El recrudecimiento de la guerra en Sudán expande la hambruna en dos zonas más de Darfur | Planeta Futuro

El recrudecimiento de la guerra en Sudán expande la hambruna en dos zonas más de Darfur | Planeta Futuro

La crisis humanitaria en Sudán hace tiempo que parece no tocar fondo pese a ser ya la mayor del planeta. El recrudecimiento de la guerra en el oeste y el sur del país en los últimos meses ha empujado a dos nuevas localidades de Darfur a la hambruna y está disparando el hambre extrema en Kordofán, según anunció este jueves un organismo de monitoreo global del hambre. A nivel nacional, prevé que más de cuatro millones de niños y mujeres gestantes y lactantes sufran desnutrición aguda este año, incluidos 800.000 casos graves, un 13,5% más que en 2025.

Según el informe de la Clasificación Integrada de las Fases (IPC, por las siglas en inglés), las dos zonas donde se ha superado el umbral de hambruna se encuentran cerca de la capital de Darfur Norte, El Fasher, que fue tomada en octubre en una brutal ofensiva de las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés). En una de ellas, Um Baru, la tasa de desnutrición aguda ha alcanzado el 52,9% entre niños de seis a 59 meses, incluida una prevalencia de casos severos del 18,1%. En la segunda, Karnoi, los porcentajes son del 34% y del 7,8%, respectivamente.

El alarmante deterioro de la situación se ha producido después de que los avances de las RSF en El Fasher, donde se había declarado una hambruna en septiembre, y luego hacia las últimas posiciones del Ejército y sus aliados en Darfur, incluido Um Baru y Karnoi, perturbaran los medios de subsistencia, de desplazamiento, y la prestación de ayuda y de apoyo mutuo locales. Actualmente, los precios de los alimentos, si están disponibles, son extremadamente altos, por lo que muchos hogares han tenido que reducir la porción y el número de comidas.

Actualmente, los precios de los alimentos, si están disponibles, son extremadamente altos, por lo que muchos hogares han tenido que reducir la porción y el número de comidas

La hambruna es la fase más alta de inseguridad alimentaria aguda del IPC y se declara, entre otros criterios, cuando el 20% de la población de una zona sufre escasez extrema de alimentos y se registran entre dos y cuatro muertes por cada 10.000 habitantes por hambre, desnutrición y enfermedades. Este umbral de confirmación, sin embargo, exige datos inexistentes en gran parte de Sudán, por lo que el IPC advierte de que el riesgo de hambruna es generalizado. De hecho, ni Um Baru ni Karnoi figuraban entre las 20 zonas de riesgo de su último informe.

El desplazamiento de decenas de miles de personas de El Fasher y sus alrededores, además, está empujando a la población hacia zonas cada vez más remotas, con un acceso muy limitado a alimentos, agua y servicios básicos. Una de las zonas más al límite es Tawila, uno de los últimos enclaves relativamente seguros de Darfur Norte, que acoge a más de 650.000 desplazados, lo que ha desbordado la capacidad de asistencia de la comunidad local y de los actores humanitarios. El otro foco de mayor riesgo son las localidades en el corredor entre El Fasher y Tine, en la frontera con Chad, donde las condiciones son igualmente extremas.

Kordofán, el nuevo frente

Más allá de Darfur, la situación también se ha deteriorado de forma vertiginosa en la región de Kordofán, en el centrosur de Sudán, hacia donde las RSF redirigieron sus fuerzas tras la toma de El Fasher. Según el IPC, esta escalada de la violencia ha interrumpido gravemente la producción y el suministro de alimentos, así como el acceso a los servicios básicos. En las zonas aisladas y en disputa, la gente ya afronta altos niveles de hambre, bajo el control que autoridades locales y grupos armados ejercen sobre mercados y la circulación de alimentos.

La crisis es especialmente grave en Kordofán Sur, uno de los tres Estados que conforman la región de Kordofán. A día de hoy, sus mercados figuran entre los menos funcionales de Sudán y los precios de productos esenciales superan en un 22% el promedio nacional, según el IPC. En la capital, Kadugli, la hambruna fue declarada en septiembre, cuando las condiciones eran también muy severas en Dalanj, la segunda ciudad más grande, y en el oeste de las montañas Nuba, donde la falta de datos ha impedido confirmar si la hambruna se ha instalado también.

Una evaluación de desplazados de Kadugli y Dalanj realizada en enero reveló que uno de cada tres hogares sufría hambre severa y que la desnutrición aguda ascendía al 15%. En los últimos días, el ejército sudanés y fuerzas aliadas han logrado romper parcialmente el asedio impuesto durante meses por las RSF y una milicia local en ambas ciudades, lo que podría aliviar la crisis, pero la situación sigue siendo muy volátil. En Sunut, una localidad de las montañas Nuba, la desnutrición aguda alcanzó el 21,3% en septiembre, antes de la escalada actual.

Respuesta humanitaria exigua

A pesar de la magnitud de la crisis, el acceso humanitario en Sudán sigue estando gravemente restringido debido a la inseguridad y a los obstáculos de los dos grandes bandos en conflicto, incluido restricciones de movimiento, trabas administrativas e injerencias operativas, según han denunciado repetidamente organizaciones del sector. El ingreso tanto a Darfur como a Kordofán es además particularmente limitado, y el acercamiento de la guerra hacia la frontera con Chad y con Sudán del Sur amenazan con comprometer todavía más las operaciones.

Además de las restricciones derivadas del conflicto, el IPC lamenta la falta de financiación para las operaciones humanitarias en Sudán

Además de las restricciones derivadas del conflicto, el IPC lamenta la falta de financiación para las operaciones humanitarias en Sudán. El plan de respuesta para 2026 de la comunidad internacional, que requiere de 2.900 millones de dólares, solo se ha asegurado hasta ahora un 5,5% de los fondos, y el año pasado ni siquiera se alcanzó el 40% de los recursos necesarios. El organismo alerta, asimismo, que en los próximos meses empezará el período de lluvias y la temporada de escasez en el país, lo que amenaza con agravar todavía más la situación.

En este contexto, el IPC insiste en la necesidad urgente de poner fin a las hostilidades y abrir corredores seguros para quienes huyen de la violencia. Pero también nota que apoyando a las iniciativas de ayuda mutua y fortaleciendo las capacidades de comunidades locales se puede contribuir a detener la propagación de la hambruna y a prevenir la pérdida de más vidas. El organismo constata que en muchos lugares, sobre todo en los más afectados e inaccesibles, el rol de las iniciativas comunitarias es crucial. Pero advierte que son cada vez más frágiles.

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