México abre la puerta al ‘fracking’ tras los años de veto de López Obrador

México abre la puerta al ‘fracking’ tras los años de veto de López Obrador


La Administración de Claudia Sheinbaum ha abierto la puerta a la extracción de hidrocarburos, principalmente gas natural y aceite, mediante el fracking o fractura hidráulica, una técnica vetada en el sexenio de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador. Se trata de un cambio de paradigma que choca con la izquierda a nivel mundial, pues los movimientos progresistas y ecologistas se oponen a la técnica, considerada muy dañina para el medio ambiente. El viraje de 180 grados de Sheinbaum en la política energética es también un cambio de posición de la propia presidenta, que en diciembre de 2024 —a los dos meses de tomar posesión del cargo— prometió en una conferencia: “No va a haber fracking“.

Especialistas y políticos del círculo cercano a Sheinbaum consultados por EL PAÍS plantean que la mandataria ha llegado a la conclusión de que vale la pena afrontar el costo político con el sector más duro de Morena a fin de aprovechar los recursos ya identificados por Pemex en los Estados de Coahuila, Tamaulipas y Veracruz. El objetivo detrás de este gran viraje pragmático es que México deje de depender de las importaciones de gas natural de Estados Unidos y pueda alcanzar la soberanía energética.

Debido a que la inversión para reactivar los pozos ya estudiados por Pemex asciende a más de 1.000 millones de dólares, la petrolera estatal buscará la inversión privada. Un grupo de legisladores y especialistas en hidrocarburos, entre ellos el diputado morenista Alfonso Ramírez Cuéllar, uno de los políticos más cercanos a Palacio Nacional, ya ha acercado a la presidenta los estudios que indican el valor potencial de yacimientos de gas natural y aceite localizados principalmente en las entidades arriba mencionadas. También le han presentado esquemas de inversión público-privada y propuestas de reformas en la política fiscal de Pemex para hacer rentables los proyectos.

Fuentes consultadas al interior de ese grupo afirman que la presidenta ha dado su visto bueno a la hoja de ruta que se le ha planteado. “El proyecto lo tiene Pemex y sobre eso se está trabajando. Ella [Sheinbaum] ya se dio cuenta de que, si se quiere llegar a producir 1,8 millones de barriles de petróleo al final del sexenio, hay que meterle dinero al fracking, a lo no convencional, a exploración y producción, y no tanto a refinación”, refiere una de las fuentes consultadas.

En agosto pasado, en una entrevista a este diario, la secretaria de Energía, Luz Elena González, rechazó el empleo del fracking para extraer energéticos, no obstante, admitió que se debía incrementar la producción de gas natural del país. Aunque se solicitó más información a la Secretaría de Energía y a Pemex, al momento de la publicación no se obtuvo respuesta.

La política energética del Gobierno de Sheinbaum tiene ante sí un desafío mayor: continuar con la misión de la soberanía energética iniciada en el sexenio anterior; sanear las finanzas de Pemex, la petrolera más endeudada del mundo, con un pasivo superior a los 100.000 millones de dólares, y mantener la coherencia con el discurso del equilibrio ambiental (antes de entrar a la política, Sheinbaum fue una de las pioneras en estudios sobre el cambio climático). En medio de su crisis financiera, los indicadores de extracción de crudo y gas natural de Pemex han venido a la baja. Actualmente, produce al día 1,6 millones de barriles de petróleo y cerca de 4.500 millones de pies cúbicos diarios de gas natural. Con el objetivo de revertir el declive productivo, esta Administración ha tendido un puente con el empresariado para llevar a cabo explotación en campos terrestres y en el océano, y la reactivación de proyectos de fracking también echaría mano de los privados. Este martes, en su conferencia diaria en Palacio Nacional, Sheinbaum planteó la necesidad de las inversiones mixtas en materia de extracción de gas. “Es un tema muy importante porque estamos dependiendo muchísimo del gas de Estados Unidos. Entonces, es muy importante la soberanía energética”, dijo la mandataria.

De acuerdo con Ramírez Cuéllar, el tema del fracking está sobre la mesa “con un abanico de opciones: geologías complejas y [fuentes] no convencionales. Debemos abrirnos a las opciones privilegiando tres principios: el cuidado del medio ambiente, el fortalecimiento de Pemex y la soberanía energética para acabar con la dependencia de México en materia de gas”. El grupo asesor señala como una ventaja que Pemex ya tiene trabajo de exploración hecho en 30 yacimientos con potencial productivo. “Tenemos la ventaja de que Pemex tenía —y tiene otra vez— el mandato de explorar el país”, afirma José Antonio Escalera, que forma parte del grupo técnico encargado de empujar el tema. “Ahora hay la intención de volver a arrancar, porque hay una necesidad. Se está cayendo la producción de aceite y estamos dependiendo de la producción de gas de Estados Unidos”, agrega.

