La presencialidad en el trabajo dejó de ser la discusión entre oficina sí u oficina no. En Argentina el regreso a los espacios físicos se está dando con una lógica más selectiva, donde los días elegidos dicen tanto como el modelo laboral. Los equipos no van en cualquier jornada: priorizan momentos específicos de la semana que combinan productividad, encuentro y menor desgaste. Y ese patrón empieza a consolidarse con datos duros.
En los cuatro edificios que WeWork tiene en Ciudad y Provincia de Buenos Aires, el día con mayor tasa de asistencia a esas oficinas de coworking es el miércoles. Así lo explica Claudio Hidalgo, presidente de WeWork Latinoamérica, al señalar que estar a mitad de semana “favorece que los colaboradores lleguen más motivados y descansados tras el fin de semana, pero sin el cansancio acumulado del cierre”.
La elección no es casual: responde a una reorganización de la rutina laboral que busca maximizar el valor de la presencialidad.
El fenómeno no es exclusivo de Argentina. El informe “IA y presencialidad: el nuevo panorama laboral”, elaborado por esa empresa junto a la consultora Michael Page, muestra que en Latinoamérica el 48% de los colaboradores trabaja bajo un esquema 100% presencial, mientras que el 35% lo hace en modalidad híbrida. Además, un 35% asiste hoy a la oficina con mayor frecuencia que hace un año, frente a solo un 20% que redujo su presencia.
La oficina, lejos de desaparecer, volvió a ocupar un lugar central, aunque resignificada.
No hay que confundir el concepto: la preferencia, sin duda, sigue siendo la modalidad híbrida. Más de la mitad de los encuestados en la región opta por combinar trabajo remoto y presencial, con una asistencia ideal de uno o dos días por semana.
En el país, casi la mitad de los trabajadores ya se desempeña bajo un modelo híbrido “con una política clara de presencialidad, en línea con el deseo del 59% de asistir dos días por semana a la oficina”. El dato revela un punto de equilibrio entre flexibilidad y contacto cara a cara.
Esa búsqueda de balance también expone límites. El 18% asegura que no volvería a un esquema 100% presencial, mientras que tres de cada diez no aceptarían un trabajo que no fuera remoto. Las diferencias se profundizan cuando se analiza por género y generación. Seis de cada diez mujeres y personas con identidades diversas eligen el modelo híbrido y solo un 14% opta por la presencialidad plena. Entre los hombres cisgénero, el 30% se inclina por la oficina todos los días, aunque la mayoría también prefiere esquemas mixtos.
La edad, otro factor clave
Los baby boomers son el grupo con mayor afinidad por la presencialidad, con un 38%, mientras que la Generación Z se posiciona como la más reticente: apenas un 14% manifiesta preferencia por ese esquema. Para los más jóvenes, la flexibilidad no es un beneficio adicional sino una condición de base, y la presencialidad necesita un sentido claro para justificar el traslado.
En ese contexto, los coworkings funcionan como termómetro de la nueva dinámica laboral. Una encuesta realizada en 2025 por La Maquinita Co a más de 3.000 empleados, empresas y freelancers usuarios de sus espacios muestra que quienes trabajan en modalidad híbrida eligen concentrar su presencialidad en los días intermedios de la semana. El martes lidera las preferencias, seguido de cerca por el jueves, mientras que el lunes y el viernes quedan relegados, asociados a tareas remotas o agendas más flexibles.
Los resultados reflejan una tendencia clara: los profesionales buscan que los días presenciales tengan un propósito concreto, ya sea reuniones clave, trabajo colaborativo o actividades que se potencian con el encuentro físico. El inicio y el cierre de la semana, en cambio, quedan más asociados a la concentración individual o a la necesidad de compatibilizar trabajo y vida personal.
Juan Manuel Otero, CEO y fundador de La Maquinita Co, dice que durante 2025 se profundizó la apuesta empresarial por la presencialidad. Según explica, hay una fuerte demanda de los empleadores porque entienden que el espacio de trabajo es un activo que impacta en la productividad, en la cultura organizacional y en el crecimiento de los equipos. La oficina vuelve a ser vista como una inversión estratégica y no solo como un costo fijo.
Desde WeWork, Hidalgo plantea que lo que está ocurriendo es una evolución natural del mundo del trabajo. La oficina recupera protagonismo como espacio de encuentro, colaboración y construcción de cultura, más allá de la cantidad de días. En este nuevo escenario, sostiene, lo relevante es comprender el valor que genera un modelo pensado con propósito: facilitar el intercambio de ideas, fortalecer vínculos y potenciar la innovación.
La Guía Salarial 2026 de Adecco Argentina suma otra capa al análisis. Según el informe compartido a Clarín, los beneficios más valorados por los trabajadores, incluidos los perfiles IT (tecnología), están asociados a la salud y el bienestar, la flexibilidad laboral, los incentivos económicos y el equilibrio entre la vida personal y el trabajo. La modalidad híbrida sigue presente, pero para 2026 se proyecta un crecimiento de la presencialidad, con un trabajo remoto más acotado que en los años posteriores a la pandemia.
En ese escenario, afirma esa consultora de trabajo, “las empresas refuerzan beneficios y acciones de bienestar como herramientas clave para retener talento. La presencialidad ya no se impone de manera uniforme: se negocia, se justifica y se acompaña con propuestas que hagan valer el esfuerzo de trasladarse”. La elección de los días favoritos para ir a la oficina sintetiza ese nuevo contrato laboral, donde el tiempo y el espacio se administran con mayor conciencia.










