Todos los años, a fines de septiembre y principios de octubre, miles de creyentes de distintas edades, costumbres y provincias de distintos puntos del país, se movilizan desde Liniers hasta la Basílica de Luján.
Las “paradas obligatorias” son: Morón, Merlo, La Reja y General Rodríguez. Entre estas últimas dos, los más cansados frenan en Moreno. En esos puntos los peregrinos se detienen a hidratarse, comer algún alimento con azúcar o sal, cambiar de medias por unas secas (para evitar la formación de ampollas) y darse fuerzas para seguir en lo que resta del camino.
Aunque la distancia en los mapas marca 61 kilómetros, los pasos de los caminantes pueden variar según las necesidades y las situaciones que se presenten en el momento. Hay quienes transitan la jornada con parroquias o grupos de apoyo (algunos formados por voluntarios de Scouts). Suelen frenar dentro de las distintas localidades. Algunos, inclusive, se adentran hasta diez cuadras, donde micros de apoyo los esperan para buscar abrigo y alimento.
Otros, caminan sin un plan de ruta, a sensaciones y preguntando sobre la marcha. De zapatillas deportivas, pero también de ojotas o crocs. Con sombrero o con anteojos, o con un pañuelo improvisado con una remera. Se ven banderas, plegarias, afirmaciones, intenciones materializadas en papeles firmados a puño y letra. Objetos simbólicos como rosarios, estatuas de todos los tamaños o remeras intervenidas con fotos y frases. Todo esto, también es la caminata.
Llegando a Morón, Esteban Medrano, un tucumano que actualmente vive en Mataderos, camina para agradecer el nacimiento de su hija: “Pasó mucho tiempo y ahora tengo que hacerlo de vuelta para cumplir lo que en realidad se me dio, que nazca sana”. La particularidad de su historia es que su hija, Iara, nació en 2002, y por cuestiones de la vida, veintitrés años después peregrina para agradecer.
Artesano de oficio, se dedica a la marroquinería hace más de 30 años y pide por el país: “Todo lo que es producción nacional está horrible”, expresa, y no se cohíbe al opinar que desea otro gobierno para Argentina. “Por toda la gente que no llega, que no le alcanza el dinero, que se queda sin trabajo o que tienen que sacar los a chicos de los colegios”. Por eso también camina.
Brian y Belén celebran el amor en la Peregrinación a Luján 2025. Pasando Castelar, con un parlante bajo el brazo y un estabilizador para celular en otro, Brian Nieto camina sonriente mientras escucha Esto Que Soy, una canción de la Iglesia en versión cuarteto que reformó “para ponerle alegría”.
No va solo en el camino: lo acompaña su novia Belén, a quien conoció en la Pastoral de la Juventud Argentina, una organización nacional que nuclea a jóvenes de todo el país. Su historia en la Peregrinación es de amor: “seguimos caminando, si Dios quiere a casarnos cuando Él lo disponga”.
David camina para cumplir con su promesa de dejar las drogasCerca de Brian, camina David Camacho Cruz, vecino de Ensenada. Lo mueve una causa distinta: dejar la droga por completo. Empezó a caminar el año pasado y pidió por un cambio personal. La contrapartida fue una promesa de tres años, que empezó el año pasado y todavía intenta cumplir. En el medio, consiguió trabajo y su salud empezó a mejorar.
“Esta es la segunda [caminata], me falta una más. La última vengo con toda mi familia”, dice, con su mujer que camina a su lado.
Azul, de la comunidad 111 de Asociación Guías Argentinas, junto a un peregrino. En la “Pere”, además de los miles de fieles, participan organismos municipales de las ciudades del recorrido para la asistencia en puntos de apoyo, y universidades como la Universidad Católica Argentina (UCA) organizan y suman a la comunidad universitaria.
Otras, como Guías Argentinas, ofrecen apoyo logístico y solidario a lo largo del trayecto. En Ituzaingó, grupos de niños voluntarios reparten agua, que los caminantes beben o usan para mojarse la cabeza y así aminorar la sensación de calor.
Peregrinos del país acercan sus intenciones y las de su familia a la Virgen en LujánCon el sol iluminando la mojada de lágrimas o los rostros sonrientes de quienes caminan hacia María, se escucha música religiosa. Después, géneros más rítmicos como una cumbia o un cuarteto para levantar el ánimo. Los reyes del cuarteto, Los Tabaleros, Los Huayra, son algunos de los más populares.
Al caer la tarde, ocurre una locura: pelotones de gente caminan una al lado de la otra (ya cual zombi) convocando el silencio. Personas que intencionan y le hablan a la Virgencita con plegarias. Rezos al son de “Dios te salve, María”.
Madre e hijo se funden en un abrazo al encontrarse en La Reja.A toda hora, llegan a la Basílica de Luján peregrinos que entienden esta movilización como una jornada que va más allá de los medios necesarios para transitarla.
Las personas caen rendidas de rodillas para, finalmente, rezarle a la Virgen. Muchas personas no llegan al altar físico y permanecen rezando, visualizando o sacando una foto a María desde su lugar.
En la Caminata a Luján 2025, peregrinos llevan objetos y símbolos religiosos.
Un hombre llora en brazos de una mujer al llegar a la Basílica.La 51° Peregrinación Juvenil a Luján fue otra prueba de que la fe moviliza multitudes, y que con una idea en mente y corazón, se puede llegar a destino. Quizás, la mejor forma de entenderlo es viviéndolo.
Por Manuela Herzel (alumna en la Maestría en Periodismo UdeSa-Clarín)










