Los Pumas clausuraron un año que en los números termina dando un balance aceptable -seis victorias en 13 partidos aunque con triunfos ante los Lions, Nueva Zelanda, Australia, Gales y Escocia pero en el juego fue positivo más allá del déficit de las formaciones fijas (es preocupante lo del scrum).
El seleccionado argentino, en general, ratificó en 2025 contar con una muy buena combinación. Por un lado, entre un staff que tiene muy claro qué hay que hacer en cada partido y cuál es el plan de juego -que transmite muy bien- conveniente frente a cada adversario; y por el otro, hay también un liderazgo de muchos jugadores que, gracias a su experiencia de alrededor de 100 partidos internacionales, cambiaron al equipo con una mentalidad más ganadora.
Los Pumas hoy les ganan a las potencias y para ganarles a esos equipos es necesario estar focalizados en el juego. Y vaya si lo están. Porque nos sólo se trata de ir para adelante con coraje, sino de hacerlo con una estructura. Con aquel famoso plan que permite generar mucho volumen de rugby y marcar los puntos necesarios para triunfar. En Twickenham, Los Pumas enfrentaron a un rival que tuvo una clara y mejor efectividad y que en el primer tiempo, cuando se escapó, se sintió más cómodo en el tedioso juego de patear y devolver, patear y presionar. Inglaterra se alimenta del error y sacó la diferencia que, esta vez, no se pudo revertir. Aunque ahí apareció lo positivo otra vez: la idea de un rugby que permite avizorar un futuro venturoso.










