¿por qué se elige cada vez más matchear frente a frente?

¿por qué se elige cada vez más matchear frente a frente?


Swipe a la derecha o a la izquierda, matchear, superlike o darle like a alguien son términos que ya hace más de una década que forman parte de la cultura argentina del levante. Y es que desde la llegada de las apps de citas a los teléfonos, la vida sexoafectiva cambió.

Deben ser pocos los millennials que, estando solteros y solteras, no hayan considerado bajarse Tinder para intentar conocer a alguien nuevo.

¿Hartos de Tinder? Foto ilustración: Shutterstock.

Pero a pesar de ser una herramienta sencilla y accesible, hay un hartazgo de conexiones que quedan en chats eternos o que al momento de verse las caras el pretendiente en cuestión no se parece al de las fotos.

Empiezan a surgir así espacios de Tinders presenciales que invitan a pensar y debatir sobre la situación actual de las apps.

“No soy tímido, pero sí me cuesta invitar porque me siento invasivo”, cuenta Alejo, de 29 años, que llegó temprano a la Tinder Night que organiza en Centro Cultural Armoza en Villa Urquiza. A las 20.01 hs de ese jueves, apenas iniciada la velada, un chico se sienta solo en la terraza con su trago en la mano y espera. Al rato aparecen dos amigas que eligen una mesa en el otro extremo del lugar.

Alejo usa también apps de citas, pero destaca que “la presencialidad permite otro tipo de conexión”. “Acá, a diferencia de lo que pasa en un boliche, sabés que la otra persona está buscando lo mismo que vos, entonces el contexto ayuda. Pero no descarté las apps”, aclara.

Tinder se lanzó en 2012 y en ese mismo año llegó a la Argentina, cautivando a usuarios y cambiando el mundo de las citas. Aunque conocer personas gracias a la virtualidad ya venía desde las salas de chat, la aplicación creada en Estados Unidos permite tener un catálogo de posibles parejas con sus fotos y descripciones con quienes se puede matchear y empezar una conversación.

En la pandemia hubo un incremento en el uso de apps para enfrentar el aislamiento. Pero esa llama se fue apagando. Algunas sufrieron un descenso de cotización en la Bolsa de valores.

A Tinder le siguieron otras aplicaciones como Happn, Badoo, OkCupid, Bumble, Facebook Parejas o Grindr, todas con sus características y audiencias particulares.

Perfiles

Entre esos primeros usuarios de Tinder estuvo Sergio, de 38 años. “Mi primera incursión fue medio rara porque todavía no se entendía mucho el lenguaje; los que estábamos ahí no entendíamos mucho de qué iba, cuáles eran los códigos”, recuerda. Su primera cita con alguien de Tinder fue “algo para olvidar”.

Uno de los parámetros que ofrece la configuración tiene que ver con la distancia geográfica, pero algo salió mal: “En ese momento vivía en Almagro, ella era de Lomas de Zamora y yo no conocía bien zona sur. Y en la aplicación parecía una mina copada, pero cuando la conocí la experiencia no fue buena”.

Con el tiempo, asegura, entendió “el código” e incluso “cómo iniciar esas primeras conversaciones” con desconocidas. Además, comprendió que al momento de armar un perfil en una app es clave tener una buena foto, donde se vea bien la cara, y otras que digan algo de la personalidad.

Con Inteligencia artificial se pueden construir perfiles falsos a medida. Foto ilustración: Shutterstock.Con Inteligencia artificial se pueden construir perfiles falsos a medida. Foto ilustración: Shutterstock.

“Hoy en día eso se puede armar hasta con la inteligencia artificial, que te puede hacer un perfil para cada app de cita diferente y hasta recomienda qué foto usar. Muchas chicas se quejan de eso”, señala.

Rocío, de 39 años, también le presta atención a las descripciones en los perfiles de las apps. “Las personas transmiten una información de sí mismas cuando eligen las fotos que ponen, pero también noté mucho varones que describen todo lo que no les gusta, como ‘si fumás, ni me pongas like’ o ‘si vamos a matchear y no me hablás, ni te gastes’. Esa forma gruñona de relacionarse me saca las ganas. Y tampoco está bueno si ponen cosas muy generales del estilo ‘me gusta el vinito y el pastel de papas’. ¿A quién no?”, cuestionó.

Después de divorciarse, en 2024, Rocío probó suerte con Bumble y OkCupid y, aunque no encontró un nuevo amor, asegura que se ha divertido mucho y conocido personas con las que quedó en muy buenos términos.

Crisis

En el inicio de la pandemia hubo un incremento en el uso de las apps para vencer el aislamiento. Pero esa llama se fue apagando: según datos recopilados por de The Economist, mientras que en 2020 las aplicaciones de citas tuvieron 287 millones de descargas, dos años después, cayeron a 237 millones.

Además, las compañías Match Group -dueña de Tinder y OkCupid, entre otras- y Bumble han registrado un descenso en el valor de sus acciones en la Bolsa.

En su evolución, las aplicaciones empezaron a ofrecer nuevos servicios pagos para que los usuarios “mejoren sus chances” de encontrar pareja. Para Luna, de 33 años, esto fue muy restrictivo.

Ella tuvo Tinder, OkCupid y Bumble, que no le resultó “muy amigable de usar”. “Cada tanto me tiraba la opción paga y me limitaba lo que podía hacer con la cuenta gratuita”, dice. Al final, decidió borrar las apps del teléfono.

Las opciones pagas de las apps pueden incluir la posibilidad de enviar mensajes a alguien con quien aún no hiciste match, ver qué usuarios te likearon o incluso recuperar a quien por error hayan “descartado” con un swap a la izquierda.

