Hubo empate en el Sur del GBA entre un Banfield que hizo lo que pudo y un Huracán, con más jerarquía, que casi no tuvo ideas. Fue 1-1 y, al final, estuvo bien. Porque el local tuvo todo para ganarlo, pero se topó con su arsenal de limitaciones y porque la visita tuvo el premio por no resignarse hasta el final. ¿Lo mejor? El calor y el color que le da la presencia de las dos hinchadas en las tribunas. Hasta disimula mucho de lo malo que se ve dentro de la cancha.
El final del primer tiempo fue una excelente síntesis de lo que ocurrió en unos 45 minutos iniciales de nervios, imprecisiones y empellones en el Sur del GBA. ¿Qué pasó? Lescano quiso evitar un lateral y se chocó con el asistente 2. Adoryan intentó aprovechar la volada para irse solo, pero el defensor se recuperó y lo cuerpeó con foul. Se armó una trifulca que prometía terminar mal, pero nadie reparó en un leve e insólito detalle: el árbitro Bruno Amiconi, de movimientos ampulosos y fallos letárgicos, estaba de espalda a la situación, en el círculo central, marcando el final de la etapa, aunque su silbato no se escuchaba.
Hasta ahí Banfield, desangrado institucionalmente y con la economía en llamas –no pudo sumar refuerzos porque tiene siete inhibiciones y el plantel no concentró por las deudas-, mostró que arrancó el año corriendo de atrás. Aunque no hay que negarle que Pedro Troglio y sus pupilos hacen lo que pueden para disimular todas las carencias. Del otro lado, Huracán fue un poco más. De la mano de la conducción de Waller y Gil y con las corridas de Cortés y Peralta quedó claro que tenía más argumentos. Pero tampoco le alcanzó. ¿Llegadas? Poquitas.
El cero se rompió tras el descanso. Inesperado. Control de Sepúlveda, descarga para Abraham y cabezazo de Méndez. Pareció una jugada de otro partido. El Taladro tomó el dominio del juego y todo se le facilitó con la roja que vio Peralta por un salvaje planchazo al pecho de Adoryan que el VAR le debió advertir al dubitativo Amiconi.
Banfield no pudo estirar distancias y la roja a Esquivel por doble amarilla le dio vida al Globo. El equipo de Martínez fue a buscar el empate y lo encontró con cierta facilidad. Desborde de Ramírez, buscapié y Caicedo la empujó debajo del arco. Pudo darlo vuelta Huracán porque Banfield entró en pánico escénico sobre el final. Pero nada cambió. Empate y nada más. Si la primera impresión es la que vale será un largo 2026 para el Taladro. ¿Y Huracán? Tiene mucho para mejorar.