Las proyecciones de los especialistas señalan que la obtención de gas natural y aceite por esta vía puede tardar tres o cuatro años tras el comienzo de la explotación de yacimientos. Las mayores reservas se encuentran en la cuenca Tampico-Misantla, Burgos, Sabinas y, en menor medida, en Burro-Picachos y Veracruz. Según las estimaciones de los expertos, varios trabajaron en el área de Exploración de Pemex, los recursos de aceite y gas de lutitas en esos yacimientos equivalen a 60.000 millones de barriles de petróleo crudo equivalente (BPCE), unidad de medida utilizada para homologar los recursos líquidos y gaseosos. En su etapa de mayor desarrollo, dice el proyecto, se podrían extraer alrededor de 300 millones de barriles diarios, con lo que se complementaría la producción actual de 1,6 millones de barriles de petróleo crudo. Los especialistas consideran urgente la extracción de gas para surtir a las estaciones de ciclo combinado de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y de aceite para las refinerías del país.

Fluvio Ruiz, exconsejero de Pemex y experto en temas de energía, refiere que el país tiene que garantizar sus recursos para las próximas décadas y para ello debe volver a invertir para expandir la frontera geológica del país. “Lo que se hizo en la Administración pasada estuvo más guiado por el corto plazo, por el dar números rápidos, pero la lógica de la industria petrolera pide una explotación racional de nuestra riqueza petrolera, que va asociada a una exploración de largo aliento de esta. Si algún acierto se ha tenido en esta Administración es replantear la perspectiva con la que se ve el horizonte futuro de Pemex”, menciona.

Ruiz incide en que elevar la producción de gas natural es una prioridad dada la dependencia que México tiene de las importaciones de este recurso. El país importa más del 70% de su demanda y Pemex produce solo para su consumo. “Eso nos coloca en una situación de franca vulnerabilidad frente a Estados Unidos. La falta de suficiencia de gas natural inhibe también el crecimiento industrial del país”, detalla. El especialista agrega que en cuencas como Burgos o Tampico-Misantla hay un “enorme potencial” que podría duplicar en unos cuantos años la producción actual de gas natural, que es de 4.000 millones de pies cúbicos diarios, “y, en todo caso, alcanzar de manera holgada o más o menos rápida la meta de producir 5.000 millones de pies cúbicos de gas natural al cierre del sexenio”, abunda.

De las sutilezas al presupuesto

El costo político es el principal obstáculo para dar el giro completo y sin ambages sobre el nuevo paso hacia el fracking. Hasta ahora, el Gobierno de Sheinbaum ha sido ambiguo sobre el tema y, en definitiva, evita utilizar ese término. “Ya no sabemos qué otro término utilizar para evitar esa palabra maldita de fracking“, dice una de las fuentes. Sin embargo, las organizaciones ambientalistas muy pronto comenzaron a denunciar los eufemismos empleados. Por ejemplo, en el Plan Estratégico de Pemex 2025-2035, elaborado para reflotar las finanzas tan comprometidas de la compañía, se habla de reactivar “la evaluación de yacimientos de geología compleja” mediante “esquemas contractuales que permitan la participación de inversión privada”. A ello se suma la asignación de un presupuesto millonario de Pemex en rubros relacionados con este tipo de extracción.

Organizaciones como Greenpeace alertaron en agosto sobre las intenciones del Gobierno de Sheinbaum, delineadas en el Plan Estratégico de Pemex, de reactivar los proyectos de fractura hidráulica para alcanzar la tan ansiada soberanía energética. Los críticos del fracking advierten que esta técnica requiere la inyección a presión de grandes volúmenes de fluidos para fracturar las rocas que tienen atrapado en su interior gas y petróleo. La organización calificó entonces de traición el doble discurso de la mandataria. “El gas fósil no es un combustible de transición. Exigimos al Gobierno de Sheinbaum cumplir sus compromisos y los del Estado y hablar con la verdad”, publicó en 2025 la agrupación ecologista.

Mapa de Sectores

FUENTE: Subdirección de Exploración, Pemex Exploración y Producción, 2022. EL PAÍS

Dentro del Presupuesto asignado a Pemex para este año, el Congreso destinó aumentos sustanciales al Proyecto Terciario del Golfo y a Burgos. El primero, una zona de explotación de hidrocarburos localizada entre los Estados de Veracruz y Puebla, conocida como Chicontepec, recibió una asignación de 4.016 millones de pesos, lo que representa un alza del 66% respecto de los 2.423 millones ejercidos el año previo para esta área de recursos no convencionales. Por otra parte, la cuenca de Burgos es una extensión del yacimiento Eagle Ford de Texas, justo al lado de la frontera entre Estados Unidos y México. A este campo se le etiquetaron 4.722 millones de pesos para 2026, frente a los 2.265 millones de pesos en el año previo, un aumento del 108%.

