una variante de la natación deportiva que también es un estilo de vida

una variante de la natación deportiva que también es un estilo de vida


En su largo regreso a Ítaca, uno de los más famosos obstáculos con los que se encuentra Odiseo es el hipnótico canto de las sirenas que, mitad mujer, mitad pájaro, hechizan a los navegantes con sus voces melodiosas. Muy lejos de la mitología, en una mañana porteña de domingo, otras sirenas mueven sus colas coloridas al borde de una pileta. Magenta, naranja en degradé, negra con escamas marcadas en turquesa. No hay cantos mortíferos, hay música, chapoteos, risas y un grito en conjunto que da la bienvenida al encuentro de Sirenismo en Argentina.

“Acá se tienen que transformar en lo que quieren ser”, dice enérgica Yasmín Chiodín Ugarte, también conocida como @sirenade7mares y una de las coordinadoras del evento que invita a alrededor de treinta personas a probar en el natatorio de Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque (GEVP) el mundo del sirenismo (o mermaiding, según su nombre en inglés), que lejos de ser un juego o una mera invitación a disfrazarse, se trata de un deporte que combina natación, apnea y nado sincronizado. Aunque según Yasmín es mucho más: “Es un estilo de vida”.

El descubrimiento del sirenismo fue un antes y un después para Yasmín, de 38 años, que muestra orgullosa una larga cicatriz en la espalda resultado de una operación que le hicieron hace tres años para ponerle correctores de columna.

Yasmín tuvo que dejar su trabajo como manicura, pasó seis meses en cama hasta que pudieron juntar el dinero para pagar la cirugía y después hacerle frente a un cuadro depresivo. “Tuve que empezar de vuelta, volver a aprender a caminar, todo. Y el médico me dijo que no podía hacer deportes con impacto. Me costó mucho volver a encontrarme conmigo”, relata. Hasta que un día vio en Instagram a alguien que estaba haciendo el curso de sirena.

Yasmín se anotó en ese y todos los cursos que encontró después hasta que se recibió de instructora y obtuvo el certificado de mermaiding. Pero no se conformó solo con eso y ahora abrió en GEVP su centro de entrenamiento de sirenas que funciona de lunes a viernes. “Cuando te certificás te dan un papel, ¿y qué hacés con eso? Tenés que entrenar y no lo podés hacer en cualquier pileta. Y yo quería seguir moviendo la cola con otros”, dice.

Monoaletas importadas

Con reggaetón de fondo, el encuentro de sirenismo empieza con estiramientos al borde de la pileta y se practica la ondulación que será necesaria dentro del agua. Similar a la onda de mariposa en la natación, el movimiento para desplazarse, explican, sale del core (tronco y cadera) y no de flexionar las rodillas. Los brazos estirados o la cabeza son el “timón” que marca la dirección del nado. Y la respiración profunda y calma son centrales para permanecer bajo el agua, pero eso ya en un nivel más avanzado.

Giuliana, conocida en redes como @sirena.nela, se mete a la pileta y hace una demostración: con el brazo izquierdo estirado y el torso de costado, hace una onda sutil, corta y sin salpicar pero que le permite surcar el agua veloz y con fuerza gracias a la monoaleta que lleva en sus pies. La monoaleta es como una pata de rana (que son bi-aletas) gigante con espacio para poner ambos pies y que, al barrer más cantidad de agua, brinda mayor impulso. Al ser importado, es el elemento más difícil y costoso de conseguir. Para el encuentro, los integrantes de Sirenismo en Argentina estuvieron durante meses juntando el dinero para tener al menos una monoaleta para cada asistente.

Todos nos dejamos avasallar en el día a día, pero acá la cosa es conectar con uno mismo.

Yasmín Codín UgarteCoordinadora

Yazmín Chiodín Ugarte, alias @sirenade7mares. Foto: Y. Ugarte y @sirena.nela.

Giuliana-Nela trajo sus monoaletas en una mochila que mandó a confeccionar especialmente. El calce de la monoaleta, explica, tiene que ser justo y hay de distintos materiales. Una de las que trajo es de fibra de vidrio; otra de plástico con bordes de silicona, ambas hechas para practicar mermaiding y que se consiguen en el exterior por no menos de cien dólares, sin contar el envío. Las monoaletas para buceo no son las más recomendadas por su rigidez, pero en la Argentina se consiguen por alrededor de 200 mil pesos.

Una vez que tiene puesta la monoaleta, la sirena o el tritón puede nadar así o completar el look poniéndose la cola de sirena que cubre el elemento y llega hasta la cintura. “En 2019 me había comprado mi primera monoaleta y quise hacerme mi propia cola de sirena. Conseguí una tela símil neoprene y empecé a mirar tutoriales en Internet. Y como no conseguía lentejuelas que se parecieran a las escamas, me puse a cortar botellas de plástico para hacerlas. ¡Pesaba un montón y encima la tela absorbía el agua! Pero fue un camino de ida, cuando te ponés a buscar se abre todo un mundo”, recuerda Giuliana-Nela que, además, es actriz.

Las colas se pueden confeccionar de forma artesanal o comprar en lycra. Luego hay colas híbridas, hechas de tela y silicona, y las profesionales, mucho más costosas, hechas completamente de silicona, confeccionadas a medida y que requieren mayores cuidados para mantenerlas en condiciones.

“Esas llegan a pesar entre 20 y 30 kilos. Tienen flotabilidad negativa, te hunden. Son solo para profesionales y tenés que tener un muy buen estado físico para salir a la superficie y respirar”, indica Yasmín.

