La «magnetización» postulada por una diputada del PRO y el riesgoso relato antivacunas en el Congreso

La «magnetización» postulada por una diputada del PRO y el riesgoso relato antivacunas en el Congreso


Esto no es grasa en la piel, señoras y señores (…) Nosotros le llamamos magnetización”. Algún distraído quizás confundiría la frase salida de un encuentro antivacunas en una sala del Congreso de la Nación Argentina viralizado este jueves, con -por qué no- un show del inolvidable Tusam. La comparación se sostiene en cinco elementos decisivos, que no faltaron ni en el evento de seis horas organizado por la diputada chaqueña Marilú Quiroz, ni tampoco faltarían en una puesta de magia más o menos tradicional: suspenso, tensión, misterio, sorpresa y, lo más importante -siguiendo al “maestro” Tusam-, ilusión.

No magia, solamente, sino esa dedicada captación del público a través de la hipnosis o el ilusionismo, el arte de producir auténticos fenómenos que parezcan contradecir los hechos naturales. Se tenga la opinión que se tenga, todo eso estuvo presente en el escenario viralizado, donde se pudo ver a un hombre en cueros en el mayor edificio del Poder Legislativo del país (suspenso, tensión, misterio, todo junto) y el dato -como afirmación no demostrada- de que por haber recibido dos dosis de una vacuna contra el Covid hace cuatro o cinco años, desarrolló la inexplorada cualidad del magnetismo humano (sorpresa), y entonces ahora se le adhieren a la piel objetos que contengan materiales ferromagnéticos.

Este ambiente fue dedicadamente generado por la presentadora, que se movió con soltura generando la captación del público (elemento clave, también), la licenciada en Biotecnología del Conicet, Lorena Diblasi.

En una línea paralela, en las últimas horas se pudieron escuchar entrevistas de distintos medios, a la diputada organizadora, Quiroz, quien se propuso desmentir que ni ella es antivacunas ni tampoco el evento lo fue.

En diálogo con la periodista María O’Donnell, la mujer ponderó la necesidad de debatir estos temas (si vacunar está bien o no; si las vacunas hacen mal o no) y de que cada uno pueda opinar libremente, una tela (la libertad de ser) en la que siempre fue, es y será valioso cobijarse, pero que por momentos impresiona (la sensación es fea, inquietante) que se volvió tan elástica que flaquea. Como si hubiera perdido cierta turgencia y se nos desmoronara. Lo más parecido a un pantalón con el elástico vencido y sin cinturón a la vista. ¿Se es más libre pudiendo cuestionar livianamente todo?

Marilú Quiróz, diputada nacional de Juntos por el Cambio, provocó un escándalo con su acto.

Daniela Hozbor es investigadora Principal del Conicet, profesora titular de la Universidad Nacional de la Plata (UNLP), integra la Comisión Nacional de Inmunizaciones (CoNaIn), organismo que recomienda al Ministerio de Salud en materia de vacunas, y coordina la comisión de Vacunología en la Asociación Argentina de Microbiología (AAM). En la entrevista con Clarín hizo un intento por rescatar lo otro que ocurrió en simultáneo, exactamente al mismo tiempo que el polémico encuentro antivacunas; para ella, “una comunicación irresponsable”.

También fue en el Congreso, pero estuvo motivado por un hecho desolador: que las coberturas de vacunación en el país caen hace años y que en 2024 se registraron las peores cifras jamás reportadas. En este caso, para los refuerzos que deben aplicarse a los chicos antes de entrar a Primaria. Menos de la mitad de los nenes de 5 años los recibieron. Las cifras son oficiales y de alcance nacional.

“Ese otro encuentro fue organizado por las comisiones de diputados de ciencia y salud, conducidas por Daniel Gollán y Pablo Yedlin. La pregunta fue por qué estamos con estas coberturas que están provocando que enfermedades que teníamos controladas, volvieran a aparecer», dijo Hozbor.

Los ejemplos a mano, «sarampión y tos convulsa, que no sólo están alterando la calidad de vida en Argentina sino que están provocando fallecimientos. Hay ya siete muertes por una enfermedad causada por una bacteria, como la de la tos convulsa, y es prevenible por vacunación”, se lamentó.

Ahora bien, “¿qué razones motivan esta situación?”, se preguntó la científica. “Es multifactorial, pero uno de los hechos que sin dudas tiene particular peso es la comunicación sin evidencia”, subrayó, en alusión al encuentro antivacunas del Congreso.

Las vacunas, los metales, las opiniones livianas

Es difícil saber si vale la pena (o al revés, foguea) aclarar que las vacunas no generan presencia de metales en sangre. Hozbor se tomó el trabajo de desanudar algunos mitos, incluyendo ese, que ahora empieza a instalarse.

Recordó cuando en 1998, el científico Andrew Wakefield presentó una investigación que logró publicar en la revista The Lancet, donde estableció una relación entre el autismo y las vacunas. Hozbor recordó que “el tema se investigó, trabajó y estudió, y el resultado fue que el trabajo terminó retractado. A él además le sacaron la matrícula para ser médico. Y se supo que había recibido dinero de los abogados de los padres que les estaban haciendo juicios a los laboratorios y que él tenía en desarrollo una vacuna alternativa, y buscaba ponerla en primer plano. Atravesó todas las barreras éticas, pero el daño que hizo fue enorme y sigue vigente”.

Esa anécdota vuelve a cobrar vida, ahora con el magnetismo postulado, algo que para la científica “es terrible”. Todo comenzó -recuperó Hozbor- “con unas personas que trabajan en ciencia, que hicieron un estudio publicado en una revista cuestionada y que publicaron también otro estudio que no fue revisado por pares científicos, más el hecho de que algunos actores de los medios divulgaron el tema, acerca de la detección de 55 metales en vacunas. Si uno lee esos trabajos, ve que el procedimiento es totalmente inadecuado desde todo punto de vista”.

“Inadecuado en el número de viales usados, con datos que son heterogéneos, con conclusiones que no se pueden extraer de los datos ahí vertidos y valoraciones que parecen basadas en nada. Hablan de cualquier elemento como si fueran todos iguales. La metodología que usaron es tremendamente sensible, a un punto en el que cualquier cosa que uno analizara, daría los mismos datos”, explicó.

Vacunas: seis vidas a salvo por minuto

“Todas las medidas en salud pública, y la vacunación en particular, están basadas en evidencia científica, con datos concretos medidos estadísticamente, que sostienen las distintas medidas que se van recomendando. En el caso de las vacunas, se usan datos de seguridad y eficacia, que además se evalúan todo el tiempo, siempre a partir de evidencia basada en metodologías claras que te permiten sacar conclusiones”, sumó.

“Las vacunas son seguras y no producen autismo, no dan infertilidad, no están asociadas con la diabetes y no provocan un daño masivo en la población”, recordó Hozbor, y aclaró: “En 50 años de uso de las vacunas contra 14 patógenos, salvaron 154 millones de vidas en el mundo. Esto es, seis vidas por minuto”.

“En medicina no hay ninguna droga que tenga una seguridad absoluta”, matizó la científica, pero aclaró que esto es porque “la población es diversa en su composición y en sus patologías de base”.

Así y todo, hay un dato inequívoco, comprobado estadísticamente, que sólo puede ser entendido por quienes vean más allá de sí y logren superar los alcances limitados de la opinión propia. Y es que, “el beneficio de las vacunas supera ampliamente el riesgo. Por eso se siguen empleando y se van a seguir empleando”. Nadie se salva solo.

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