Una tercera partida presupuestal, por 39.494 millones de pesos, está destinada a la “Exploración de yacimientos de hidrocarburos”, sin que se detallen las actividades previstas, como sí ocurría en años anteriores. Esto abre otra ventana económica para activar la fractura hidráulica. “Vemos con mucha preocupación esta presión para que se desarrolle la técnica. La presidenta ha sido ambivalente. Tiene claro que es una técnica dañina y tóxica, porque lo ha dicho públicamente, pero también ha dicho que se tienen que explotar los yacimientos no convencionales por cuestiones de soberanía energética […] Ya vemos todo dispuesto para que pueda suceder”, refiere Alejandra Jiménez, vocera de la Alianza Mexicana contra el Fracking. Las organizaciones ambientalistas apuntan a las presiones del capital extranjero para que México termine de dar el giro hacia la técnica.

López Obrador y su partido han tenido una relación contradictoria con el fracking. De manera pública, el expresidente se posicionó varias veces contra ese método de extracción de hidrocarburos, con el argumento de la preservación del medio ambiente y del agua. Sin embargo, las organizaciones ambientalistas denunciaron, en los hechos, que su Gobierno asignaba presupuesto para continuar con proyectos asociados a esa práctica. López Obrador envió al Congreso, hasta el último año de su sexenio (2024), una iniciativa de reforma para prohibir desde la Constitución la fractura hidráulica y la minería a cielo abierto. Dicha enmienda nunca se aprobó, pese a que el bloque gobernante logró, en las elecciones de ese año, la mayoría calificada en el Congreso para poder aprobarla sin mayores contratiempos, como sí ocurrió con otras reformas prioritarias para la Administración saliente, como la judicial o la de la Guardia Nacional.

Un legislador de Morena confirma a este periódico que su partido, intencionalmente, “dejó morir” esa iniciativa, para poder tener la ventana abierta que ahora se busca aprovechar. Esa decisión, afirma, fue consensuada con la presidenta, lo que muestra que el viraje de su Gobierno hacia el fracking se ha dado gradualmente y de manera consistente. Para superar el tabú, algunos políticos de Morena ya han comenzado a hablar abiertamente a favor de ese método de extracción, por ejemplo, en Tamaulipas, Estado fronterizo con EE UU y donde se ubican algunas de las mayores reservas de gas y aceite extraíble mediante fractura hidráulica. En ese sentido abogó Gobirish Mireles, subsecretario de Hidrocarburos del Gobierno encabezado por el morenista Américo Villarreal, durante un foro realizado a finales de noviembre. “Aquí, en Tamaulipas, hablamos las cosas como son, ‘yacimientos no convencionales’, ‘yacimientos de baja permeabilidad’ o ‘fracturamiento hidráulico’, al final es lo mismo, aquí no tenemos miedo de decir las cosas con las palabras como son”, dijo.

Los especialistas que asesoran a la presidenta reconocen que el mayor obstáculo para echar a andar la explotación de hidrocarburos mediante el fracking es la “licencia social”, superar el rechazo hacia este método de extracción fomentado por el propio movimiento obradorista. Los expertos han recomendado a la presidenta un plan de retorno que dirija las inversiones a las comunidades donde se ubican los yacimientos, donde se generen empleos y se mejore la infraestructura pública. Además, aseguran que la tecnología se ha sofisticado al grado de que el agua requerida se ha reducido al mínimo, con la posibilidad de utilizar agua reciclada, una afirmación que las organizaciones ambientalistas siguen refutando. “Nadie dice cómo va a suceder y no hay evidencia científica que demuestre que realmente se puede ocupar el agua de desecho para el desarrollo del fracking“, refiere Jiménez.

Desde el entorno de Sheinbaum reconocen que se ha retrasado comunicar abiertamente la decisión de abrazar el fracking, precisamente, por el costo político que ello implica, teniendo en el horizonte las elecciones legislativas de 2027, donde Morena se juega mantener su mayoría calificada en el Congreso. El partido gobernante tendrá que sintonizarse con el Ejecutivo y comenzar a hacer una labor de evangelización a la inversa: que el fracking es un mal necesario, cuyo precio vale la pena pagar en aras de dejar de depender del gas natural importado de Estados Unidos, alcanzar la soberanía energética y mejorar la salud de las finanzas públicas.

Créditos

Diseño y gráficos: Mónica Juárez Martín, Ángel Hernández y Daniele Grasso

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