Irene, a la que apodan “Chimichurri”, tiene una cola de tela negra con escamas marcadas en turquesa, a juego con su remera y unos guantes-membrana celestes. Ella tenía miedo a la profundidad hasta que hizo el curso de sirena con Yasmín. “Hoy puedo ir hasta abajo y me resulta relajante”, dice y cuenta que gracias a su sirena, Domaris Coralia, “puede conectar a través del agua” y calmar la ansiedad y que su sueño es ser instructora de mermaiding, al igual que Yasmín.

Una de las asistentes de la escuela de sirenas de GEVP.Una de las asistentes de la escuela de sirenas de GEVP.

Soñar con ganar un Mundial

Irene se queda en la parte más honda de la pileta junto a otras sirenas con experiencia y hacen ejercicios como buscar objetos en el fondo, o elegantes roles para atrás o adelante, y posar en un inflable con forma de ostra gigante blanca.

Los principiantes están en la parte baja y sentados en el borde de la pileta. Deben meterse con el ingreso controlado, que consiste en apoyar ambas manos al costado del cuerpo para impulsarse y, en un giro, quedar de pie adentro del agua. Con tablas en mano, tienen que practicar cruzar al otro lado haciendo la onda que aprendieron durante el estiramiento. Primero boca abajo, después boca arriba, del lado derecho y del lado izquierdo.

“¡No doblen las rodillas, no me hagan gusanito!”, les recuerda Yasmín, que vigila a todos sus alumnos con la ayuda de Giuliana, se para cerca de los que tienen más dificultades, los corrige y los alienta.

Los encuentros de sirenismo empezaron como una forma de “juntarse a mover la cola” por una tarde. Pueden ir tanto personas que tengan el certificado de mermaiding como quienes tienen un conocimiento básico de natación. Tampoco hay límite de edad y en la actividad de GEVP hay solo dos niñas en medio de una treintena de adultos.

Eliana cuenta que su hija, Abril, de 11 años, le dijo que quería ser sirena después de haber visto La Sirenita. “Uno como padre piensa que es algo del momento, pero no fue así. Ella seguía insistiendo en ser sirena y cuando tenía 5 años le conseguí su primera monoaleta. Quería hacer su sueño realidad y de ahí no paró”, afirma.

Abril, que adoptó Nérida como su nombre de sirena, viste su propio traje negro y rojo, se mete a la pileta y se pone a nadar con más confianza y seguridad que otros participantes. “Nosotros vinimos al primer encuentro y descubrimos una familia, encontré a quienes entienden el sueño de mi hija y que, además, la cuidan”, dice Eliana.

Ellos lo ven como algo infantil y nada que ver. A mí me encanta nadar, vi el evento en Instagram y me anoté.

Ese primer evento se hizo en Ezeiza a principios de 2024 y en la actualidad el objetivo del grupo es poder repetirlos una vez cada uno o dos meses y llevarlos por distintos puntos del país. “A mí me gusta unir”, dice Yasmín. Después de certificarse en mermaiding, empezó a escribirle a través de Instagram a otras cuentas de sirenas y tritones para formar un grupo de Whats-App de alrededor de 30 personas y que en la actualidad tiene cinco administradores: ella; Giuliana-Nela; Nicolás-Aquiles, el tritón de La Matanza; Paula Olmedo, de Esquel y más conocida como @unasirenaenelsur, y Natalia, @lana.the.mermaid.

“Yo tengo una conexión muy fuerte con el agua desde chiquita”, asegura Natalia, que dio sus primeros pasos en la cocina de un pesquero en el que trabajaba su papá, oficial de la Prefectura Naval, y conserva dibujos de la infancia en los que se retrató como una sirena. Ella se recibió como Marina Mercante y trabajó en la industria de los yates privados en distintos lugares del mundo, donde estudió buceo y descubrió el mermaiding. Gracias a sus marcas de ropa y cosmética, Espíritu de Sirena y Ocean Skin, conoció a Yasmín.

Para el evento, Natalia-Lana llevó algunos de los accesorios sireniles que vende, como hebillas con forma de estrella, vinchas, collares y una enorme corona que se van a calzar muchas de las que asistieron a la actividad para posar sobre otra ostra inflable con un look completo de sirena.

Cuando Silvia, de 57 años, le dijo a su familia que iba a ir a un encuentro de sirenismo no lo podían creer. “Ellos lo ven como algo infantil y nada que ver. A mí me encanta nadar, vi el evento en Instagram y me anoté. Me animé, no tengo prejuicios”, dice. Lo que le resultó más difícil fue “no poder mover las piernas” porque “es algo completamente diferente” a los ejercicios de natación o el gimnasio.

Giuliana, conocida en redes como @sirena.nela.Giuliana, conocida en redes como @sirena.nela.

“Todos nos dejamos avasallar en el día a día, pero acá la cosa es conectar con uno mismo. Para muchos, los encuentros son vivir una experiencia y listo, pero para otros no, quieren más y se ponen a hacer los cursos”, señala Yasmín y remarca que su deseo es que cada vez haya más sirenas certificadas para que Argentina pueda participar en competencias internacionales, como las Merlympics, las Olimpiadas Mundiales de Sirenismo, que se realizan desde 2015, donde los equipos deben demostrar destreza, remolque para rescates y coreografías como las de nado sincronizado.

El final del encuentro, principiantes y avanzados se entreveran en la pileta. Amigos, parejas o quienes vinieron por su cuenta se mezclan, se intercambian las distintas monoaletas, se prueban las colas de sirena, nadan de un lado a otro, entran y salen del agua y charlan en medio de una anarquía acuática. El ruido feliz llena el natatorio en un canto al que nadie se podría resistir.

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