creó fragancias hasta para una estrella que odiaba perfumarse

creó fragancias hasta para una estrella que odiaba perfumarse


Un jeroglífico olfativo. Así define una fragancia Ramón Monegal (Barcelona, 1951), quien asegura que no todos sabemos descifrarlo. De paso por Buenos Aires, este “nariz” (experto en perfumería y compositor de fragancias) se ríe tras jurar que “algo de perfume me corre por las venas”. Y no se lamenta cuando afirma: “La familia pesa mucho, más aún cuando hay un negocio familiar de tantos años”. Es decir, su destino como perfumista estaba marcado en el ADN, pero además por cumplimiento de un legado de siglos.

Su historia comienza cuando otro Ramón Monegal, su bisabuelo, abrió una droguería a fines del siglo XIX en Barcelona, y en 1916 empezó a vender perfumes que él mismo fabricaba, echando mano de una destiladora de aceites esenciales.

La saga Monegal se reparte entre los Ramones y los Estébanes. En 1917, Esteban Monegal -hijo de aquel Ramón y abuelo de éste- tuvo que hacerse cargo de la fábrica, dejando atrás una carrera de escultor, que se dispersaba en una bohemia de dandy. No tenía otra: Ramón senior tenía un hermano cura.

Myrurgia. La marca de Los Monegal, que perfumó a España durante el siglo XX, con sus jabones Maja y su fragancia Maderas de oriente.

Finalmente, fue Esteban quien bautizó Myrurgia la marca de los perfumes que hacían los Monegal. Se trata de un término compuesto a partir de conceptos griegos: myron significa esencia y ergon, industria. Todos los tocadores de España estarían muy pronto decorados con productos del branding. Por un lado, los jabones Maja (el clásico sintetizaba flores españolas: rosa, clavel y geranio), y, por el otro, frascos de Maderas de Oriente (1918), el atrevido Orgía (1919) y el esperado Maja (1921).

“Mi abuelo era un escultor con aspiraciones clásicas, y un amante de la mitología griega. Cuando se dio cuenta de que el nombre que había elegido era difícil para la mayoría, inventó el eslogan justo: Myrurgia, difícil de recordar pero muy útil para su tocador. Una genialidad del márketing. A este Esteban artista lo siguió mi padre, perfumista profesional, y luego vino mi hermano mayor, que es el Esteban que fue para otro lado: se hizo banquero”, cuenta Monegal, siempre cerrando sus frases con una sonrisa.

Como Capuletos y Montescos

Los Monegal, ya con el padre de nuestro Ramón a la cabeza, se convirtieron en la familia insignia de los aromas hogareños en la península. Pero a todo Capuleto le corresponde un Montesco y ahí están los Puig, creadores del primer pintalabios español en 1922 y una colonia popular como el Agua Lavanda (1940). Llegaron para hacerles sombra a los Ramones y Estébanes.

En familia. Ramón y sus hijos, todos parte de su empresa familiar: Oscar, Laura y Héctor.En familia. Ramón y sus hijos, todos parte de su empresa familiar: Oscar, Laura y Héctor.

Monegal recuerda: “Myrurgia perfumaba a España y a nosotros desde que nacíamos nos perfumaban en casa con una colonia que había sido hecha en exclusiva. Era un perfume personal, de notas cítricas energizantes, que mi padre luego en los ‘70 reformuló y yo la relancé con mi marca con el nombre Heritage Drops hace unos tres años. Me acuerdo de niño ver a un señor alto que venía de Francia a cenar a casa, que lo llamaban ‘el Mago de los Perfumes’, ¿y quién era? Jean Paul Guerlain, nada menos. Tenía la misma afición que mi padre: la cocina. En esa época, no existían los chefs como ahora y mi padre era mejor cocinero que perfumista”.

-¿Estaban atentos a los pasos que daban los Puig?

