El presidente cubano Miguel Díaz-Canel dejó claro, en medio de las tensiones con Washington, que “Cuba está dispuesta a un diálogo con Estados Unidos”, una posición de “continuidad” que, según él, primero defendió Fidel Castro, y después su hermano Raúl. Su aparición en la mañana de este jueves es la primera alocución televisada al pueblo de Cuba tras la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, después de que por varias semanas las autoridades cubanas se limitaran a enviar mensajes bastante moderados en X, donde ya habían dejado claro la disposición a un diálogo con los estadounidenses. No obstante, el mandatario cubano insistió en que cualquier negociación se haría “sin presiones”, “sin precondicionamiento, en una posición de iguales, de respeto a nuestra soberanía, independencia y autodeterminación”.
“Hay muchas cosas en las que podemos trabajar juntos, sin prejuicios”, insistió Díaz-Canel, quien llegó a una sala de prensa vestido de negro, y se paró en un estrado junto al resto de un Fidel joven. “De cuántas cosas privamos a ambos pueblos por esa política decadente, prepotente, criminal de bloqueo”. También insistió en que cualquier diálogo, sería en función de “construir una relación entre vecinos, civilizada, que le pueda aportar un beneficio mutuo a nuestros pueblos”.
Aunque el presidente Donald Trump declaró recientemente que su Gobierno ya estaría manteniendo conversaciones con La Habana, las autoridades cubanas hasta hoy han negado esta afirmación. En su intervención del jueves, Díaz-Canel no aludió al hecho de que ya estén manteniendo un diálogo con Estados Unidos, pero su viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, aseguró en una entrevista con la agencia EFE que “ese diálogo no se ha empezado”.
La aparición pública de Díaz-Canel llega en un momento de total incertidumbre para el país, que ya ha empezado a sentirse el peso de la falta de los casi 40. 000 petróleo que llegaban desde Venezuela y las restricciones a un proveedor como México. Las colas para comprar combustible son kilométricas en la isla, la venta de gasolina en el mercado negro se ha duplicado, y los apagones, que ya estaban a la orden del día, se han intensificado acumulando hasta más de 20 horas diarios. Según el mandatario cubano, la retórica del gobierno de Estados Unidos sigue siendo “la teoría del colapso” apostando por la asfixia económica, para fomentar la idea del “estado fallido”.
Ciertamente, la administración republicana no ha dado pistas de llevar a cabo en La Habana una operación militar como la que ejecutó en Caracas a inicios de mes, sino apostar por un ahogamiento económico del régimen, más ahora que decretaron la “emergencia nacional” y la imposición de un aumento de los aranceles a los bienes de aquellos países que provean con petróleo a la isla. A este panorama, Díaz-Canel ha respondido con un concepto bastante etéreo que ha repetido en días anteriores, incluso en otros momentos de la crisis extrema que el país atraviesa con más fuerza desde hace al menos cinco años: el de “resistencia creativa”, que se ha traducido en más hambre y vicisitudes para la familia cubana. “No soy idealista, sé que vamos a vivir tiempos difíciles, pero lo vamos a superar entre todos, con resistencia creativa”, dijo.
Otras preguntas evacuadas en la sala de prensa donde solamente estaban presentes periodistas afines con el Gobierno cubano. Sobre la interrogante del seguimiento de las relaciones con Venezuela, ahora que Cuba ha comenzado incluso a devolver a la isla a algunos de sus profesionales de la Salud en misiones médicas, Díaz-Canel advirtió que los conveniones se mantendrán en la medida en que el Gobierno del país sudamericano esté abierto a la colaboración. “No imponemos colaboración, la compartimos cuando gobiernos o naciones nos lo piden”, dijo. “Se mantendrá la colaboración en la medida que se pueda, bajo estas restricciones”. Y añadió que “Cuba estará dispuesta a colaborar” mientras el gobierno venezolano esté abierto.










