Este año, Fer Dente cumple veinte años de profesión. No es un dato menor teniendo en cuenta la importancia que tuvo y tiene el teatro en su vida.
Entre otras cosas, porque fue su primer trabajo como actor, a los 15, en lo de Hugo Midón, el que le permitió mudarse solo a los 17.
También lo cobijó al quedar huérfano de madre y padre. Lo ordenó, le dio disciplina y mucha felicidad. “El teatro me salvó la vida”, subraya sin vueltas.
Y, en estas dos décadas, Fer creció un montón. Hoy, elige y produce los musicales de la mano de José Luis Mazza, con quien se asoció en la productora Club Media. Además, se enorgullece de haber podido crear un gran equipo creativo que lo acompaña en cada proyecto. Hace unos años se metió en la dirección y está fascinado.
Su debut fue con Heathers, le siguió Rent, Despertar de primavera y ahora va por el cuarto desafío: Company, que estrenael 8 de enero en El Nacional. Pero no es todo: el año próximo producirá Hairspray. El estreno será el 6 de mayo en el Coliseo.
“Hoy a la mañana me estaba duchando y pensaba: ‘¡En qué momento pasó esto!’ Todo fue muy rápido. Siento un gran crecimiento. Dirigir me cambió mucho más que actuar. Poder elegir y consolidar en equipo. De chico siempre soñé con tener una compañía. Cuando leía los libros de Stanislavki o Chejov y hablaban de sus compañías , pensaba: ‘Qué maravilloso eso’. Además, tuve la suerte de trabajar con directores que me enseñaron todo, como Ricky Pashkus y Ariel del Mastro”, dice.
Todo este recorrido le trajo más sabiduría en lo emocional: “Estoy mucho menos ansioso ante los proyectos. Soy un apasionado y ahora, que estoy con Company, se me va la vida en los ensayos. Pero entiendo los tiempos y los comparo con una gestación o un embarazo: sé que las náuseas son al principio; después algunas pataditas… Ya conozco más el proceso y eso me quita ansiedad”.
-¿Por qué elegiste protagonizar y dirigir Company?
-En realidad, fue un accidente. Nosotros siempre adquirimos los derechos del libro y de la música. Después podemos hacer lo que se nos cante con la puesta, que es lo que pasó con Despertar de primavera. Y Company se presta mucho para eso porque es como un libro para colorear con los colores que quieras. Y apareció muy rápidamente la imagen de cómo quería que fuera. Si llamaba a un director, iba a estar discutiendo conmigo mismo y reprochándome por qué no la había agarrado yo si tenía una idea clara de lo que quería. Y si elegía a otro actor, lo iba a torturar también. Lo que sí, metí a Laura Oliva, que hace la dirección de actores y me está ayudando. La admiro y me conoce desde High School Musical. Ella fue jurado ahí y me eligió para quedar en el musical.
-¿Qué podés decir de Company?
-Que es un obrón. Un clásico que está desde los ‘70 y se hace cada dos o tres años en Broadway y en Londres. Ahora se está haciendo en Francia. En España la hizo Antonio Banderas. Nosotros compramos los derechos de esta versión, que es la última que se hizo. La obra trata de un pibe que es el único soltero de todo su grupo de amigos. Un chico que no termina de entender por qué tendría que estar con alguien. Y aparecen muchos disparadores: ¿es más fácil estar solo o estar acompañado? Y en un momento mi personaje le pregunta a uno de sus amigos: “¿Alguna vez te arrepentiste de haberte casado?” Y el otro responde: “Me arrepiento todos los días y lo agradezco todos los días”. También toca temas actuales: la soledad en estos tiempos que vivimos, el compromiso emocional, el ghosteo, las relaciones tóxicas, la cosificación…
-¿Cuándo te enamoraste de los musicales?
-Mi amor por el teatro musical empezó a los diez años, cuando mi mamá me llevó a ver Chicago con Sandra Guida y Alejandra Radano. Siempre digo que se subió el telón y ahí empezó mi vida. Y hoy tengo la suerte de trabajar con Radano en Company. Ella quiso trabajar con nosotros y es el summum. También tengo, te dije, a Laura Oliva, a Diego Jaraz… Siento que soy Scaloni, literalmente. Tengo una selección. Cuando los miro digo: “En qué momento pasó esto”. Es gente muy grosa. Creo que es inédito.
-En estos veinte años de profesión te pasaron cosas muy fuertes, como perder a tus padres. ¿De qué modo te ayudó el teatro?
-En todo sentido. Sin duda, lo más fuerte que pasó fue la pérdida de mis padres. Mi mamá murió de cáncer cuando yo tenía 19 y cuatro años después falleció mi papá de un paro cardíaco. Y con la partida de ellos se me fue la mirada de mis padres en las cosas que hacía. Después fui encontrando algo en la salida al teatro, en el amor del público, en ese ida y vuelta. Tanto es así que al dia siguiente de la muerte de mamá, ensayé Despertar de primavera. Pero no lo hice desde la frase “el show debe continuar”, si no que era lo que yo necesitaba. El teatro siempre fue mi lugar de catarsis y de sanar.
-Encima es una obra fuerte.
