causas, efectos y cómo prevenirla con hábitos saludables

causas, efectos y cómo prevenirla con hábitos saludables

En los últimos años, la ciencia médica ha comenzado a hacer foco en una forma de inflamación que no produce fiebre, dolor ni enrojecimiento, pero que deteriora lentamente la salud física y mental: es la “inflamación crónica subterránea” o “inflamación de bajo grado”.

A diferencia de la inflamación aguda, la crónica no cumple una función protectora. Es el resultado de la activación persistente del sistema inmunológico, que libera moléculas proinflamatorias día y noche.

Es una especie de fuego interno que se mantiene encendido sin motivo aparente y que se asocia con la génesis de enfermedades como depresión, diabetes, Alzheimer, obesidad, cáncer y trastornos cardiovasculares.

Entre los principales factores que la originan, la tensión nerviosa prolongada activa constantemente el hipotálamo, la hipófisis y las glándulas suprarrenales liberando continuamente cortisol y adrenalina. A largo plazo, el cuerpo pierde la capacidad de frenar la inflamación.

Otra causa es la dieta actual, abundante en harinas refinadas, azúcares, grasas trans y alimentos ultra procesados, que constituye un potente motor inflamatorio al activar receptores inmunológicos que interpretan a estos componentes como “señales de peligro”.

El déficit de antioxidantes -fibras y ácidos grasos omega-3- impide neutralizar el daño oxidativo. Por el contrario, los alimentos naturales -frutas, verduras, legumbres, pescado, aceite de oliva- tienen un efecto antiinflamatorio.

El exceso de grasa abdominal no solo es una cuestión estética o metabólica, sino también un potente generador de inflamación. El tejido adiposo es un órgano hormonal que produce y libera sustancias proinflamatorias, las adipocinas.

Cuanta más grasa acumulada, mayor es la cantidad de ellas que circulan por la sangre, fenómeno que explica por qué la obesidad suele acompañarse de fatiga, insomnio y trastornos depresivos.

A su vez, la falta de movimiento agrava el problema dado que el músculo cuando se contrae durante el ejercicio, libera mioquinas, moléculas que actúan como antiinflamatorios naturales. Las personas sedentarias pierden ese beneficio.

Del mismo modo, el dormir mal eleva el cortisol nocturno y disminuye la melatonina, un antioxidante cerebral fundamental.

Otro actor clave es el intestino. La microbiota -ese universo saludable de bacterias que habita el aparato digestivo- regula parte del sistema inmunológico.

Cuando se altera por antibióticos, mala alimentación o estrés, el intestino se vuelve más permeable y deja pasar fragmentos bacterianos a la sangre y el organismo responde con inflamación.

Es por eso que hoy se lo considera un factor decisivo para tratar la depresión y enfermedades autoinmunes.

Aunque se investiga, no existe aún un medicamento que elimine la inflamación crónica subterránea. Pero sí hay un conjunto de medidas que la reducen de manera efectiva: alimentación natural, actividad física regular, sueño reparador, manejo del estrés y conexión social positiva.

Son intervenciones sencillas, pero su efecto biológico es profundo ya que restaura el sistema inmunológico y reponen el equilibrio entre cuerpo y mente.

La inflamación silenciosa es un enemigo invisible, pero reversible. Identificarla a tiempo -en los hábitos, emociones y estilo de vida- es una de las claves de la medicina preventiva y de la salud mental.

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