La imagen de un joven Augusto Roa Bastos, de veintitantos, ilustra la portada de la edición de Poemas inéditos que reunió y editó su hija Mirta Roa y que el viernes pasado tuvo su merecida presentación en el Centro Cultural República del Paraguay.
“Esta foto es del tiempo en que hizo los poemas”, describe Mirta Roa, minutos previos al encuentro que la reuniría con la traductora y escritora María Gloria Pereira y Rodolfo Serafini, agregado cultural de la Embajada del Paraguay en Argentina.
“Se la dedicó a mi mamá en la época que eran novios. Ellos se casaron en el 42– comenta y señala la firma que aparece en el lado inferior derecho–. Algunos de estos poemas los encontré en las cartas que mi mamá tenía guardadas, atadas con lazo. Mi mamá (Lidia Mascheroni) murió hace 8 años y mientras ella vivía, pues yo no curioseé. Después me animé y abrí esos sobres y ahí encontré a otro Roa Bastos, otro momento, un momento romántico en el que le mandaba cartas a mi mamá. Mis abuelos maternos no querían que se casara. No les gustaba ese novio, imagínate un poeta. Era una pérdida eso, el poeta era visto como un vago, pensando en las estrellas, mirando la luna. Se veían a escondidas y las cartas eran la forma de comunicarse. Y en esas cartas encontré muchos poemas, románticos, pero también de mucho fervor patriótico”.
Junto a Carlos Roa, su hermano, lleva adelante, desde 2007, la Fundación Augusto Roa Bastos con el fin de preservar la memoria de la figura más importante de la literatura paraguaya, recopilar sus obras dispersas, difundirlas y por, sobre todo, promocionar la lectura como valor fundamental para el desarrollo humano. Desde la fundación han publicado más de 40 títulos y siguen investigando y recopilando los textos del autor reconocido con el Premio Cervantes en 1989.
Una misión
“Uno tiene que tener un sentido –dice Mirta con total honestidad–. Yo leí el libro de Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido, psiquiatra austriaco, sobreviviente del holocausto, y supe que esta es mi misión, mi responsabilidad. Soy la única hija paraguaya, porque mi hermano nació en la Argentina y después, mi padre tuvo más hijos en Francia. Entonces, siento esa responsabilidad. Antes de irme quiero que todo quede editado, que los papeles, los libros, queden al resguardo en alguna universidad para que estén al alcance de toda la gente. Tuvimos la suerte de que muchos amigos de mi papá no ayudarán, nos dieran material. Lastimosamente en estos 20 años se nos han ido ya muchos. Uno de ellos, el querido Ramiro Domínguez quien me ayudó con este libro”.
Mirta Roa en la resentacion del libro de poemas su padre Augusto Roa Bastos. Foto: Juano Tesone.Fue Domínguez, el escritor, dramaturgo, ensayista, sociólogo y poeta el que la alentó a que no descartara ninguno de los versos. “A mí algunos me parecían un poco cursi. Él me dijo: ´no puedes desechar nada, porque la gente quiere ver la trayectoria. Quiere conocer. Que los demás juzguen –el recuerdo le dibuja una sonrisa–. Hay un libro de Poesía Reunida, entonces me pregunté ¿cuántos de estos poemas él no habrá querido que se publiquen?”
En ese instante la inolvidable entrevista de Joaquín Soler Serrano al poeta y escritor paraguayo en el programa A Fondo que se emitió en 1976 recuerda que había obras que prefería que se perdieran. “Pero ahora al leerlos uno palpita lo que él sentía, vivía”, resume Mirta. Hay textos que Augusto Roa Bastos (1917–2005) le dedicó a su madre, a su padre, a la familia, a la mujer que lo enamora, a la tierra, a los soldados, a la vida y a la muerte.
Mirta nació 18 días después de la muerte de su hermano mayor. Tenía dos años. “La misma noche que murió –el 12 de marzo de 1946– mi padre escribió un poema desgarrador (“Nana” blanca para el niño enfermo que se murió al atardecer, que se publicó en el diario El País). Yo nací el 30 de ese mismo año. Me imagino que debe de haber sido muy dramático. No tengo traumas, pero pienso que no era un buen momento para nacer”.
«El fuego de la vida/es muy pequeña cosa:/ combustión de una rosa/antes de estar nacida, /fiebre en alguna herida misteriosa…” se escucha en la voz de Carlos Roa pronunciando Rescoldo («Pensando en un niño muerto»), el poema que escribió su padre y que es parte del poemario. Varios de los textos tienen al pie un código QR que permite acceder a los textos recitados por artistas y colaboradores. Mirta le puso voz a «Pequeño canto de amor a la Argentina», acompañada por la guitarra de Blanca Alicia Langlais.
