Serena ambición. Tal es la expresión que Marcelo “Chelo” Cantón, director creativo de Mishka, atesoró un rato antes del encuentro con Viva. La frase se volvió la síntesis perfecta para dar cuenta del ímpetu que motorizó a la marca desde su fundación en 2001. Dice Cantón que, ya desde muy chico, en la casa de su familia, aprendió que el lujo es la calidad. Y esa convicción quedó reforzada cuando se cruzó con Diego Trivelloni en la carrera de Arquitectura en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU-UBA). Juntos iniciaron el derrotero que incluyó las vidrieras para la tienda Harrods y un estudio de imagen corporativa donde asesoraron a firmas nacionales e internacionales como la italiana Diesel.
Luego lanzaron Mishka, en la escena renovada del diseño de autor, cuando Palermo comenzó a postularse como el barrio de moda por antonomasia, con una impronta enfocada en la funcionalidad y no tanto en el ornamento. Al poco tiempo, se convirtió en la marca predilecta de arquitectas, diseñadoras y artistas, cuya musa indiscutida sigue siendo Graciela Borges. Ya es una constante que las colecciones estén inspiradas en mujeres que agitaron el tablero de la historia, por caso la cineasta Agnès Varda o la escritora norteamericana Joan Didion, mientras que, para esta primavera-verano, el ojo está puesto en Victoria Ocampo, más que en su persona en sus decisiones arquitectónicas, con epicentro en su casa de Barrio Parque.
Hoy, Cantón está al frente de una empresa con más de 300 empleados y 22 locales, de los cuales 19 están en Argentina, a los que se suman los de Uruguay y Chile. Además de las tiendas online en los tres países y dos inminentes aperturas para lo que queda del 2025.
-Mishka es una marca masiva: sus productos se ven por la ciudad
-Sí, se democratizó. A veces mis amigas me mandan fotos y hay diez o quince carteras de Mishka.
La dupla creativa entre Cantón y Diego Trivelloni se gestó en la FADU-UBA, y desde sus comienzos entendieron que el lujo no pasa por el exceso, sino por la calidad y el detalle. Foto: Mishka-Como proceso social, sí, porque me gusta la sociología: cómo uno puede generarlo sigilosamente. Antes la usaban mis amigas y ahora gente que ni me conoce. Me encanta esa construcción fuera del personalismo.
-Los hijos de tu socio, Diego Trive-lloni, ¿ya trabajan en la marca?
-Mora Trivelloni sí. Además, es mi ahijada y desde chica viajó conmigo a Nueva York y a todos lados. A los 18 años se fue a estudiar a Milán. Volvió, vino a la oficina y enseguida me empezó a marcar el paso. Me cambió toda la mirada. Entendió que venía a aportar aire fresco. Ahora, con ella y Pía, la jefa de diseño, estamos con el relanzamiento de los perfumes: son tres fragancias.
-¿Quién las desarrolla?
-Nosotros, cuando estaba en pandemia hice el curso de perfumista con Bernardo Conti. No me llamaría “nariz” pero entiendo bastante.
Inspirada en mujeres que marcaron época como Agnès Varda, Joan Didion y ahora Victoria Ocampo, cada colección de Mishka rinde homenaje a la inteligencia, la sensibilidad y la fuerza femenina. Foto: Mishka-¿Lo pensaste como un hobby o para aplicarlo a la marca?
-Me interesa saber, soy ávido. Si voy a hacer un perfume no se lo doy a otra empresa. La primera vez lo hicimos con Fueguia, con esencias naturales, jazmín y rosas, ahora es más moderno.
-¿Cumple la función aspiracional que inicialmente tenían los perfumes en la moda?
-No tanto, porque hoy hay bandoleras muy económicas y tenemos los pagos en cuotas. Además, están los locales vintage, el de San Telmo, por ejemplo. Para mí también es una alegría porque nunca se pensó como algo de elite. Esa no fue la pretensión, aunque siguen estando las cosas caras, hechas a mano.
Con más de 300 empleados y 22 locales en Argentina, Uruguay y Chile, Mishka amplifica su impronta a toda la región. Foto: Mishka-Al principio, la consumían mujeres del diseño o intelectuales.
-Sí, en ese momento fue disruptiva: había zapatos de glitter y de telas que comprábamos en Once, eran color bordó o suela. Pero nosotros siempre trabajamos en el desarrollo de marcas. Hay visión comercial.
