Los cosas pueden perder espesor cuando un ciclo se completa. Lo que en un momento fue crítico puede terminar en anécdota. Probablemente eso suceda y en 2026 no quedarán rastros del escándalo a partir de un suceso insignificante (caprichoso y fútil) del fútbol doméstico que trascendió a la opinión pública y del tomaron partido el presidente Javier Milei, la FIFA, Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA) y, en especial, un Tribunal de Disciplina que terminó al borde del colapso.
Las decisiones de un tribunal, cualquiera sea, tienen impacto en el ámbito de jurisprudencia. Aquellos que formen parte de uno, además de conocimiento específico en la materia en la que abren juicio, deben evitar ser permeables a los intereses de los involucrados: es que los llamados y mensajes se multiplican en la previa de un fallo.
Eso sucedió en el Tribunal de Disciplina de la AFA. Se sabe que los presidentes llaman a sus miembros cuando hay un fallo en ciernes. Se llama lobby, presión, influencia o como se quiera describir a una práctica común y habitual para la cantidad de fechas de una tarjeta roja y también de un conflicto del tamaño que tuvo a Estudiantes en el banquillo de los acusados.
El Tribunal de Disciplina fue convocado a trabajar de oficio. En definitiva, ese fue el primer llamado de lobby y no el único. La tirria entre la cúpula de la AFA y la conducción de Estudiantes quedó expuesta desde el principio: para los principales promotores del castigo, el «espaldazo» reunía los suficientes artículos del Código Disciplinario vigente desde 2024 como pedir la desafiliación del club platense.
El absurdo duró casi 24 horas, pero en ese lapso el Tribunal de Disciplina comenzó a sufrir una discusión interna. No solamente porque la gravedad de asunto no debería sostener la deliberación de un órgano compuesto, principalmente, por jueces de diversos espectros.
Al día siguiente, el lunes, ya no se sugería la desafiliación pero un nuevo marco de situación le daba paso a un castigo de menor impacto aunque no menos ruidoso, pero también desmesurado: eliminar al Pincha de los playoffs del Torneo Clausura.
La postura está anclada al inciso A del artículo 5 que dispone los castigos en el Código Disciplinario: «Si uno o más seguidores de un club adoptan una conducta despectiva, discriminatoria o vejatoria».
A esa altura, dos de los ocho miembros anticiparon que no trabajarían en un fallo con una expectativa de castigo desproporcionada respecto a la conducta que a analizar. Esteban Mahiques y Néstor Pablo Barral no pusieron su firma en el Boletín 6797 que sí tiene las de sus colegas.
Sin Mahiques -funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores y Comercio Internacional- ni Barral -juez de la Cámara Federal de Apelaciones de San Martín-, el resto comenzó a trabajar contra reloj para llegar a un fallo a la altura medianamente sensato.
En el medio, la postura de Agremiados -que quedó contemplada en el fallo- de considerar la actitud de Estudiantes como contraria a los valores que persigue el fútbol y la AFA como institución, ordenó los tantos. El memorándum interno que cursó la FIFA alertada por todos los condimentos que tiene el caso, le impregnó celeridad. Desde Zurich recomendaron poner fin inmediato al conflicto.
Sin lograr unanimidad, el presidente del tribunal, el escribano Fernando Mitjans; el vicepresidente Sergio Fernández -juez de la Cámara en lo Contencioso Administrativo-; Jorge Ballestero -ex fiscal y ex juez federal-; Ezequiel Iglesias Berrondo -auditor del Poder Judicial Nacional-; Martín Peluso -juez de primera instancia porteño-; y el abogado Matías García trabajaron sobre la idea de que el pasillo de espaldas fue un acto deliberado de menosprecio que violó los principios de lealtad y juego limpio tutelados por el Código Disciplinario.
Esa fue la punta del ovillo. Bajarle el precio a la infracción, evitaba la exageradísima idea de desafiliación, primero, y eliminación de la competencia, después. Además, terminaron de acotar el escenario con el descargo presentado por Estudiantes en el que Juan Sebastián Verón y la Comisión Directiva asumían el rol de instigadores de la medida.
«El pasillo de homenaje al club campeón constituye un acto simbólico y protocolar que materializa los valores de respeto, reconocimiento al mérito deportivo, caballerosidad y juego limpio, todos ellos protegidos por el art. 12 del Código Disciplinario y por los principios generales que se encuentran establecidos en el ordenamiento de la AFA», detalla uno de los 26 considerandos que el Tribunal destacó antes del fallo.
Es que aunque el Código Disciplinario no prohíbe específicamente «dar la espalda» en el protocolo de bienvenida, el Tribunal de Disciplina interpretó que esta acción violó «los principios fundamentales de respeto, lealtad y juego limpio». .
El fallo persigue sancionar a Estudiantes y adoctrinar a cualquiera que se monte en la misma sintonía. «Este Tribunal ha considerado la gravedad del hecho y la necesidad de sentar un precedente disuasivo ante este tipo de actitudes», indica el último párrafo antes del fallo.
El fallo publicado en el boletín 6797 desactivó una bomba que perderá su poder de fuego cuando a fin de año todos los jugadores de Estudiantes sancionados con dos fechas de cumplimiento efectivo en 2026, sean alcanzados por la amnistía que cada año dispone la AFA para todos los futbolistas que hayan terminado el año expulsados o con la sumatoria de tarjetas amarillas.
Si eso no sucede, si la amnistía no contempla a los jugadores del Pincha, entonces al menos tres de los miembros del Tribunal que firmaron un castigo que no compartieron están preparados para dar un portazo. Recién entonces la bomba tendrá su verdadera onda expansiva.










