Government Plaza, corazón administrativo de Minneapolis, empezó a llenarse desde una hora antes de la convocatoria con la que la ciudad demócrata se citó este viernes para una gran manifestación, la principal entre las centenares previstas en todo el país para protestar contra el Gobierno de Donald Trump.
Hace justo una semana que Minneapolis se echó también a las calles. Entonces, unas 50.000 personas que superaron todas las expectativas alzaron su voz contra la brutal política migratoria de Donald Trump y el acoso federal a una ciudad y un estado (Minnesota) demócratas.
Los discursos empezaron este viernes a las 14:00 en punto (hora local, siete más en la España peninsular). Para entonces, Sarah Keüler, que había conducido tres horas para estar aquí, ya llevaba un rato al sol, tratando de combatir los 14 grados bajo cero. “Hemos tenido suficiente. La gente de Minnesota no huye, cuando acecha un peligro, nos unimos más. Hace tiempo que no me sentía tan orgullosa de lo que soy”, explicó. Un poco más allá, Bill, que no quiso desvelar su apellido, se disculpó por encenderse al hablar sobre lo que está pasando. “Me siento avergonzado. Es una puta vergüenza, nunca creí que llegaríamos a este extremo en este país, que ya no reconozco”, contó.
El plan de los organizadores era caminar por el centro de la ciudad hasta el estadio Target Center, justo de donde este viernes el guitarrista Tom Morello, miembro de la banda de rock protesta Rage Against the Machine, dio un concierto benéfico en First Avenue, sala señera de la ciudad. Las entradas se agotaron rápido para un cartel que completaba el guitarrista de jazz Al Di Meola y un invitado sorpresa. Las apuestas eran dos: ¿sería Eddie Vedder, líder de Pearl Jam? ¿O Bruce Springsteen? El dinero recaudado irá íntegramente para las familias de los dos manifestantes que la policía migratoria de Trump ha matado a tiros en estas calles resistentes desde que empezó la Operación Metro Surge: la poeta Renée Good y el enfermero Alex Pretti. Ambos eran ciudadanos estadounidenses y ambos tenían 37 años.
Finalmente, se confirmó la opción Springsteen. El músico publicó el miércoles la canción Streets of Minneapolis, en honor a ambas víctimas. Se ha convertido ya en un himno de la revuelta. En la manifestación con la que la ciudad dio la bienvenida a un nuevo día de protestas contra el ICE y la Patrulla Fronteriza, un tipo la reprodujo en bucle con un particular equipo de sonido: su móvil y un megáfono.
El hombre se sumó al millar de personas a las 8:00 se juntó en torno a un árbol en un aparcamiento cercano al edificio federal Whipple. Es a ese siniestro lugar en el que la policía migratoria del presidente Donald Trump lleva a las personas, inmigrantes irregulares y ciudadanos estadounidenses por igual, que detienen desde hace dos meses en las calles de esta ciudad demócrata.
Después de los discursos, la multitud caminó a 20 grados bajo cero hacia la puerta del Whipple entre cánticos de “¡Nuestro amor derrite el hielo!” (era un juego de palabras; hielo en inglés es “ice”, que son también las siglas del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos, la agencia federal que está llevando a cabo la brutal política migratoria del presidente de Estados). Una vez allí, continuaron las consignas de “ICE fuera” y “Esta es la fuerza de la que es capaz nuestra comunidad”, los gritos de “¡vergüenza!”, dirigidos a los policías que estaban en primera fila y los insultos a la veintena de agentes federales que se fueron acumulando al fondo.

Más o menos media hora después, estos caminaron hacia los manifestantes y comenzaron las advertencias por megáfono de que la concentración debía disolverse y que los que se empeñaran en seguir protestando se exponían a ser detenidos e imputados por un delito de desorden público. Muchos participantes se fueron, mientras la vanguardia de la protesta se puso las máscaras antigás y un grupo encargado de los primeros auxilios repartía mascarillas de usar y tirar entre los peor equipados. Finalmente, llegaron los botes de humo.
Dentro del Whipple, está encerrado un grupo de manifestantes detenidos el martes pasado en una protesta estudiantil, que ya han pasado a conocerse aquí como “los 16 de Minnesota”. Ellos eran el motivo de la convocatoria, después de que la fiscal general Pam Bondi publicara en sus redes sociales sus fotos, acompañadas de sus nombres, sin importarle la presunción de inocencia o colocarles una diana digital.

A esas dependencias también había llegado antes del amanecer, custodiada por los federales, la periodista independiente local Georgia Fort, a la que fueron a busca a su casa. Hace un par de domingos, grabó una protesta en una iglesia de St. Paul, ciudad gemela de Minneapolis. La acusan de impedir un acto religioso. Ella, como el ex locutor de la CNN Don Lemon, arrestado el jueves en Los Ángeles, defiende que estaba informando, y que la ampara la Primera Enmienda.