Los Puig no han sido nunca perfumistas, eran comerciantes. Lo que realmente entendieron fue que las marcas españolas que habían estado encerradas con la dictadura, se habían vuelto industrias muy potentes, pero cuando salíamos fuera de España, el tipo de perfumería que hacíamos no funcionaba. Y Puig lo entendió y es por eso que tomó la licencia de Paco Rabanne. porque se tenían que disfrazar de franceses. Eso mismo hizo Paco, que era originalmente el vasco Francisco Rabaneda, pero entendió que para salir a nivel internacional había que ir con la firma de París, que la de Barcelona no era suficientemente aspiracional. Entonces Puig desarrolló esta estrategia y creció más que nosotros. Pero los Monegal fuimos la familia de perfumistas auténtica de España, como lo fueron los Guerlain en Francia.

Los Monegal fuimos la familia de perfumistas auténtica de España, como lo fueron los Guerlain en Francia.

Finalmente, Puig se ha convertido en una gran empresa multinacional y multimarcas con base en Barcelona, que contiene a Paco Rabanne, Carolina Herrera, Jean Paul Gaultier, Nina Ricci y muchas más. En el año 2000, compró a Myrurgia. “Digamos que la vendió mi hermano, el banquero”, aclara Monegal.

-¿Y cómo te cayó que una familia haya depredado a la otra?

-Sí, y logré liberarme de Myrurgia para crear una marca propia, con mi nombre, que está más viva que nunca. Al principio, trabajé con licencias (para Don Algodón, Mango, Massimo Dutti) y soy el perfumista fantasma detrás de la marca de Adolfo Domínguez.

Mientras uno de sus hijos prepara la mesa y los ingredientes que formarán parte de su workshop, en una sala de la porteña y paqueta de la perfumería édition privée, Ramón señala el siguiente paso hacia las celebrities: fragancias para Carmen Sevilla, Inés de la Fressange y Julio Iglesias, entre otros.

Workshop. Monegal ejerce la pedagogía con tanta pasión como afabilidad. Aquí en Buenos Aires, en la boutique édition privée.Workshop. Monegal ejerce la pedagogía con tanta pasión como afabilidad. Aquí en Buenos Aires, en la boutique édition privée.

-¿Cómo fue la experiencia con Julio Iglesias?

-Con el señor Iglesias trabajé en la época que el tío era un sex symbol total, que es a fines de los ‘80. En una de las primeras reuniones que tuve con él, me dijo de frente: “Sepa que yo no me perfumo, porque mis feromonas ya son cautivadoras”. Vaya complicación, entonces. ¿Cómo haces un perfume para un señor al que no le gustan los perfumes, que teme perder el título de gran seductor, que se ha acostado con España entera? Yo le hice uno especial para él, algo casi neutro. “No, éste no, es muy cítrico; así no, es muy invasivo”, me decía. Se lo hice además en tres concentraciones diferentes, con tres frascos totalmente distintos. Salieron a la venta, pero supongo que todavía los tiene en la biblioteca sin usar.

Julio Iglesias me dijo: “Sepa que yo no me perfumo, porque mis feromonas ya son cautivadoras”.

La carrera solista

En 2009, se vuelve independiente ya de Myrurgia. Abre en Barcelona una tienda con su nombre, donde vende los perfumes que él mismo crea. “A partir de aquí es cuando empecé yo a pensar de cómo tenía que encontrar mi identidad. Y me fui a los orígenes: como mi abuelo, me inspiré en el sur de España, porque el perfume allí lo llevaron los árabes, que estuvieron siglos. Entendí que tenía que ser un perfumista español, que debía representar los mitos locales, pero en plan moderno”.

Militante del buen olfato. Monegal es una de las narices más respetadas de su generación.Militante del buen olfato. Monegal es una de las narices más respetadas de su generación.