Obra en el exilio
La mirada de Mirta mucho recuerda a la de su padre, el autor de una obra que se construyó casi enteramente en el exilio (Hijo de hombre, Yo el Supremo), y que ha sido traducida al menos a 25 idiomas. “Algunos de estos poemas fueron publicados en periódicos de Asunción y también en España, medios que ya no existen más; otros me los mandaron amigos, los originales como los que me envió Armando Almada Roche, periodista que vive acá, en la Argentina. Y así fui juntando”.
Sin detenerse anticipa que está trabajando en una biografía definitiva y en un libro que está realizando una estudiosa de la obra de su padre en Francia acerca de la época que estuvo trabajando para la BBC en la Segunda Guerra Mundial. “Seleccioné todas las cartas de ese año que estuvo en Londres, recorrió varias ciudades de Inglaterra y países europeos –comenta–. Tenía 27 años. Escribió cartas muy evocativas. En una contaba que tenía 4 kilos menos y que tuvo que vender un traje para seguir viviendo”.
Los poemas inéditos de Augusto Roa Bastos, que reunió y editó su hija Mirta Roa, fueron presentados en el Centro Cultural República del Paraguay. Foto: Juano Tesone.Es hora de la ceremonia oficial. En el salón del primer piso el público –integrantes de la comunidad paraguaya en el país– escuchan atentos las palabras de bienvenida de Rodolfo Serafini que señala que este es el único centro cultural que el Paraguay tiene en el exterior.
Sobre la calle Tucumán, casi avenida Callao, se encuentra esta casa al estilo Belle Époque que sirvió de residencia de los embajadores del Paraguay en la Argentina. Luego del trabajo de restauración y puesta en valor de la casa que perteneció a Don Carlos Hillner Decoud abrió sus puertas en 2019.
“Y desde 2023 comenzamos a realizar actividades de promoción de la cultura del Paraguay –señala–. Hoy tenemos la oportunidad de presentar estos tres títulos de la editorial Servilibro: La cocinera paraguaya, de Raquel Livieres de Artecona; Manuelita: cuentos y poemas, de María Elena Walsh en un edición bilingüe guaraní–castellano con traducción de María Gloria Pereira y los Poemas inéditos, de Augusto Roa Bastos”.
Antes de ceder el micrófono a Mirta Roa y a María Gloria Pereira, Serafini apunta que el libro de cocina no se limita a compartir recetas “sino que documenta una época histórica del país. Muchos de los platos ya no se encuentran en las cocinas actuales y su ausencia revela una pérdida cultural que este libro ayuda a revertir”.
Con una sentida emoción Mirta sostiene que la edición de este libro de poemas no es solamente un aporte literario, sino también afectivo. “Son textos en los que reflexiona sobre el tiempo, la memoria, las distancias que a veces nos alejan. Algunas son distancias físicas, otras, son espirituales, como cuando suceden con los exilios o las migraciones».
“María Gloria ¿nos podés leer un poema”, le pide. La autora y traductora opta por la «Elegía a Julio Correa», el poeta paraguayo que murió en Luque, “mi ciudad”, aclara Pereira y recita: “Corazón popular/ del solar guaraní, /se quebró ya el rubí/ de tu idioma sin par”.
En Paraguay, María Elena Walsh tiene una fuerte presencia que atraviesa a varias generaciones y por eso elegimos sus textos para traducirlos al guaraní.
Reivindicación de la lengua
“En nuestro país un gran porcentaje habla guaraní, un guaraní cotidiano, pero queremos que la lengua puede ir más allá. Luchamos por un espacio de reivindicación de la lengua y nos propusimos hacerlo a través de obras universales. Ya lo hicimos con Mafalda, con Horacio Quiroga, con El Principito, de Antoine Saint Exupéry. La lengua guaraní no es menos que ninguna otra lengua. Tiene todas las potencialidades y posibilidades. Lamentablemente hay una generación de jóvenes que está creciendo, sobre todo en los cascos urbanos, que ya no hablan tanto el guaraní, es por eso que tenemos que trazar un puente para que llegue a las escuelas”.
Mirta Roa en la resentacion del libro de poemas su padre Augusto Roa Bastos. Foto: Juano Tesone.Manuelita en guaraní se convierte en una canción con solo el ritmo de la entonación y pasión que María Gloria Pereira impone en cada frase.
El ministro Gustavo Miranda Valenzuela, de la Embajada de la República de Paraguay, ofrece una visita guiada por el centro y en especial por la muestra Volver a casa, una cartografía sensible de Paraguay, que reúne obras textiles, de cestería, cerámica y madera provenientes de las distintas regiones. “Las piezas participaron en la Expo Dubái 2020 –destaca Miranda Valenzuela–, también se encuentra el telar Tejer raíces producción artística colaborativa por un grupo de 14 mujeres artesanas”.
La gran puerta verde está por cerrar la noche en el Centro Cultural pero antes, el gran anuncio: el próximo 5 de diciembre en el Auditorio Nacional del Palacio Libertad se realizará un homenaje a los 100 años de la Guaranía, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.










