Horas de extrema complejidad atraviesa Marcelo Gallardo por estos momentos. Acaba de terminar el peor año de su carrera como entrenador (disputó 6 títulos y no ganó ninguno) y las dudas lo asaltan por todos los costados. Napoleón está vulnerable y desnudo, muy a pesar de que en la conferencia de prensa posterior a la caída contra Racing en Avellaneda confesó que no se iba a desnudar en público. El gran ídolo de River, el mejor entrenador de la historia, el hombre que tiene una enorme estatua en las puertas del Monumental, es ahora un personaje al que le entran la totalidad de las balas y al que se le resaltan todos los defectos. En pocas palabras, Gallardo dejó de ser impoluto. Por eso no son pocos los hinchas del elenco de Núñez que prefieren que dé un paso al costado; por eso también se le animan al debate los periodistas que antes lo trataban con temor y le preguntaban con pleitesía.
Gallardo avisó que se tomará 48 horas para pensar y sacar (más exacto: ratificar) conclusiones. El próximo jueves se encontrará cara a cara con el plantel en el predio de Ezeiza y será contundente: les dirá a los futbolistas quiénes seguirán y quiénes tendrán que buscar nuevos rumbos. Se especula con que se irán más de 10 jugadores. Luego, el sábado 29, quedarán licenciados hasta el 20 de diciembre.
Continuará Gallardo en el 2026. Así, no existe espacio para el replanteo con la que soñaban por lo bajo algunos dirigentes de segunda línea. El presidente electo Stefano Di Carlo tomó la determinación de ofrecerle un año más de contrato sin dudarlo y sin poner en la balanza el pésimo rendimiento de la temporada actual. La firma se llevará a cabo en las próximas semanas.
«Termina el año de manera negativa, pero ya en mi cabeza empezaré a pensar en cómo seguimos. En mi interior tengo mucho para dar todavía y si no lo sintiera así, sería el primero en levantar la mano y decir ‘muchas gracias, hice todo lo que pude, pero no he podido dar ese salto’. Yo no le voy a escapar a este momento. Si alguno está esperando que yo le escape a este momento está totalmente equivocado», avisó Gallardo desde el Cilindro de Avellaneda.
El repaso del año de River es impropio del presupuesto que maneja. Por varios cuerpos de ventaja, el conjunto de Núñez es el plantel (se incluye al cuerpo técnico, claro) mejor pago del fútbol argentino. También el que más dinero gastó en incorporaciones: casi 60 millones de dólares. El olvidable 2025 termina con los traspiés contra Platense (Apertura) y Racing (Clausura) en el torneo local, con la salida en primera ronda del Mundial de Clubes, con la caída en cuartos de final de la Copa Libertadores contra Palmeiras, con la eliminación en semifinal de Copa Argentina ante Independiente Rivadavia y con la final perdida frente a Talleres por la Supercopa Internacional. Demasiado poco para tan alta expectativa.
Dos cosas llaman muchísimo la atención del año futbolístico del River de Gallardo. Primero, la carencia de una idea, la alarmante falta de trabajo que evidenció a lo largo de los meses. Y segundo y más llamativo aún, la poca comunión entre los jugadores y el cuerpo técnico. Esto último quedó en evidencia ante Racing en Avellaneda: mientras los locales se tiraban de cabeza para defender adentro de la cancha a Gustavo Costas, los de Núñez jugaron un partido livianito, apático. Entonces, ahí hay que ubicar uno de los grandes errores del Muñeco en la temporada: no logró llegarles a los jugadores, cuestión que siempre fue una de sus marcas registradas.
«Luego de la eliminación contra Palmeiras no hemos sido reconocidos como un equipo fuerte mental, física y futbolísticamente. No me voy a desnudar acá, soy consciente del diagnóstico, lo hablaré con el equipo, con las personas que corresponde y a partir de ahí se definirán cosas, pero actuando con responsabilidad», confesó el DT.
Poco se puede decir de lo que sucede puertas para adentro en River porque eso forma parte de la intimidad del grupo. Aunque hay cuestiones que ahora se filtran y que antes permanecían en el más hermético de los secretos. Incluso Gallardo se ha mostrado molesto en los últimos meses porque la prensa se enteraba de los equipos que paraba en las prácticas.
De lo que sí se puede escribir es de lo que regaló el equipo a lo largo del año. Y confusión es la palabra que mejor se ajusta al análisis. Conviene no olvidar que Gallardo realizó profundas depuraciones del plantel en enero y en julio. Los dibujos tácticos han ido variando a lo largo de los meses. Parece olvidado, pero el año de River comenzó con la apuesta por un enganche a bordo del obsoleto 4-3-1-2. ¿Quién era el apuntado para conducir el equipo? Manuel Lanzini, que luego se iría por la puerta de atrás a Vélez. Tampoco ha acertado el Muñeco con los cambios durante los partidos ni con las lecturas previas.
Los futbolistas (usó en total 44) fueron entrando y saliendo de un partido al otro. Algunos pasaron de titulares a afuera del banco de suplentes de una fecha a la otra. Todos además fueron probados en distintos puestos y con diversos dibujos tácticos. River pasó de intentar ser un equipo con tenencia a otro de transiciones rápidas. Y terminó siendo un elenco perdido que solo apostaba a los pelotazos a Maximiliano Salas o a los centros a nadie de Marcos Acuña desde la mitad de la cancha.
En la gestión de los juveniles también se puede vislumbrar la confusión en la que entró Gallardo en los últimos tiempos. Ocurre que los chicos ingresaron en la dinámica de la rotación permanente. Este último semestre comenzaron como las grandes esperanzas Juan Cruz Meza y Bautista Dadín, quienes ni siquiera estuvieron en el banco contra Racing. Más: ante Vélez jugó Joaquín Freitas, un chico de 18 años que todavía no tiene contrato con la institución.
Borrón y cuenta nueva es lo que deberá hacer Marcelo Gallardo de cara al 2026. Claro que este nuevo empezar deberá estar acompañado por una profunda, sincera y hasta tal vez dolorosa autocrítica. El problema de River no fue un simple trimestre, tal como señaló el entrenador. Tampoco los males arrancaron desde la eliminación contra Palmeiras. Desde enero hasta noviembre, en River las cosas salieron casi todas mal. Y esa certeza debería ser el punto de partida.