Así fueron desfilando Flamenco (un best seller), Olé, Bravo, Faisa, Siesta (una joya), Matador (el último de la serie española, dulce y frutal, el que vino a presentar aquí). “Yo reivindico el arte español y la particularidad de nuestro lujo, que no es como el francés. Los castillos franceses, ingleses o alemanes son enormes. Nosotros no tenemos eso. Tenemos fortalezas. Es todo mucho más austero. ¿Cuál sería nuestro lujo? El sol, el mar, el aire, el bien vivir, la comida, la buena gente…”, se entusiasma detrás de sus anteojos y bajo su eterna melena gris, de estilo jónico.

El lujo español es el sol, el mar, el aire, el bien vivir, la comida, la buena gente….

-Dedicaste toda una colección a la isla de Ibiza.

-Sí, en Ibiza yo viví una experiencia muy bonita durante la dictadura… Los hippies se establecieron allí a finales de los ‘60 y yo la descubrí al inicio de los ‘70 porque en España había una dictadura dura, militar, católica, apostólica, romana, antisexo, antitodo. Ibiza fue para mí la libertad total: el amor libre, el hachís, el pachuli… Yo me escapé, ya me había corrido con los policías, porque todos los universitarios éramos anti-Dictadura. Con la colección quise contar aquel paraíso donde viví. La Isla Blanca es un perfume que da la sensación del mediodía, cuando el agua del mar se seca en la piel y queda la sal. El amanecer después de las fiestas alucinógenas está en Flower Power y el atardecer, en Sunset Café, esa hora azul mágica, con música relajada, cócteles, la arena… La fragancia que refleja el momento electrónico de la noche ibicenca, de los neones, de los flashes, de las piñas coladas es All Night Long. Hice cinco perfumes y ya estoy trabajando el sexto.

En los ’70, Ibiza fue para mí la libertad total: el amor libre, el hachís, el pachuli…

A Monegal no le importa que existan miles de marcas independientes, no le teme a la competencia. “El exceso de marcas no es malo. ¿Cuántas quedarán en 10 años? Lo importante es cuestionar a las multinacionales dinosaurios, que antes nos despreciaban y ahora nos copian”, dice antes de que la mala palabra aparezca en la charla: moda. “La perfumería es un arte que ha caído en manos de la moda, pero ese mundo del fashion es un intruso, que hace 100 años nomás que se impuso. Pero el perfume y el arte olfativo hace miles y miles de años que existe. Desde los primeros chamanes, que se conecta con lo sagrado. Y para la moda, un perfume es un simple accesorio.”

-¿Podrías desarrollar más esa idea de que un perfume es un jeroglífico olfativo?

-Un perfume es una historia. Y si estuviera publicado, sería una novela de 400 páginas. Y están todas escritas en chino. Nadie nos enseña a entender mejor la perfumería. La incultura sobre el olor es total. La industria ha invertido millones en publicidad, pero nunca separó un solo millón para educar a los niños, para enseñarles a oler. Yo he trabajado con niños en la escuela primaria y es entonces cuando debemos educar un sentido que tenemos poco desarrollado, que es muy pobre. Los chicos tienen un olfato superior al del adulto. Hay que educarlo. En casa, ya estoy entrenando a mis nietos. Todos sabemos leer imágenes visuales, pero hay imágenes olfativas también, que quedan sin traducir. No sabemos traducir la información feromónica que vamos desprendiendo. El problema es que los perfumistas viven encerrados en sus laboratorios y no salen de ahí. Hasta los animales están más desarrollados a nivel olfativo.

Matador. La última fragancia de la marca Monegal que el autor presentó en Buenos Aires. Rosas, maracuyá y cuero.Matador. La última fragancia de la marca Monegal que el autor presentó en Buenos Aires. Rosas, maracuyá y cuero.

-El olfato de un perro es miles de veces más potente que el nuestro.

-Por instinto, sí, lo tienen innato. Pero hay algo que un perro no puede hacer: inventar un nuevo olor que no está en la Naturaleza. Eso es sólo humano.

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