Aquellos que piensen que la belleza es un pecado harían bien en poder hablar con el fantasma de Björn Andrésen, formado el pasado 25 de octubre a partir de los restos mortales de quien una vez fue llamado el niño más hermoso del mundo.
Portando una belleza digna de las obras de un Miguel Ángel o un Da Vinci, a los 14 años Andrésen interpreta en el filme de Luchino Visconti Muerte en Venecia a Tadzio, el adolescente que por su mera presencia lleva a la perdición al torturado protagonista encarnado por Dirk Bogarde. Björn se convierte en una estrella mundial, pero su vida será de todo menos feliz.
El 26 de enero de 1955, Barbro Elisabeth Andrésen da a luz a un niño que nunca conocerá a su padre. Poco después, Barbro vuelve a quedar embarazada de otro hombre y en diciembre, Björn tendrá una media hermana con la que compartiría su infancia. Barbro tiene un curículum interesante: poesía, periodismo, pintura y hasta modelaje para Dior. Pero también lleva una fuertísima y no tratada depresión.
Un día de 1965 acompaña a Björn y su hermana a tomar el micro para la escuela. Y desaparece. Finalmente, la Policía encuentra su cadáver en un bosque. Su familia nunca, pero nunca, la vuelve a mencionar. Björn se entera del destino suicida de su madre años después. Con las décadas, Björn confronta la verdad de los expedientes policiales, pero quedan muchos misterios por resolver. (No pudo hallar el nombre de su padre, por ejemplo.)
Esta tragedia lo marca por siempre. Escapa de una escuela de pupilos en Dinamarca y queda al cuidado de sus abuelos maternos. Su abuela pone su nombre en cualquier convocatoria a un espectáculo que requiera de un niño. “Ella quería una celebridad como nieto. Y todo de lo que yo estaba seguro era de que quería tocar música”, dirá Björn, entre muchas otras cosas, en el documental The Most Beautiful Boy, de 2021, que, en momentos casi de reality show, lo presenta como un hombre que lucha contra la depresión, que lo hace vivir en un estilo de suciedad y dejadez (su cubrecama se desintegra al intentar ser lavado por su novia).
Ella quería una celebridad como nieto. Y todo de lo que yo estaba seguro era de que quería tocar música.
Su primera aparición en cine había sido en la sueca En kärlekshistoria (Una historia de amor), exitosa película de 1970 en la que tuvo un rol pequeño. Y después, el casting que cambiaría su vida.
Visconti, prestigioso director italiano, tenía lazos con la nobleza, y aún así era comunista, además de homosexual declarado. Estaba realizando un scouting por Europa en busca de Tadzio, tratando de encontrar el joven con cabello de miel y otros atributos que había descripto Thomas Mann en su novela de 1912. Visconti había pasado años buscando esa belleza pura en Hungría, Polonia, Finlandia, Rusia… hasta que llegó a Estocolmo.
Según Visconti, Björn es el quinto (o quizá sexto) chico en presentarse ese día. Como dijo una asistente del director, ni bien Visconti ve a Björn, “se llenó de vida”. Le pide posar desde distintos ángulos. Mirar a la cámara. Descubrir su torso. Finalmente, quedar sólo en ropa interior. Visconti ha encontrado a su “ángel de la muerte”.
LuchinoVisconti y Björn Andrésen. En el casting, el director quedó deslumbrado por la belleza de Björn.La filmación corre por carriles normales. Björn recibe sólo cuatro instrucciones de Visconti: caminar, detenerse, mirar y sonreír. Tiene una institutriz. Su abuela está chocha: Visconti -para ganar sus favores- le da un cameo. Visconti deja bien en claro a la mayoría gay de su crew que no se les ocurra meterse con Björn,
El primero de marzo de 1971, el filme tiene su estreno mundial en Londres, con tanto prestigio acumulado por parte de Visconti que asisten la Reina Isabel y la Princesa Ana. En la conferencia de prensa, Visconti acuña la frase The most beautiful boy in the world, una bendición para Björn que no tarda en volverse carga.
