La Amazonia, más de seis millones de kilómetros cuadrados de selva tropical esenciales para regular la temperatura planetaria, es desde este jueves el epicentro del debate político y la negociación técnica sobre cómo afrontar la emergencia climática. El anfitrión, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, ha abierto en Belém, en la Amazonia, la cumbre de líderes previa a la cumbre climática de la ONU, la COP30, la de los negociadores. El veterano mandatario izquierdista ha hecho una defensa apasionada de la urgencia de combatir el cambio climático y a los negacionistas “para evitar el colapso”. “Las fuerzas extremistas fabrican mentiras para defender un modelo que perpetúa la degradación ambiental”, ha proclamado ante 53 jefes de Estado y de Gobierno que han acudido a la ciudad amazónica.
Pero entre ellos no están los líderes de cuatro de los cinco principales responsables del calentamiento global. Estados Unidos, que se ha dado definitivamente de baja de la lucha contra el calentamiento global, ni siquiera ha enviado una representación a la cita de este jueves, mientras China, India y Rusia participan con un menor nivel, es decir, ni presidentes ni primeros ministros. La Unión Europea es la única del quinteto que ha acudido con una representación robusta, que incluye Friedrich Merz (Alemania), Emmanuel Macron (Francia) y Pedro Sánchez (España). A ellos se les une Keir Starmer (Reino Unido).
El boicot de Estados Unidos a la lucha contra el calentamiento marca el arranque de la cumbre amazónica. Dos de los presidentes progresistas que han acudido a arropar a Lula, los presidentes Gabriel Boric, de Chile, y Gustavo Petro, de Colombia, han criticado de manera explícita al presidente Trump y su negacionismo. “Trump dijo en la ONU [en la Asamblea General, en septiembre] que el cambio climático no existe”, ha recordado el chileno. “Eso es mentira”, ha añadido contundente, destacando el riesgo que esa actitud entraña y reivindicando que los políticos se guíen por la ciencia.
El colombiano Petro ha afirmado que “el señor Trump está equivocado” y lanzado una alerta: “La ciencia anuncia el colapso si Estados Unidos no se mueve hacia la descarbonización de su propia economía. No es perforar, perforar, perforar, está 100% equivocado el presidente de Estados Unidos”.
Sin críticas directas a Trump, el primer ministro británico, Keir Starmer, ha ensalzado la ciencia como guía para la batalla contra el calentamiento global. También ha lamentado que el consenso alcanzado hace diez años por el Acuerdo de París, firmado en diciembre de 2015 en la capital francesa, haya saltado por los aires. Ha recordado que, entonces, las discrepancias se limitaban a la velocidad con la que había que actuar, mientras ahora la cuestión climática siembra la polarización. Pero ha advertido el laborista Starmer de los graves riesgos que conllevaría dejarlo para más adelante. “La inacción llevará a alimentos más caros, a mayores flujos migratorios y a un aumento de las amenazas a la seguridad nacional”. Para Starmer, invertir en la transición energética mejorará la vida de los trabajadores contemporáneos y asegurará el futuro de las próximas generaciones.
Aunque Lula anhelaba conseguir la presencia de su homólogo chino, Xi Jiping, en Belém, Pekín ha decidido enviar al número tres, el viceprimer ministro, Ding Xuexiang. Este ha reiterado que “los países desarrollados deben liderar la reducción de emisiones y la financiación” de la transición. Pero también ha hecho referencia a la guerra arancelaria emprendida por el presidente estadounidense contra el resto del mundo y la ha vinculado a la transformación necesaria para frenar el calentamiento global. “Necesitamos eliminar las barreras comerciales que están lastrando la transición verde”, ha afirmado en referencia evidente a Washington. América Latina, en general, y Brasil, en particular, es uno de los grandes terrenos de la batalla comercial y el pulso estratégico que libran las dos superpotencias.
Ding Xuexiang también ha sacado pecho del plan climático que acaba de presentar ante la ONU y que, por primera vez, compromete a China a recortes concretos de sus gases de efecto invernadero.









