Para la RAE «judío» sigue significando avaro o usurero y según su director «el uso de la lengua lo decide el pueblo»

Para la RAE «judío» sigue significando avaro o usurero y según su director «el uso de la lengua lo decide el pueblo»

En el plenario público extraordinario de la Real Academia Española, que tuvo lugar el último jueves con motivo de la apertura del curso académico 2025-2026, el director de la institución, Santiago Muñoz Machado, vertió conceptos sobre el uso de la lengua y de las supuestas injerencias que algunos poderes gubernamentales buscan para modificarla.

Su discurso tuvo lugar cuando se cumplen 13 meses desde que un juez argentino, Ariel Lijo, exigiera mediante un fallo que el organismo rector de la lengua en castellano quitara del diccionario la quinta acepción de la palabra “judío”, cuya definición es (se aclara, como uso ofensivo) avaro o usurero.

Muñoz Machado evitó una alusión directa a ese entredicho por la acción judicial que nunca se cumplió. Y sobrevoló el tema cuando argumentó: “El uso de la lengua lo decide el pueblo y las academias fijan sus normas derivadas del uso real y comprobado de nuestro idioma”. Un idioma que hoy utilizan 600 millones de hablantes en todo el mundo.

El director de la RAE agregó que “a nadie se le ha ocurrido hasta hoy fijar la gramática por decreto o someter el diccionario al capricho gubernamental”. Lo cierto es que la orden judicial emanada desde Buenos Aires en septiembre de 2024 no ha derivado en modificación alguna del diccionario que cualquiera puede consultar online, para corroborar que todo sigue igual que entonces.

Incluso, derivado de judío aparece otra palabra a la que Lijo en su momento no hizo referencia en su fallo, y que es “judiada”, cuyo significado se define como “mala pasada o acción que perjudica”. Con la aclaración -siempre existe la aclaración- de que originalmente esa expresión se utilizó con intención antisemita.

Dichas palabras no son las únicas que pueden resultar inaceptables para una colectividad. Cuando se busca la palabra “gitano”, la quinta acepción es “trapacero”, cuyo significado es “estafador, timador, tramposo, embaucador”, con la debida aclaración de que ese uso es ofensivo o discriminatorio.

La argumentación del director de la RAE sobre el uso de la lengua no aplica en todos los casos. Por ejemplo, el uso ofensivo y prejuicioso que se hace de la palabra “gallego” en Argentina -y que María Rosa Lojo estudió en profundidad en un libro de 2008 editado en España-, vinculado al estereotipo de alguien bruto, tozudo, ingenuo o torpe, no aparece en el diccionario de la RAE. En este caso la quinta acepción se limita a la sinécdoque: “Dicho de una persona: nacida en España o de ascendencia española”.

Transcurrido más de un año desde el fallo de Lijo, fuentes oficiales de la colectividad judía en Argentina respondieron a Clarín que no han tenido novedad alguna sobre esta demanda en la que han sido motores activos para lograr la sentencia judicial, y confirmaron que todo sigue, de alguna manera, “como cuando llegaron de España”.

Este medio también recurrió a fuentes oficiales de la RAE para tener una respuesta de Muñoz Machado sobre el curso que ha tenido la orden judicial desde que fue dictada hace más de un año, pero los voceros consultados no respondieron el requerimiento.

La cuestión sobre la responsabilidad de la RAE sobre el lenguaje es objeto de debate y es clara la posición de su actual director. Postura que, aunque no sea la intención institucional, da lugar a que por ejemplo en las redes sociales haya mensajes que aprovechan explícitamente el aval de la RAE para justificar el uso de “judío” en sentido ofensivo, con lo que el circuito entre lengua y registro se retroalimenta.

Muñoz Machado, que hace pocos días tuvo en el Congreso de la Lengua Española una fuerte discusión pública con el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, cuando éste lo acusó de “catedrático de derecho administrativo experto en llevar negocios desde su despacho para empresas multimillonarias” -y provocó un enorme revuelo en España-, llegará en 2026 al final de su segundo mandato al frente de la RAE.

Es precisamente el año próximo el momento para cuando se anuncia la publicación de la XXIV Edición del Diccionario de la Real Academia Española. Habrá que esperar entonces para ver si esa nueva actualización, que siempre viene con modificaciones sobre la anterior (la última es de 2014), trae alguna novedad referida a la controversia generada por la palabra “judío”.

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