Dos meses después, en una conferencia en Cannes, Visconti se jacta de no haber cedido con los productores que le pedían reemplazar al adolescente masculino por una chica. Una Tadzia, dice, no respetaría el mensaje de Mann. Pero en la conferencia también dice que Björn era aún más hermoso cuando lo conoció. “Ahora ha envejecido. Es demasiado alto, el pelo es muy largo. (…) Ahora es muy viejo.”
Dirk Bogard es Von Aschenbach, el compositor que queda deslumbrado ante Björn en Muerte en Venecia.Pero en Cannes todo se sale de eje. Por un lado, Björn se entera de que Visconti le había hecho firmar un contrato de exclusividad por tres años. Para peor, lo llevan a bares gay de Cannes. Su manera de sobrellevar una jauría de miradas lascivas es “beber, trago tras trago”.
Su próximo hogar, temporal, es Japón. Sin proponérselo, canta para la Sony en dos simples que fueron éxitos, sobre todo cuando uno fue utilizado en un comercial de chocolates. Vive escenas dignas de los Beatles: acoso de fans, tijereretazos para cortarle el pelo… Pero no puede desplegar sus notables talentos en el piano, para el que había recibido estudios formales: a los 17, interpretaba a Liszt sin problemas
Músico: otro destino y otra vocación que Bjorn Andrésen no pudo cumplir.Y en Japón sucede algo impensado: la belleza de Björn es una de las principales influencias en las artistas de manga y animé, con su tendencia a hacer esa particular imagen de occidentales con ojos grandes. La artista Riyoko Ikeda viene dibujando su belleza desde 1971, aproximadamente. Es decir, el arquetípico rostro de manga y animé, con grades ojos saltones y pelo largo le debe lo suyo a Björn.
Pero a la vuelta de Japón, en 1976, Björn, que había tomado clases con uno de los mejores profesores de piano de Suecia y ansiaba tener una big band al estilo de Duke Ellington, se ve presionado a seguir en el cine. Se va a París a realizar una película que nunca se concreta. “Puedo resumir mi carrera en una palabra: ‘caos’”, dirá décadas después.
Puedo resumir mi carrera en una palabra: ‘caos’”
Termina viviendo por un año del sex appeal de sus 21. No queda claro en sus relatos si hubo sexo, pero Björn tiene que soportar cartas y todo tipo de avances. “Me sentía un trofeo”, diría. “Era un objeto sexual, o, mejor dicho, un mero objeto”. Vuelve asqueado de todos, empezando por él mismo.
Björn Andrésen: al final de su vida, como anciano ermitaño, y en el clímax de su belleza como actor.Trata de desarrollar su carrera musical, pero para el ciudadano de a pie -si es que lo reconocen- es “El chico de”. Se casa en 1983 con la poeta Susanna Roman, con quien tiene a su hija Robin. Queda a cargo de un pequeño teatro en Estocolmo donde hace de todo: desde lavar los platos hasta dirigir.
Era un objeto sexual, o, mejor dicho, un mero objeto
Un segundo hijo, Elvin, debería haber llevado aún más felicidad. Pero entonces llega la tragedia. Una noche, sólo en la casa con un Elvin de tan sólo nueve meses. Björn se duerme borracho al lado del bebé. Lo despiertan los gritos desesperados de Susanna: Elvin no respira y está azul: síndrome de muerte súbita. Para Bjorn la verdadera causa fue “falta de amor”. La bebida aumenta. En 1987 el matrimonio sucumbe al -según en palabras de Björn- “inevitable divorcio”.
Bjorn Andresen en la película Midsommar de 2019, del director Ari Aster.Björn se va convirtiendo en ermitaño. Pasa décadas sin ver a su hija, sintiéndose incapaz de ser padre. Se deja el pelo y la barba blancos y largos, como Saruman, el personaje de El Señor de los Anillos. Se enoja cuando la feminista Germaine Greer en 2003 usa una foto suya para la tapa del libro The Boy, lleno de muchachos lindos. Pero no hay mucho que pueda hacer: el copyright -y la paga- es del prestigioso fotógrafo David Bailey.
En 2019, tiene un pequeño papel en la celebrada Midsommar: El terror no espera la noche, de Ari Aster. Este año, un cáncer se lo lleva en barca a dar un paseo sin vuelta. Björn Andrésen sostenía tener una fe inquebrantable en el más allá. Que así sea.










