Platense cierra un año de proporciones impensadas. Aunque el título en el Torneo Apertura haya quedado lejos –además de un ganador del Clausura, también nació por generación espontánea el campeón «designado» Rosario Central-, el «Calamar» no diluyó sus emociones, aunque su equipo –eso sí-, ya no sea el mismo y haya perdido no solo a la dupla técnica, sino también a su reemplazante. En San Nicolás y contra Estudiantes de La Plata, nada menos en el marco de una final, la del Trofeo de Campeones, estrenará director técnico.
Ser campeón, un logro que el Calamar consiguió 120 años después de su fundación, le permitió a Platense experimentar en un terreno nuevo. Ganar es difícil, sostenerse aún más y ese aprendizaje está lleno de sobresaltos. Aquel equipo ordenado, corto y solidario de la dupla Favio Orsi – Sergio Gómez, que no brilló por nombres rutilantes sino por convicción colectiva que los llevó lejos, fue perdiendo sus cualidades.
Pero primero los perdió a ellos. La salida de la dupla abrió un proceso que nunca terminó de acomodarse. La dirigencia apostó por Cristian González, que asumió en junio de 2025 con la misión de conducir al club en su nuevo estatus de campeón, pero protagonizó un ciclo breve y turbulento. El «Kily» dirigió apenas 14 partidos, con dos victorias, seis empates y media docena de derrotas, números que no alcanzaron para sostener el proyecto.
El Calamar tuvo la chapa de campéon, pero no logró afirmarse ni en el Clausura ni en la Copa Argentina y, tras una derrota frente a Independiente, en octubre se tomó la decisión de interrumpir el proceso y continuar en piloto automático para prepararse para el partido del sábado, el que juegan los últimos campeones 2025 –excepto Rosario Central- que además de otra estrella, le da la oportunidad a Platense de reencausar el camino.
¿Por qué semejante bajón? No hay una única respuesta: no hubo una ruptura total con el pasado reciente, pero sí una crisis de identidad. Platense dejó de parecerse al equipo que se animó a ser campeón. El desgaste natural del plantel -salidas, finalización de préstamos-, terminó de erosionar un mecanismo que hace un tiempo que no luce aceitado. Entonces, ¿qué?
El club optó por mirar hacia adentro. Walter Zunino, hombre de la casa, surgido de las divisiones inferiores y pieza clave del cuerpo técnico que logró la histórica consagración, asumió como entrenador principal. Trabajó durante más de seis temporadas junto a Orsi y Gómez, participó de todos los procesos y fue parte activa del camino que llevó a Platense a su primera estrella.
Con casi un mes de trabajo, debutará en San Nicolás frente a Estudiantes, nada menos que por el Trofeo de Campeones. Platense llega sin la continuidad ideal, ya que hace un mes que no juega, porque su último partido fue el 17 de noviembre con una dura derrota por 3-0 ante Gimnasia de La Plata, que lo dejó en el último puesto de la zona B. Cuando fue campeón, por caso, fue el equipo 15° de los 16 clasificados a octavos de los Playoffs.
Pero si tiene la memoria fresca, la final es el mejor desafío, en la previa de la Copa Libertadores: en 2026 la jugará por primera vez en su historia, ecos de la conquista. Por caso, sus hinchas se lo hicieron notar con una multitudinaria despedida este jueves desde su estadio en Vicente López, rumbo a San Nicolás.
¡PLATENSE PARTE RUMBO A SAN NICOLÁS! 🇦🇷🦑
⚽️ Los hinchas del Calamar se acercaron a Vicente López a despedir al plantel de cara al Trofeo de Campeones ante Estudiantes de La Plata.
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— DSPORTS Argentina (@DSportsAR) December 18, 2025
Y en ese contexto tuvo algo que celebrar en el Torneo Clausura: Ronaldo Martínez fue el goleador del campeonato, con ocho tantos, aunque jugó 13 de los 16 encuentros, ¿A quiénes les convirtió? A River en el debut, a Instituto, por duplicado a San Lorenzo, y a pesar de ausentarse por dos fechas, retornó para inflar las redes frente a Defensa y Justicia, Lanús y San Martín de San Juan. El último al que le convirtió fue a Sarmiento en la fecha 14.
Platense transita, entonces, una etapa bisagra. El fútbol después de ser campéon, no es el mismo. Lo verdaderamente difícil empieza después. Y esta nueva final, en medio de un cambio de mando y con la Libertadores en el horizonte, aparece menos como una confirmación que como una oportunidad: la de volver a reconocerse para demostrar que aquel título no fue un punto de llegada, sino el inicio de un camino que todavía se está escribiendo.










