«No existe otra con este estilo»

«No existe otra con este estilo»


Pedro y Sandro no se conocían, pero esa tarde en una playa única de Florianópolis terminaron sentados uno al lado del otro. Hablaron de sus vidas, de viajes y de los países que recorrieron los últimos años. Mientras uno se metía al mar, el otro cuidaba las cosas. Es que en la playa Mole no hacen falta presentaciones.

Trajes de baño coloridos, música electrónica a todo volumen y un ambiente que recibe a todos. Así es playa Mole, ubicada apenas a quince minutos de Barra da Lagoa, con una extensión de 960 metros.

Al ingresar por alguno de sus paradores, la división surge sola, casi sin carteles. De un lado, un ambiente más familiar; del otro, el corazón de la comunidad LGTBQ+.

“Esta playa es muy divertida, me suelo quedar hasta las 20 más o menos. Pero la fiesta sigue hasta la mañana, ya se pasa de divertida”, reconoce Pedro.

Es de Brasilia, pero vive en Florianópolis desde hace doce años. Se dedica al alquiler de propiedades y es habitué en Mole. Habla un español casi perfecto, pero no conoce Buenos Aires, aunque dice que es una deuda pendiente.

A su lado está Sandro, de Venezuela. “Es hermoso, hoy está muy ventoso y hay muchas olas pero me gusta el ambiente. Es la primera vez que vengo y me encanta”, explica el joven.

Comparte que ya compró la entrada para la fiesta del Bar do Deca, uno de los paradores más concurridos de esta playa. Desde que recibió la noticia de la captura de Nicolás Maduro, está contento y entusiasmado.

Sandro vivió cinco años en España y, desde hace dos, volvió a Venezuela. “Allá no se vive, se sobrevive”, confiesa sobre su país. Planea quedarse en la playa hasta las 20.30, salir a cenar con amigos y regresar cerca de la una de la madrugada para seguir con la fiesta en el bar.

“Me encanta el paisaje y la sensación de libertad, un lugar donde no hay espacio para la mala onda”, dice el turista de Venezuela. Y agrega: “No existe otra playa con este estilo en todo Florianópolis, por eso, tanta gente elige volver”.

Durante la tarde, el mar avanza hasta rozar los paradores. El agua es azul y cristalina, la costa extensa. El público es variado, con edades que van de los 20 a los 60. Entre sombrillas, mochilas y pañuelos, un símbolo se repite; la bandera LGTBQ+.

Los colores de la comunidad LGBTIQ+  por toda la playa Mole de Florianópolis. Foto Emmanuel Fernández / Enviado especial

La mayoría de los que llegan son brasileños. Todavía es una playa poco conocida entre turistas extranjeros. Cuando baja el sol, el ambiente cambia, pero la fiesta sigue, se extiende hasta la madrugada con entradas que rondan los $ 16.000.

Para los fanáticos de la electrónica

Un grupo de jóvenes baila al ritmo de Faded, de Alan Walker. Desde el primer momento en Mole, el turista se siente en confianza. La música nunca se apaga. Las olas golpean con fuerza y muchos aprovechan para bailar descalzos sobre la arena, entre risas y con tragos en la mano.

Algunos son de la zona y eligen Mole para divertirse con mayor libertad que en otras playas como Jureré, donde es un ambiente más familiar.

Al lado de la zona LGTBQ+, hay unas piedras que separan Mole con la Galheta, una playa que solía ser nudista pero ya no. El que quiere lo practica y el que no, disfruta de otra manera.

“Vengo siempre con mis amigos, el ambiente está buenísimo. No te aburris nunca más si te gusta la música electrónica. Lo que sí a veces se llena y cuesta encontrar un lugar”, explica Francis, que vino en grupo.

Son cuatro amigos que llegaron desde el norte de Brasil para pasar sus vacaciones en Barra da Lagoa. Alquilaron un departamento cerca y tienen un plan claro: pasar los días y las noches en Mole.

La elegida por los surfistas

“Esta playa se caracteriza por tener olas grandes”, confiesa Pedro, mientras Sandro sigue en el agua. En un momento, queda acostado en la orilla, sin poder levantarse. Las olas son demasiado fuertes, incluso para él.

Cuatro amigos que llegaron desde el norte de Brasil para pasar sus vacaciones en Barra da Lagoa. Foto Emmanuel Fernández / Enviado especial

A lo lejos, algunos turistas buscan adrenalina practicando kitesurf, un deporte acuático en el que una persona se impulsa sobre una tabla mientras utiliza un kite (una cometa) que se mueve con la fuerza del viento.

Al amanecer, cuando algunos todavía continúan de fiesta, aparecen los surfistas que aprovechan el viento y el oleaje.

Mole es famosa por sus enormes olas, capaces de desafiar hasta al más valiente. En esta playa, la noche y el día conviven sin conflicto. Siempre hay lugar para alguien que quiera pasarla bien.

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