-Claro y yo la actuaba. La obra es dura porque a mi personaje se le suicida el mejor amigo y se le muere el amor de su vida con su bebé en la panza. O sea, todas las noches en el escenario lloraba dos tumbas. Tenía 20 años. Fue muy duro y muy doloroso. Me quedó una herida mal cicatrizada, por eso la quise volver a hacer este año.
-Y ganaron varios premios..
-Sí, este año ganamos todos los Hugo. Gané como mejor director, ganaron mis protagonistas, ganamos como mejor musical. Es un espectáculo que me da mucho orgullo. Haber trabajado con un elenco de chicos desconocidos, salidos de una audición abierta y que se conviertan en estrellas para su generación, es genial. Despertar de primavera es una obra que sigue tocando el corazón de la gente. Y en lo personal fue decir: “Listo, pude cerrar bien ese capítulo”.
-¿Hacés o hiciste terapia?
-La primera vez que hice terapia fue a los 15 años. Tuve baches; cambié de analista. Ahora sigo. Hace tres años que mi analista es (Gabriel) Rolón.
-¿Cómo llegaste a Rolón?
-Estaba muy mal en ese momento y le escribí por Instagram. Le dije: “Te necesito, me gustaría hablar con vos”. Y me respondió “Escribime”. Eso fue una noche antes de dormirme. Hoy, me atiendo una vez por semana. Rolón es un gran compañero. Ahora estoy súper. Crecer ayuda y todo se vive de otra manera. Me siento un afortunado. Tengo una vida espectacular. Es como muy hermosa la vida que pude construir. Soy muy consciente y muy agradecido. Trabajo mucho para estar a la altura. Soy muy consciente de lo privilegiado que soy. No tanto por si ocupo o no ocupo un lugar, si no por irme a dormir agotado de poder hacer las cosas que me encantan. Como poder elegir con quién compartís tu tiempo, con quién trabajás, con quién te rodeás.
-En lo personal también te va bien, ¿estás muy enamorado?
-Sí, hace dos años ya que estamos con Pablo (Turturiello). El es el sol de todos los días. Es lo más. Es el protagonista de La Sirenita, un gran actor y conductor uruguayo. Trabaja entre acá y allá.
Fernando Dente junto a Pablo Turturiello, su actual pareja. Foto: Archivo Clarín.-¿Tienen ganas de ser padres?
-Sí, es nuestro deseo. Todavía no sabemos cuándo ni cómo. Es algo muy particular cuando no podés gestar, cuando hay que ponerle cabeza. Sabemos que queremos ser padres. Estamos empezando a entender cómo serían los distintos caminos. Ninguno es tan fácil. Igual no nos corre nadie.
-¿Cómo te imaginás como papá?
-Gracioso. Si bien ellos no se llevaban bien, mis padres fueron muy buenos conmigo. Mi mamá era muy perfecta, literal. Teníamos un vínculo espectacular. Una gran madre. Y mi papá era muy afectuoso. No me molestaron como padres y lo valoro un montón. Yo soy el cuarto hermano. O sea, los agarré cansadísimos. Hice lo que quise y nunca tuve trabas. A los 17 años me fui a vivir solo. Y como estaba trabajando, pude alquilar un departamento. Recién el año pasado pude comprarme mi casa. Un lujo.
-¿Y cómo te manejabas con lo cotidiano con 17 años?
-(Risas) Me han cortado la luz y el agua mil veces. Viví cuatro años con Agus Vera, a quién conocí en High School Musical y hoy es mi asistente de dirección y como mi hermana. En ese entonces nos dividíamos las tareas. El primer año hacíamos mucho delivery. Siempre me pedía suprema a la suiza con papas noisette. Ganaba súper bien para ser un chico de 17 años. Me podía pagar mis clases, la obra social y la terapia.
-¿Fue duro para tus papás que te fueras a vivir solo tan joven?
-Para nada. Mamá me daba libertad. Aparte me veía re bien. El trabajo también me ordenó mucho. Hacía funciones de miércoles a domingos y doble, los sábados. Además, siempre fui un abuelo. Me gusta dormirme temprano.
Fernando Dente es muy ordenado con sus rutinas y suele dormir temprano. Foto: Victoria Gesualdi.-¿Descontrolaste alguna vez?
-Jamás. Nunca me gustó. Me pasa hoy. Una anécdota es que a los 17, nos invitan a ver a Soda Stereo en River. Todos mis amigos estaban adelante en el pogo y yo atrás, con las camperas de todos. ¿Me querés matar? Llevame a un recital.
-¿Cómo es tu rutina hoy?
-Me levanto a las cinco y media de la mañana para hacer Paraíso fiscal en OLGA, junto a Luciana Geuna. Después tengo mis clases de ballet. Las hago en el estudio de Olga Ferri. Y por las tardes ensayo Company. Los fines de semana me los dejo para trabajar. Leo los guiones, escribo, pongo y saco.
-Por último, ¿qué te enoja?
-Me enoja mucho que las cosas no sean como tienen que ser. En el teatro encontré mi lugar, porque si las cosas no son como tienen que ser, entonces no suceden. Y me encanta eso: el orden, el hábito, la disciplina. No sólo me calma sino que me genera placer. Me siento en la panza de mi mamá, como en el líquido amniótico. Eso me calma y me tranquiliza.










