En una semana de alta tensión, Estudiantes mostró carácter, le ganó a Central Córdoba y se metió en las semifinales del Torneo Clausura

En una semana de alta tensión, Estudiantes mostró carácter, le ganó a Central Córdoba y se metió en las semifinales del Torneo Clausura


Estudiantes de La Plata, el abanderado de la disidencia, el díscolo de un sistema que parece no tener lugar para las discrepancias, avanzó un casillero en la definición del Torneo Clausura. Le ganó 1 a 0 a Central Córdoba, lo dejó fuera de competencia y es el primero de los equipos en alcanzar la semifinal. Todo en medio de una guerra con la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) que permitió que el partido tuviera más televidentes buscando algo más que lo que terminó ofreciendo el partido.

La previa del partido se concentró en una gran teoría conspirativa: un apagón que dejó sin luz a diversas zonas de cuatro provincias del Norte, se acotó a la sospecha de una mano negra que había bajado la térmica en el coqueto hotel de La Banda en que se hospedó Estudiantes. La Policía tampoco ayudó: no dejó pasar a los simpatizantes del Pincha a darle apoyo a sus jugadores y hasta descolgaron un papel escrito a pulso con un fibrón con la consigna “solos contra todos”.

Esa es la idea que reina en Estudiantes: solos contra todos. Por eso la agrupación pincharrata “La Popu Unida” organiza una colecta para juntar dinero y ayudar al club a afrontar la multa de alrededor de 80 mil dólares, por el ‘espaldazo’ de la discordia contra Rosario Central. Todo eso estaba conjugado en el mismo partido.

Estudiantes jugó contra Central Córdoba y contra lo que representa el Ferroviario en el inconsciente colectivo: que el albinegro es uno de los equipos del poder. Si por obvias razones Barracas Central es el equipo de Claudio Chiqui Tapia, el de Santiago del Estero es el de Pablo Toviggino, aunque sea una conexión caprichosa. La bandera que “la barra del Oeste” exhibe en una de las cabeceras con un escudo de la AFA, tampoco ayuda demasiado a despejar la vinculación. El Centro de Alto Rendimiento de la AFA frente al estadio, al otro lado del puente carretero, tampoco.

Sin embargo, los jugadores y el árbitro se abstrajeron de ese contexto: los futbolistas no le complicaron el partido Yael Falcón Pérez, quien esta vez no aportó un detalle de esos que alimentan la idea de favoritismo. Afuera, en las tribunas, se jugó el juego que se alimentó en la semana. Pese a que Estudiantes y AFA se reclaman coherencia y reglas claras, ambos fingieron demencia y el estadio tuvo lugar para hinchas neutrales, que (guiño-guiño) se encargaron de simular su pertenencia a Estudiantes y cantaron eso de “Chiqui Tapia botón”, que los locales taparon con silbidos.

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Infografía: Clarín

El calor agobiante se puede sentir en la noche santiagueña y por eso a la media hora se detuvo el partido para que los futbolistas pudiera hidratarse. Hasta ese momento el encuentro había tenido dos situaciones claras hermanadas en la misma jugada. Porque con un remate potente de Edwuin Cetré, Alan Aguerre se lució desviando el tiro.

De ese córner, el local hilvanó un contragolpe que pudo ser letal de no haber sido por la gran reacción defensiva del Pincha, que volvió al fondo con cuatro jugadores para apagar el incendio: Matías Perelló corrió 60 metros sin marca y cuando lo arrinconaron, abrió para Santiago Moyano, que pisó el área, enganchó y se quedó sin aire para hacer algo más.

Hubo que esperar hasta los 19 minutos del segundo tiempo para una gran acción del Pincha, que hizo delirar a los «neutrales»: la combinación entre Cristian Medina para que Cetré desbordara por izquierda y mandara el cambio de frente para Tiago Palacios, que sacó un bombazo de zurda que rompió la igualdad.

El gol abrió el duelo: tras sacar del medio, Lucas Varaldo metió un derechazo que hizo rebotar la pelota en el travesaño. Fue la mejor señal que dio el partido, que parecía encaminarse al alargue y tal vez a los penales.

Para el equipo de Eduardo Domínguez, el desafío fue sostener la diferencia sin esforzarse de más: los minutos finales dejaron al descubierto el cansancio de los futbolistas. Para los de Omar De Felippe, redoblar el sacrificio pese al calor porque de nada les servía la derrota. Casi que ni aprovecharon los segundos para refrescarse.

Ni el apuro del Ferroviario ni el partido abierto hasta el pitazo final impidieron la victoria del equipo de La Plata, que tras dejar en el camino «al equipo de Toviggino”, tiene que esperar por su rival en semifinales: el clásico Gimnasia y Esgrima o Barracas Central, quienes se enfrentarán el lunes. Cualquiera sea ganador, para Estudiantes el morbo está asegurado.

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