los motivos detrás de una relación estratégica

los motivos detrás de una relación estratégica

Joven, con abundante pelo negro, un bigote tupido y una remera azul con una leyenda amarilla que no admitía dobles lecturas: “Xeneize”. Así fue la primera aparición televisiva de Claudio Tapia. Ocurrió durante un partido entre Badajoz, el fallido proyecto español de Marcelo Tinelli, y Mérida. Por entonces, Chiqui formaba parte del gremio Camioneros, ya estaba casado con Paola Moyano, hija del líder sindical Hugo, y no ocultaba su fanatismo por Boca. Fue unos años antes de desembarcar en Barracas Central, que militaba en la Primera C.

Pero el deseo del presidente de la AFA no responde solamente a aquella pasión azul y oro que nació en San Juan, donde llegó al mundo el 22 de septiembre de 1967. También hay una razón política: Tapia necesita que la gestión de Juan Román Riquelme sea exitosa después de tres temporadas marcadas por las frustraciones deportivas.

La primera razón es que Riquelme constituye un aliado estratégico y la Bombonera es una de las pocas canchas donde Tapia suele estar a salvo de los insultos. Hubo una excepción: el amistoso de la Selección contra Mauritania, previo al Mundial, cuando el presidente de la AFA le entregó una plaqueta a Román. No pasó inadvertido el “Chiqui Tapia botón” que bajó de las tribunas, justamente en un escenario que consideraba favorable y en torno al seleccionado con el que conquistó la Copa del Mundo en Qatar 2022.

La segunda razón es el enfrentamiento cada vez más profundo con River. Tapia necesita de Riquelme para dividir las aguas, justo cuando la dirigencia millonaria construyó un frente con Juan Sebastián Verón para exponer las contradicciones de un fútbol argentino atravesado por campeonatos multitudinarios, espasmos reglamentarios, arbitrajes sospechados y denuncias de corrupción. Ese sector también reclama cambios que modernicen la competencia, con un torneo más parecido a las grandes ligas europeas y capaz de generar mayores ingresos.

El respaldo de una parte de los hinchas de Boca representa para Tapia un contrapeso al rechazo mayoritario que encuentra entre los simpatizantes de River. Así se interpreta la estrategia del dirigente que gobierna la AFA desde Viamonte 1366, aunque su administración también trasladó formalmente la sede a Pilar, en medio de la disputa con la Inspección General de Justicia por el cambio de jurisdicción. Para que a Román le vaya bien, Boca necesita ser campeón. Sobre todo porque los cuestionamientos internos no desaparecieron.

Hoy, con Boca a punto de quedarse con la Liga a través de la Tabla Anual, clasificado a los playoffs del Torneo Clausura, en las semifinales de la Copa Argentina y en la final de la Sudamericana, casi nadie repara en la debacle del primer semestre, que hizo añicos la ilusión de conquistar la Libertadores. Los hinchas no olvidan, como tampoco quedaron atrás las quejas por la mudanza a Huracán y los problemas que generó entre los abonados. Sin embargo, al ritmo de los buenos resultados, todo parece haber pasado a un segundo plano.

En ese escenario, el cierre de 2026 resulta decisivo para Riquelme, que todavía sueña con una cosecha de hasta cinco títulos, incluido el Trofeo de Campeones si gana el Clausura y enfrenta a Belgrano. En 2027 habrá elecciones y el oficialismo tendrá enfrente una oposición numerosa. Ya se lanzaron Walter Klik, vinculado a Patricia Bullrich; Fran Quintana, funcionario del Gobierno porteño; Diego Lajst, empresario y ex protesorero de Daniel Angelici; Horacio Paolini, ex vicepresidente de Boca; Carlos Abriata, empresario salteño vinculado a servicios tecnológicos para FIFA y Conmebol; y Jorge Reale, empresario publicitario.

La mayoría podría confluir detrás de José Beraldi, histórico dirigente y ex vicepresidente de Boca entre 2008 y 2011, quien todavía no anunció su candidatura. Incluso Abriata, que se presenta como un outsider, podría integrarse a ese frente. La excepción sería Reale, que en la Asamblea del 29 de octubre votó con el oficialismo y podría competir como una tercera alternativa. Algunos sectores opositores lo observan como una posible colectora del riquelmismo.

Los fallos que favorecieron a Boca en este campeonato se sucedieron en algunas fechas de este campeonato, pero todavía están frescos los últimos tres Superclásicos, todos con triunfos xeneizes, donde se dieron situaciones polémicas. Un empujón de Milton Giménez sobre Paulo Díaz en el inicio de la jugada que derivó en el gol de Exequiel Zeballos en noviembre de 2025. Un penal no cobrado de Lautaro Blanco sobre Lucas Martínez Quarta en abril de este año. La diferencias de criterio entre la expulsión de Gonzalo Montiel y la roja que Nicolás Ramírez omitió del propio Blanco. También, un posible penal sobre Nicolás Otamendi en el que tampoco aplicó la misma vara de otros partidos, por ejemplo en Huracán-River o Banfield-Lanús.

Federico Beligoy, el jefe de los árbitros, también tiene un pasado xeneize. Tal cual publicó Clarín, le decían el Gordo Fede en Villa Ballester y paraba cerca de La Doce del Abuelo. Pero como Tapia, lo que pesa es el contexto político y es funcional al poder, más allá de que en los últimos meses empezó a circular el nombre de Pablo Dóvalo, que se retirará a fin de año, para reemplazarlo.

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