«No me perdí ninguno de los mil recitales que hubo en 30 años»

«No me perdí ninguno de los mil recitales que hubo en 30 años»


Faltan dos horas para el recital más convocante de una temporada especial, distinta y con el dueño del «templo musical» recorremos las instalaciones, que incluyen escenario, platea en medio de un frondoso bosque, también un restaurante, el bar y un ambiente idílico. El anfitrión es Leandro Quiroga (48), el argentino dueño de Medio y Medio, ese espacio que entre enero y febrero combina enormes recitales, con platos de autor y una coctelería surtida. «Música, gastronomía y naturaleza, son los tres ejes. Basta con mirar el bosque que nos abrazó para entenderlo».

Son las siete de la tarde y Quiroga, nacido en Campana, recibe a Clarín en este reconocido y prestigioso parador en Punta Ballena, cerquita de Casa Pueblo, donde han actuado los mejores cantantes de Argentina, Brasil y Uruguay, también de México y de España. «Tenemos todo listo para el show de Ciro y los Persas, que hace días que está agotadísimo. Me llamó hace poco Ciro (Martínez), tenía muchas ganas de venir a tocar, pero no tenía fechas disponibles, sólo la de hoy, que es su cumpleaños, y lo armamos al toque. Me llena de satisfacción que esté aquí».

Sereno, confiado y con oficio, Leandro Quiroga dice que en un rato este lugar que ahora luce despejado, estará hirviendo de gente. «Estamos acostumbrados a las noches masivas y por suerte el equipo que tenemos sabe manejar cada situación», afirma este productor musical que está celebrando la temporada número 30 de Medio y Medio.

Y lo hace a lo grande: la programación, hasta fines de febrero tendrá figuras de la talla de Rubén Rada, Ratones Paranoicos, Catupecu Machu, Kevin Johansen, Juana Molina, Paulinho Moska, El Plan de la Mariposa, Zoe Gotusso y Los Auténticos Decadentes.

«Esto es mágico, es mágico, mirá a tu alrededor, mirá estos árboles de eucalipto que no son naturales de aquí, sino que fueron plantados para hacer de barrera y frenar el viento del mar -dice con emoción y orgullo. Y místico por los artistas que vinieron… A veces miro para atrás y no lo creo. Empezó como algo modesto y hoy no hay artista que no haya venido a tocar. Sí hay, guarda, pero vino la mayoría de este lado del mundo».

Vamos con Leandro caminando la parte boscosa y tomando un trago mientras Manu Martínez, la hija de Ciro, hace una prueba de sonido. El anfitrión va meditando y procesando pensamientos que comparte con el cronista.

«Dos pendientes que me quedaron, que estuvieron a casi nada de venir fueron, primero, la Negra Sosa, que estaba encaminado su viaje pero se enfermó y luego se complicó. Hubiera sido glorioso tenerla. Y otro que no se dio por detalles que me excedieron fue el dúo tanguero Horacio Salgán y Ubaldo De Lío, que hasta llegaron a estar en la programación».

Leandro Quiroga, junto a una pared que luce empapelada con listas de temas históricas de artistas como Hermeto Pascoal, Jaime Roos y el Flaco Spinetta. Foto Ariel Grinberg / Enviado especial

Todavía sueña con traer a un histórico ausente en estas latitudes: «por esas cosas de la vida no se dio la presencia de Andrés Calamaro, pero confío que lo disfrutaremos pronto, tengo la esperanza de que sucederá. Yo no soy de esos productores cargosos que están detrás del músico quemándoles la cabeza, más bien voy haciéndolo de a poco, hablando con gente cercana, expresándole mis ganas, y confío también en el boca a boca. Así sucede que son los artistas que me dicen que quieren venir».

Medio y Medio nació como una idea de Lupa y Graciela, padres de Leandro, para que él y sus hermanas tengan un negocio que les permitiera trabajar en verano y estudiar tranquilos durante el año.

«Me acuerdo como si fuera la semana pasada… Abrimos el 15 de diciembre de 1995 y seis días después, el 21, organicé el primer show inaugural, porque yo estudiaba música desde chiquito y tenía mucha relación con músicos. A los seis días hago un show de noche y mi madre, que no era cocinera, Graciela decidió preparar un plato para la ocasión: spaghettis con crema de puerros y mejillones, que al día de hoy sigue siendo el plato emblemático. En enero de 1996 programamos a Falta y Resto; pusimos un tabladito. Y trajimos a otros artistas».

Un restaurante que se caracteriza por los manjares de Graciela Ferreres, la madre de Leandro, responsable de la cocina, un pilar clave de Medio y Medio. Foto Ariel Grinberg / Enviado especial

Caminamos, pasamos por el restaurante, que está lleno, y Leandro habla por el intercomunicador. «Todo en orden, tranquilo», le dicen y retoma. «De a poco fue creciendo y la bola empezó a crecer y a rodar, no paró, no para, sigue. Antes llamaba a los artistas para que vinieran, hoy algunos me llaman a mí para venir y ser parte de la grilla de Medio y Medio».

Pasamos por pasillos y Leandro se emociona al mostrar las paredes empapeladas con las fotos de los músicos que han pasado por aquí, pero también con otra pared cubierta de listas de temas de cientos de recitales. Muchos de esas hojas se ven tachadas, borroneadas y hasta autografiadas.

