestran gratitud y valoran todas las horas que dedica de su vida.
«Prácticamente, estoy todo el tiempo acá. Vivo más acá que en mi casa. Ahora estamos acá todo el día, antes trabajamos de lunes a viernes, ahora el fin de semana también. Pero si un día no vengo a trabajar es como que pierdo mi rutina, el de atender a la gente y estar acá, pase lo que pase», finaliza.
En la capital correntina, los últimos registros de la Prefectura Naval Argentina (PNA) marcan que hay un nivel de evacuación estacionaria. El domingo, el río Paraná en Corrientes alcanzó los 7,35 metros, muy por encima del nivel de evacuación de 7 metros, según los datos oficiales.
Solo quedan algunas porciones de las grandes playas frente al puente Corrientes-Resistencia. La Municipalidad de Corrientes cortó algunos accesos a la costanera por previsión.
En los barrios como el de Ceci es donde más se ve el efecto del agua. Por eso, la familia Bernié no pierde el tiempo: se distribuye entre cajas y ollas, dispuesta a lograr el objetivo un día más.
Corrientes. Enviada especial