-No todos los diseñadores de tu generación tuvieron esa capacidad…
-Creo que tiene que ver con esa “serena ambición”, también puede ser que la arquitectura nos dio esa cosa técnica, de la combinación entre cálculo y estructura. Mi puesto en la compañía es muy raro de entender porque estoy en la dirección creativa pero también en lo comercial, en los posteos, en el e-commerce. Es común que, si estás en el diseño, no estés en lo otro.
-Acá los diseñadores saben hacer de todo, ¿es bueno o malo?
-Tiene que ver con ese ímpetu, sino no llegás. No es solamente económico, se trata de crear algo que se amplifique. Nosotros tenemos esa cosa amplificada en todo. Siempre tuvimos esa visión de laboratorio, pero nunca en el punto del arte, sino de una expresión artística, relacionado a una función. Y para nosotros lo comercial nunca fue una mala palabra. Hay muchos diseñadores que reniegan de eso.
«Ver la moda desde la no moda”, dice Cantón, resumiento la filosofía de Mishka: diseño con propósito, sin seguir tendencias, con raíces en la arquitectura y la funcionalidad. Foto: Mishka-Ahora los más jóvenes parece que lo tienen más claro.
-Hay mucho movimiento de marcas. Las veo cuando acompaño a comprarse cosas a los chicos. -En Argentina siempre pasa algo durante las crisis: está todo medio apagado y lo creativo se dispara. Bueno Mishka es del 2001, y una vez cuando nos dieron un premio dijeron que nacimos en crisis. Lo empezamos como un ejercicio, nunca la idea fue ganar plata.
-¿Cuándo se dieron cuenta de que estaban ganando plata?
-Siempre tuvimos la ventaja de hacerlo desde la no necesidad, eso nos dio libertad. El dinero lo usé para producir obras de teatro en el Bululú y discos. ¿Cuándo nos dimos cuenta? Cuando empezó a crecer y a tener gente.
-¿Con qué colección pasó?
-El hito fue cuando entramos al shopping. Ese es el gran desafío para todas las marcas. Ahí nos dimos cuenta de que teníamos que tener una disciplina; que las colecciones estén en tiempo y en una estructura, que haya una política de precios. En esa disyuntiva de qué camino íbamos a tomar, el camino fue desarrollarnos. Durante muchos años fuimos a la London Fashion Week y a partir de ahí vendimos a todo el mundo.
-¿Qué te llamó la atención de toda esa época?
-Cuando llegamos a Opening Ceremony. Lo mismo la nota con la revista Nylon, donde preguntaban “¿Who’s next?” (“¿Quién sigue?”). O cuando íbamos a comprar a un lugar en Nueva York y nos conocían.
Para una forma de expresión “inside power”, con una visión de las cosas que veíamos nosotros, con un trabajo hacia la belleza, los valores, lo sensible. Seguimos rescatando a Agnès Varda, Joan Didion y ahora a Victoria Ocampo.
De Harrods a Palermo, del Bululú a la London Fashion Week, Mishka supo construir un estilo que combina belleza, valores y sensibilidad. Foto: Mishka-Desde el arranque, cambió la concepción del género y la marca seguramente la usan los hombres…
-Sí, y los zapatos también. Tenemos una cosa de la no ornamentación que tiene que ver con la arquitectura moderna. Para nosotros es algo natural, el empoderamiento existió siempre. Muy pocas marcas tienen los números 35 y 41 en zapatos. La inclusión es una práctica y no un speech.
-¿Cuál fue la principal innovación de Mishka?
-Ver la moda desde la “no moda” y hacerlo desde un lugar lúdico absoluto. Siempre digo que en el cine hay dos hitos fundamentales: el zapato de Dorothy en El Mago de Oz y La Cenicienta. Nosotros no queremos una mujer que esté esperando al príncipe azul. Y lo de Dorothy es por cómo un par de zapatos puede tener esa magia y volverse un fetiche de mujer…
Serena ambición. Una búsqueda constante entre la calma del oficio y el impulso de crear. Foto: Mishka-Sigue siendo el gran fetiche de la moda…
-Sí, y el gran aporte de Mishka viene desde ahí, de la no tendencia, el estilo y la calidad. Retomar esos valores de la Argentina; hicimos desfiles en los teatros Gran Rex y San Martín.
-En el 2026 cumplen 25 años desde la fundación de la marca, ¿cómo se sostiene en Argentina?
Trabajando y analizando las circunstancias. Siempre vuelvo a la arquitectura, porque, aunque no se pueda creer, las torres se mueven, y si no se mueven, se deforma la estructura y se quiebra. Nosotros tenemos esa flexibilidad. Aceptamos como vienen las cosas y tratamos de distinguir lo que podemos cambiar y lo que no.