Leandro Quiroga, sentado en su sillón, listo para ver el recital de Ciro y los Persas. Foto Ariel Grinberg / Enviado especial

Leandro menciona al pasar Todos estos años de gente, un documental estrenado hace unas semanas y que pone la lupa en la historia íntima de la familia que está detrás de Medio y Medio, y también del legado natural y cultural que construyeron en Punta Ballena.

«El documental captura la alquimia singular, un entorno donde la cocina, la música y la naturaleza confluyen de manera orgánica», describe Quiroga sobre el film del cineasta Federico Lemos. «Creo que es un homenaje a la memoria de un lugar distinto».

En el documental aparecen los padres de Leandro, Lupa y Graciela Ferreres, un pilar fundamental en la historia de Medio y Medio. «Al principio, cada vez que hacíamos un concierto, mi mamá preparaba algún plato distinto que empezó a dar que hablar por su gusto y preparado. Así se instaló la fusión de gastronomía y música, que lo convirtió en un destino particular. Los platos de mi madre empezaron a ser elogiados por los músicos, que empezaron a venir más seguido cuando se corrió la voz -ríe-. Mamá fue la responsable de la gastronomía durante 28 años, pero ya no más, porque es mucho el trabajo, aunque dejó una persona preparada que sigue sus pasos”.

El esperado recital de Ciro y Los Persas, uno de los más vibrantes de la temporada 20° de Medio y Medio. Foto: Ariel Grinberg / Enviado especial

Dice que Medio y Medio es un monstruo que anda y camina solo, «se me fue de las manos, en el mejor sentido de la expresión. Tiene tres décadas de vida en un lugar como Punta Ballena, que cumplió ochenta años; es decir que uno está ligado con el otro. Si bien hay un director, que soy yo, este espacio es un colectivo que conforman los artistas, los técnicos, los trabajadores, el público, el periodismo y mi familia. Lo más importante es que ya se convirtió en uno de los festivales de música más importantes de la región y eso es maravilloso».

Habla del Flaco Spinetta y señala el escenario al aire libre: «Luis Alberto fue el que lo inauguró y vino varias veces. Charly García tocó en el escenario Fatorusso, que es el techado, lo mismo que Fito Páez, Jaime Roos, Rubén Rada, todos los próceres vinieron y tuve el honor de ser sus anfitriones. Yo programé todos los shows, desde el primero, con 18 años, hasta este que vamos a ver en un rato, de Ciro y los Persas. Y debo decir, y jactarme, por qué no, que siempre fui un mandado, un atrevido, porque me codeé rápidamente con ellos».

«También festejo este año el regreso de León Gieco, el cantautor con el que realicé mi primer show masivo como productor. Creo que mi manera de ser, quizás de tomar riesgos, me ayudó a llegar a la confianza de los más grossos. Hoy Medio y Medio, no yo, genera confianza profesional y artística», asegura.

"Me quedaron pendientes, como la Negra Sola, que cuando iba a venir se enfermó. Y otro que no pudo venir fue el dúo Salgán-De Lío", lamenta Quiroga. Foto: Ariel Grinberg

Después de haber logrado casi todo dentro de este universo, ¿con qué se sueña?, se le pregunta a Leandro, que responde con una sabia serenidad. «Me desvela que este tesoro al aire libre, donde está el escenario, pudiera tener un sistema de techado mecánico. Estuve hablando con varios ingenieros y no quisiéramos tener que suspender cada vez que llueve o tener que correr el horario varias veces como se dio a principios de enero, pero bueno, sería magnífico poder contar con ese resguardo, pero no es tarea sencilla ni nada económica».

Sin resultar desmedido ni ambicioso por demás, Quiroga va día a día «como en estos treinta años en los que vimos mil shows». Asegura que «cada temporada la vivimos y la disfrutamos… Tenemos mucho laburo, la familia, mi mujer y yo, estamos muy involucrados, pero eso no nos quita disfrutar, paladear y escuchar cada noche lo que pasa en Medio y Medio. No nos tenemos que olvidar de eso. Y yo estoy como el primer día de diciembre de 1995 sentado viendo cada recital, de punta a punta. No me perdí ninguno».

El reciente y memorable reencuentro de León Gieco y Charly García en Medio y Medio.

Infla el pecho Leandro cuando habla del bonus track que ofrece Medio y Medio al artista. «El músico sabe que viene acá y no sólo tiene su noche, sino que tendrá atención ciento por ciento. Yo ceno con cada uno de los que viene, salimos a caminar y vemos el atardecer, vamos a la playa y alguno siempre se mete, charlamos de la vida, de la familia, pueden surgir problemas y todo se aclara o se busca la solución. Me he hecho de muchos amigos, no de todos, pero siempre una relación de respeto y cordialidad. Acá no hay gritos ni nerviosismo ni vértigo, aquí hay un lugar de pertenencia. Ciro vino a festejar su cumpleaños, ¿entendés?».

La pasión con la que habla Quiroga por momento conmueve. No hay un ápice de queja, estrés ni cansancio. «El día que no quiera ver un show porque esté cansado o necesite dormir o vacaciones, te juro que bajo la persiana. La esencia de Medio y Medio es vibrar con nuestros invitados. ¿Si siempre fue así? Fui creciendo y madurando a la par del festival y de los genios que han venido. Medio y Medio tiene larga vida porque me entusiasma hacerlo. Mi gran motor es el interés que me renueva la adrenalina. Este lugar crece por eso, no por un camino de ambición».

Punta del Este. Enviado especial

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