La llegada de la primavera trae consigo un cambio de energía que también se refleja en la moda. La paleta de esta temporada se inclina hacia tonos frescos, suaves y vitales que buscan transmitir optimismo y ligereza. Los diseñadores y las marcas coinciden en que el color será protagonista, no como un detalle aislado sino como un lenguaje visual capaz de transformar cualquier look. Dentro de esta propuesta destacan cinco tonos que se consolidan como esenciales: rosa bebé, naranja, celeste bebé, amarillo manteca y mostaza.
El rosa bebé aparece como uno de los grandes favoritos. Asociado a la dulzura y a la calma, se convierte en un aliado para quienes buscan un aire romántico sin caer en lo empalagoso. En vestidos vaporosos, camisas de seda o accesorios minimalistas, el rosa claro logra equilibrar lo femenino con lo sofisticado. Su fuerza radica en la versatilidad: puede integrarse tanto en un conjunto monocromático como en contraste con tonos más intensos.
El naranja se instala como el contrapunto vibrante. Conocido por transmitir vitalidad y confianza, este color funciona como un llamado de atención dentro de la paleta. Se lo ve en trajes sastre de corte moderno, tops asimétricos y bolsos de formato arquitectónico. La apuesta por el naranja refleja una necesidad de salir de lo clásico y explorar una moda más audaz, capaz de expresar carácter sin recurrir a excesos.
El celeste bebé aporta un aire nostálgico que remite a la serenidad del cielo claro. Su aparición en prendas livianas y tejidos delicados refuerza la idea de frescura y renovación. Funciona bien en blusas, pantalones amplios y vestidos de línea simple, donde su suavidad resalta la pureza de las formas. Este tono se percibe como una alternativa elegante al blanco y al gris, ya que ilumina sin resultar frío.
El amarillo manteca irrumpe con un perfil más discreto dentro del espectro de los amarillos. De carácter cálido y aterciopelado, transmite luz sin llegar a la estridencia. Favorece especialmente en prendas de lino, algodón y tejidos naturales, donde su tonalidad resalta las texturas. El amarillo suave se adapta a contextos urbanos y también a un estilo más relajado, lo que lo convierte en un color estratégico de la temporada.
El mostaza, por su parte, ofrece una interpretación más madura del amarillo. Con una profundidad que lo distingue, este tono se consolida como un básico moderno. En blazers, pantalones de sastrería y faldas midi, suma un toque de sofisticación y se combina con facilidad con neutros como el beige, el blanco o el negro. La clave de su atractivo está en la capacidad de aportar calidez sin perder sobriedad.
La interacción entre estos colores marca una narrativa donde lo suave y lo intenso conviven en equilibrio. Rosa y celeste ofrecen calma; naranja, vitalidad; amarillo manteca, delicadeza; y mostaza, solidez. La moda de esta primavera propone abandonar la rigidez de las temporadas anteriores para abrazar una paleta que refleja movimiento y esperanza.
Más allá de las tendencias pasajeras, el interés por estos tonos revela un cambio en la manera de entender el vestir: ya no se trata solo de seguir una moda, sino de elegir colores que transmitan emociones y acompañen estados de ánimo. Esta primavera invita a mirar el guardarropa como un espacio de experimentación cromática, donde cada prenda es una oportunidad para expresarse a través del color.
Esta producción se realizó con obras de María Inés Haas, una de las artistas contemporáneas del momento. Realizó una muestra individual en el Museo L’Alcudia de Elche, España. Recientemente expuso en la Galería Azur Uruguay (Montevideo) y en BADA (Buenos Aires) y también participó en ferias en Madrid y México. Su obra forma parte de colecciones privadas en Berlín, París, Miami, Los Ángeles, Toronto, Zúrich, San Pablo, Punta del Este, Buenos Aires, entre otras ciudades. Trabaja pintura y escultura con un estilo multicolor y una impronta inconfundible.
Agradecimiento: A María Inés Hass por su obras y al espacio Pasado Imperfecto por la locación. Instagram: @haas.arte y @pasadoimperfecto
Producción: Sonia Lifchitz Fotos: Esteban Leyba










