Ajá, así que está viejo con 38 años. Pues depende de cómo se mire, depende para qué. A los 38 años Lionel Messi ya no tiene la explosión física de sus tiempos juveniles. Vaya novedad. El tiempo pasa para todos. Pero sostiene invicta la calidad. Y el hambre. Siempre fue distinto, lo sigue siendo. Lo habrán comprobado quienes pudieron ver el partido que Inter Miami le ganó 4-1 a Montreal como visitante.
Es humano también y se mandó una macana nunca vista en sus casi 20 años jugando al máximo nivel de exigencia: equivocó un pase. Una rareza. Un pase que terminó en gol adversario. «¿Ah, sí?», se dijo. Y fue por la revancha. La tuvo.
Metió un doblete y dio una asistencia para redondear ese 4-1 en su regreso a la Major League Soccer luego de la travesía por el Mundial de Clubes. Y más allá de la asistencia, los goles. Los golazos. Como si se hubiera metido en el túnel tiempo, a los 38 años hizo un doblete de esos que hacía a los 28.
Encaró, aumentó la velocidad, pasó las dos veces entre cinco rivales y definió con la calidad que nunca moriría.
Así, llegó a 868 goles, con 756 en clubes y 112 en la Selección. Está lejos pero acerca a Cristiano Ronaldo, el otro gran mata redes, que suma 938, de los cuales 800 fueron sus clubes y 138 en la selección de Portugal. Entre CR7 y Leo hay 70 goles de diferencia. Y Messi es dos años más joven. La lucha continúa
¿Dónde? Cristiano seguirá en su club de Arabia Saudita pero Leo concluye su contrato con Inter Miami en diciembre y aunque David Beckham y los cubanos dueños del club tratarán de retenerlo aunque tengan que secuestrarlo, ronda el rumor de que Leo buscará una liga más competitiva. Incluso por cierta sugerencia, no oficializada, de Lionel Scaloni.
¿Por qué? Porque la MLS no le dará la competencia y exigencia que requiere un jugador cuyo objetivo es el Mundial 2026 para hacer su Last Dance albiceleste. Qué hará Messi es un misterio.
Desde la vuelta a algún club importante de Europa, pasando por la nueva tentación que llega desde Arabia Saudita, a jugar seis meses en Newell’s, como desean la todos los hinchas leprosos, algo así como hará Di María en su retorno a Rosario Central. Solo que Di María ya se despidió de la Scaloneta. Y el interrogante es si este fútbol desmadrado, desorganizado, fuerte, áspero de la Argentina realmente es un banco de pruebas para llegar a punto al Mundial.
Por lo pronto, con esas dos jugadas que hizo ante Montreal, Messi avisó que el fuego no se extinguió y que el pobre Mundial de Clubes obedece más al equipo donde juega que a sus intenciones. Como fuera, el Rey no ha muerto. Ni siquiera sufrió un resfrío.