Fiesta

—Hola chicas, ¿a alguna le tocó Señora de las cuatro décadas?

Erika y Micaela revisan uno de los papelitos que les dieron al llegar a la fiesta y responden que no. El fragmento de la canción de Arjona se lo habían dado a otra chica que pidió cambiarlo porque no le gustaba.

“Las apps son malísimas todas, pero es cierto que hoy hay más facilidades para conocer personas. Antes tenías el boliche, el bar y no había más posibilidades”, opina Micaela, de 41 años, que va por segunda vez a la Tinder Night.

Erika tiene 39 y cuenta que se acaba de divorciar después de 21 años de casada, que cuando conoció a su ex “ni celulares había” y que el levante digital no le convence. “Yo me sigo quedando con lo viejo -afirma y mira risueña a su amiga-. ‘Lo viejo funciona, Juan’”.

Hernán Armoza, fundador del Centro Cultural Armoza, relata que la Tinder Night nació por demanda popular. La fiesta, que requiere abonar una entrada que incluye consumición, reúne entre 150 y 200 personas en cada edición. Cuando llegan, son recibidos por un host que les da dos papelitos: un superlike y el fragmento o nombre de una canción.

Tinder, una especie de "catálogo" en las manos, pero con limitaciones. Foto ilustración Shutterstock.Tinder, una especie de «catálogo» en las manos, pero con limitaciones. Foto ilustración Shutterstock.

“Si encontrás a la persona que tiene el nombre o el fragmento de tu canción, se ganan un trago. Pero es algo que permite una primera interacción para ponerse a hablar y romper el hielo”, apunta Hernán y agrega que también hay juegos de mesa, pero que “es clave que todos vienen con el mismo mood, porque no es lo mismo venir de levante que venir a conocer gente”.

Cada persona recibe un papelito con un superlike que pueden usar solo una vez y que es “la forma de decirle a alguien que quieren conocerlo un poco más”. “La primera vez que vine a la fiesta le di mi superlike a un chico y me fui corriendo. Me buscó, salimos, pero al final no hubo onda”, recuerda Micaela.

La Tinder Night no es el único evento diseñado para encontrar el amor o matchear. Existen, entre otras, la Pinder Fest o BelenCitas, el club de encuentros creado por Belén Bona y que consiste en eventos divididos por edades que van desde fiestas hasta campamentos y que ya se han realizado en CABA y varias ciudades como Mar del Plata, Córdoba o Mendoza, entre otras.

“Todos los eventos que tengan que ver con relacionarse funcionan siempre. Al final de la fiesta es muy divertido encontrarse gente chapando como si estuvieran en Grisú o Cerebro” cuenta Hernán.

Matchear

Luna conoció en Tinder a un chico que fue su novio durante tres años. Dice que su experiencia fue buena. “Es una herramienta más. Tiene la ventaja de que podés ver un gran catálogo antes de decidirte, pero la desventaja es que ese catálogo puede ser sesgado por la persona que lo ve o por lo que el otro pone en redes. Es un arma de doble filo”, opina.

Algunas aplicaciones como OkCupid o Boo intentan subsanar este aspecto y tienen extensos cuestionarios sobre gustos -que van desde hábitos, consumos culturales hasta posiciones políticas- o rasgos de personalidad para ofrecerle a los usuarios potenciales matches con quien tengan un mayor porcentaje de coincidencias

Según Sergio, eso “ayuda a tener conversaciones más fluidas”. Y apunta: “Eso es algo que Tinder no tenía. Por ahí matcheabas con cualquier tipo de persona y quizás no podías hablar tanto”.

Aun así, su última novia fue una chica que conoció gracias a la aplicación y estuvieron juntos ocho años “aunque veníamos de universos completamente diferentes”.

Con idas y venidas, Sergio calcula que ya hace al menos diez años usa Tinder y que en ese lapso “te volvés a cruzar a algunas personas que ya conociste en esta app o en otra app de citas” .

Y piensa: “Me termino preguntando hasta qué punto funciona o no esto. Porque parece que todos terminamos cayendo en el mismo lugar una y otra vez sin resolver el tema de fondo, que es conocer a alguien que nos guste y vivir un vínculo de amor sano”.

La Tinder night es un evento diseñado para encontrar el amor o matchear frente a frente. Hay otros, como la Pinder Fest o BelenCitas, que también organizan fiestas o campamentos en varias ciudades.

El tiempo deviene en un espiral de instalar, hacer swipe, matchear, frustración, deseo, amor, ghosting y desinstalar. Las apps abren un abanico y le dan una chance a quienes de otra manera jamás se hubieran cruzado o le allanan el terreno a los que en otro momento tenían que armarse de valor para invitar a alguien a bailar un lento.

Pero ese enorme catálogo de perfiles que en otro momento fue novedoso ya genera cansancio. Igual que con Facebook, Twitter o Instagram, hay una idea de un scrolling infinito, de pasar fotos una atrás de otra, matches que quedan en la nada y con un fantasma que recorre la app: siempre puede haber una potencial mejor pareja.

Alejo se sienta a la mesa frente a otro de sus amigos de Armoza. Tienen un grupo de WhatsApp y son varios los que van a la Tinder Night. Llegan los tragos y comentan sobre otras fiestas para solteros.

¿Buscan amor? ¿Amigos nuevos? ¿Un affaire de una noche? ¿Todo lo anterior? La noche es joven, la música suena de fondo y, al menos por un rato, las pantallas de los celulares quedan de lado y se abre la posibilidad de mirar a otra persona directo a los ojos.

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