«No sé si fue una broma o una travesura… lo que sí no fue es un engaño. Fue un experimento filosófico y artístico”, explica desde Roma Andrea Colamedici, el filósofo italiano que quedó en el ojo de la tormenta algunos meses atrás por haber firmado un best-seller con otra identidad, la del supuesto hongkonés viviendo en Berlín Jianwei Xun.
En diálogo con Viva, este pensador irreverente le atribuye la aventura a su amor por Borges y declara que, a diferencia de Trump, Elon Musk sí tiene una idea del futuro pero es una con la que él no coincide.
Ya disponible en nuestro país, Hipnocracia: Trump, Musk y la nueva arquitectura de la realidad es un título que convocó la atención de personas en todo el mundo por su tesis de que, a diferencia de lo que sucedió en el siglo XX, el control actual de la sociedad no se da con vigilancia o castigo de nuestros cuerpos o prohibiendo decir la verdad, sino multiplicando las narrativas alrededor de los hechos y avanzando sobre el terreno de nuestros deseos y fantasías.
Sin embargo, cuando los lectores quisieron saber más sobre Jianwei Xun, de quien había fotos y una biografía en Internet, terminaron descubriendo que había sido una creación de Colamedici asistido por plataformas de IA.
El riesgo más relevante en el uso de IA es la atrofia cognitiva, es decir, el hecho de que corremos el riesgo de dejar de pensar y de dejar de entender por qué es importante pensar.
“Para mí fue otra forma de hacer filosofía, que no tiene por qué ser correcta y que es comprensible que sea criticable, pero fue una suerte de ejercicio de crítica. No fue un engaño como el caso Sokal o Luther Blissett, que buscaron mostrar los errores de la academia y el periodismo, sino que mi objetivo fue el contrario. Quise hacer un libro que fuera al mismo tiempo la manifestación de sus tesis, es decir, que el mero hecho de escribir el libro, de publicarlo, fuera una forma de dar vida a sus ideas. Esa es mi visión de la labor filosófica, crear conceptos como postulaba Gilles Deleuze. Pensar a la filosofía como creación de conceptos también significa ponerse en peligro y asumir riesgos. Y Jianwei Xun fue un riesgo, porque, en el fondo, no tenía ni idea de lo que podía pasar hasta el final”, dijo Colamedici.
-Cree usted, entonces, que hay otras formas de hacer filosofía que las estrictamente académicas…
-Para mí, Borges es uno de los más grandes filósofos del siglo XX y no escribió ensayos de filosofía en sentido estricto. Escribió muchos ensayos y su filosofía está en El Aleph, en Ficciones, en sus cuentos…. Su forma de hacer filosofía es lo que realmente me inspiró para crear a Jianwei Xun porque me hizo comprender que hoy en día, para decir ciertas cosas, no basta con escribirlas. De hecho, sin esa performance, Hipnocracia no habría sido un libro necesario porque ya existe Evgeny Morozov, ya existe Shoshana Zuboff, ya existe Byung-Chul Han… No hay necesidad de escribir otro libro en el que te cuente la realidad pero sí hacía falta uno que la mostrara y que creara lo que los griegos llaman zeugma, es decir, asombro y terror al mismo tiempo, que te dispusiera a esa sacudida que luego te hace desear hacer algo. Hoy en día la gente está aburrida, pero no porque el mundo sea aburrido, sino porque la mirada está aburrida. Entonces se trata de conseguir construir dispositivos, en un sentido más deleuziano que foucaultiano, es decir, instrumentos, que nos pongan en condiciones de recuperar esa capacidad de asombro que nos predispone al descubrimiento.
-Muchos compararon a Jianwei Xun con Pierre Menard, autor del Quijote, ¿la Inteligencia Artificial cambió la noción de originalidad y autoría?
-Estoy impartiendo un curso para la Universidad del Sur de Buenos Aires sobre Borges y la Inteligencia Artificial. La segunda lección fue precisamente sobre Pierre Menard y me resultó fascinante porque es un tema sobre el que llevo mucho tiempo investigando: soy un convencido de que gracias a Borges podemos entender mejor algunas cosas de la Inteligencia Artificial. Creo que es de lectura indispensable Tlön, Uqbar, Orbis Tertius en particular, pero también La biblioteca de Babel, Las ruinas circulares y El Aleph. En Pierre Menard… está el desafío maravilloso y vertiginoso de un autor francés que quiere reescribir el Quijote. Pero lo interesante es todo lo que sucede alrededor y cuyos puntos se pueden unir, como Leibniz o los libros escritos previos de Menard. Es el intento de reducir lo cognoscible, digamos, de volver finito lo infinito y de tratar de comprender cuál es la base matemática del lenguaje. Y este intento recuerda mucho a un pasaje en el final de Tlön… en donde dice “es un rigor de ajedrecistas, no de ángeles”. Coincido con él en que ha cambiado la noción de originalidad y autoría, que son mucho más complejas de lo que siempre nos hemos contado. Pero Borges no fue quien las cambió sino que mostró que nunca hemos pensado por nosotros mismos, que nunca hemos creado por nosotros mismos y que no existe nada que sea realmente original, si por original entendemos exclusivo. La originalidad es una facultad siempre compartida, siempre hija de la relación con el otro. Y esto, en mi opinión, es el gran paso que nos da la Inteligencia Artificial.
-Usted enseña en la universidad una materia llamada Prompt Thinking, algo así como “pensamiento con prompts”. ¿Cree que hay un nuevo tipo de razonamiento que aparece con nuestro acoplamiento con herramientas de IA?
-Sí. La respuesta es sí, pero admitiendo que hay muchos riesgos. Por eso quiero dejar en claro los peligros, que son los que los estudios están poniendo de manifiesto. El más relevante es la atrofia cognitiva, es decir, el hecho de que corremos el riesgo de dejar de pensar y de dejar de entender por qué es importante pensar. Y esto es vertiginoso, pero corremos el riesgo de dejar de preguntarnos: ¿Por qué no debo delegar esto? ¿Por qué no debo delegar también el pensamiento? Así que el primer punto es ése, es decir, ejercitarnos en practicar el pensamiento y comprender cuál es la peculiaridad de nuestro ser animales narrativos y animales pensantes. Luego está el riesgo de una aristocracia cognitiva, en la que quienes tienen las herramientas para pensar, quienes tienen la fuerza de la fricción del pensamiento, quienes se han curtido la piel con el esfuerzo del pensamiento y con la perseverancia incluso en esos momentos de agotamiento y utilizan la inteligencia artificial fuerte de la cultura, tienen ante sí una herramienta fabulosa. Quienes, en cambio, no tienen ese bagaje, quienes no tienen esa historia, quienes no han vivido el cuerpo a cuerpo con la cultura, corren el riesgo de vivir con muletas que debilitan unos músculos ya de por sí muy débiles. Esto es un peligro enorme.










