River estaba atrapado y parecía no encontrar la salida. Pero vio una luz en la oscuridad del laberinto. Y se aferró a la posibilidad de un triunfo ante Racing, de esos que valen más que una clasificación porque permiten visualizar el futuro de otra manera. Ahora, mientras el Millonario todavía disfruta de haber vuelto a pisar fuerte en un partido importante, de sacar a relucir la historia y la paternidad sobre La Academia, el interrogante pasa por saber si la victoria en Rosario puede ser un punto de inflexión y oficiar de despegue para que Marcelo Gallardo le encuentre al equipo esa identidad que está buscando desde que regresó.
Hay alivio en el campamento millonario tras el triunfo a Racing. El complejo de Cardales volvió a ser ese espacio donde el Muñeco y compañía encontraron paz espiritual y mental. Es que fueron días bravos para el entrenador y su plantel después de la eliminación en la Copa Libertadores con Palmeiras y la vergonzosa derrota con Riestra en el Monumental, que se sumaron a las pálidas que vino acumulando River en el último tiempo.
“Necesitábamos jugar el partido con una fuerte mentalidad porque veníamos de algunos cachetazos de resultados que nos habían pegado y vos tenés que reponerte. ¿Cómo? Te levantás y te aguantás el cachetazo, apretás los dientes y te repones. Hoy teníamos que estar así. Por eso destaco esa mentalidad para jugarlo”, expresó Gallardo, quien se refirió a la victoria “emocional” de su equipo.
Esa puede ser la síntesis perfecta del andar de sus jugadores en el campo de juego del Gigante de Arroyito, donde, esta vez, no importaron las formas ni que la posesión de la pelota fuera menor al 40%, ni las culturas futbolísticas. River necesitaba ganar y después de salir con todo a jugar el partido, con mucho ímpetu, hizo un gol tempranero y se aferró a esa mínima diferencia para sostenerla con bravura y presencia, algo que le venía faltando a esta versión del equipo de Gallardo y que se le venía cuestionando.
Esta vez a River no se lo llevaron por delante. Y no pudieron ganárselo de guapo. Todo lo contrario. El que salió fortalecido en el juego de batallar fue el conjunto de la banda roja, que en Arroyito se vistió de negro y rojo a rayas verticales ya que utilizó una de las camisetas alternativas.
“Cuando venís de una seguidilla de malos resultados, no hay que perder la confianza y el lado positivo. Cuando las cosas no vienen bien, no hay que volverse locos o entrar en un conflicto de desequilibrio emocional, te tenés que aislar de todo lo que contamina y seguir enfocado en el trabajo. No es un falso positivismo, es algo en lo que yo creo y mientras yo esté convencido del lugar hacia donde vamos, eso para mí es suficiente. Convivo con los errores todo el tiempo, eso me nutre y me da más fuerza para advertir la situación”, manifestó el oriundo de Merlo.
Y agregó: “¿Cómo se sale de estos momentos? Haciéndose cargo y siendo responsables de que la situación tenía que cambiar. Cuando liderás desde el no conflicto para adentro, es mucho más sano y las herramientas las vas encontrando. El partido era importante para nosotros para mostrar lo que se vio. Tenemos que hacernos fuertes en esto. Las situaciones adversas las tenés que atravesar poniendo el pecho y jugando como se jugó ante Racing. Marcamos una diferencia y defendimos con actitud. Tuvimos huevos para sostenerlo. Y eso está bueno porque estos partidos también se ganan así. Para algunos, será un sabor a poco, pero vale mucho para nosotros”.
De esa manera, en la previa de este duelo trascendental, Gallardo apeló a rescatar ese espíritu combativo que tuvieron sus equipos en su primer ciclo. Y también a corregir cuestiones futbolísticas. Como por ejemplo, la marca en las pelotas paradas, que cambió de hacerla en zona a ir al hombre.
“En los últimos partidos nos hicieron goles de pelota parada, quedó reflejado y tuvimos que cambiar. Fuimos al hombre. Cuando las cosas no dan resultados hay que cambiar. Es simple. Uno intenta corregir desde lo que observa y los comportamientos. Después, los jugadores toman esa postura para replantearse cosas y defender de otra manera», señaló el entrenador.
Y también tomó decisiones en el armado del equipo. Ya había sacado a Enzo Pérez, quien igual no podía jugar ante Racing porque tiene siete puntos de sutura en la rodilla izquierda, lo dejó en el banco a Paulo Díaz y le devolvió la confianza a Facundo Colidio, quien fue nuevamente titular para armar el 4-3-3 con el rubio por la izquierda del ataque, Maxi Salas por el centro y Juanfer Quintero por derecha.
Con el partido empezado, hizo ajustes que también fueron claves. Cuando vio que Racing lo complicaba con pelotazos largos, mandó a Portillo (volante central) a meterse entre los marcadores centrales y al observar que podía quedar en inferioridad numérica en el medio y perder las segundas pelotas, mandó a la cancha a Nacho Fernández para agruparlo con Kevin Castaño y Giuliano Galoppo y ocupar espacios para que Racing no lo llenara de centros, por más que haya tenido que resignar juego con la salida de Juanfer.
Por último, hubo una buena administración del tema Salas. “Tratamos de no invadirlo, de no llenarlo de cosas, de no someterlo, darle su espacio y confianza. Que lo tome como un partido más. Tratamos de acompañarlo en ese proceso antes del partido”, contó el Muñeco. Y Salas fue el héroe del triunfo.
Ahora, habrá que ver si este partido oficia de despegue para River. Como alguna vez pasó con la final de la Supercopa Argentina que le ganó a Boca en Mendoza, en marzo de 2018, tras una crisis futbolística. El contexto es diferente, está claro. Pero River, como en aquella oportunidad, tenía que tener una muestra de carácter, asomar la cabeza, inflar el pecho y sacar a relucir ese orgullo que estaba herido. Y lo hizo.










