Israel mantiene los bombardeos sobre Líbano pese a la tregua alcanzada en 2024 y del progreso en el desarme gradual de la milicia Hezbolá. Las tropas israelíes han lanzado 87 ataques contra territorio libanés durante el último mes, más que durante ninguno de los anteriores desde que el alto el fuego se decretara, según observadores israelíes. Por primera vez, la mitad de esas agresiones han apuntado al norte del río Litani, después de que Beirut anunciara en enero que había completado el desarme de las milicias hostiles hacia Israel en la zona fronteriza.
El dominio israelí sobre el tercio sur de Líbano ―donde ocupa parte del territorio en incumplimiento del alto el fuego mientras proyecta su influencia con ataques aéreos― convierte el área fronteriza en una suerte de zona militar donde impide la reconstrucción y la estabilidad que los residentes esperaban con la tregua. Como en Siria, donde los israelíes ocupan el sur, la Administración de Donald Trump ―deseosa de ampliar los Acuerdos de Abraham, que buscan integrar el Estado judío en la región― vincula la suerte de estos países con su acercamiento a Israel. “Vayan a Tel Aviv o a Jerusalén y cierren un acuerdo, no hay alternativa”, reiteró el jueves Tom Barrack, enviado de EE UU, a los mandatarios libaneses.
El Centro de Investigación y Educación Alma, un grupo israelí fundado por una teniente coronel en la reserva que aborda los “desafíos de seguridad” de la frontera norte de Israel, recoge el desplazamiento de las hostilidades israelíes hacia el norte en un informe mensual publicado el lunes. La ofensiva de este martes contra Kfar Tibnit, un municipio libanés por encima del Litani, subraya la tendencia. El ayuntamiento registró tres viviendas completamente destruidas, otras 33 de manera parcial y apeló a los pueblos vecinos a hospedar a 60 familias desplazadas. El ejército israelí, que ese día alegó operaciones contra “almacenes” de Hezbolá, precisó que uno de los ataques golpeó “el corazón de una zona civil”. El comunicado castrense acusaba al grupo chií, que desde el inicio de la tregua no responde a las agresiones israelíes, de “cinismo” por utilizar a los libaneses como “escudos humanos”.
En paralelo, la misión de paz de las Naciones Unidas en Líbano (UNIFIL, por sus siglas en inglés) denunció el martes que un dron israelí disparó una granada a 50 metros de los cascos azules en Kfar Kila, un pueblo fronterizo. La víspera, aviones israelíes arrojaron glifosato sobre el sur. Lo denunciaron los ministerios de Agricultura y Medioambiente el miércoles tras detectar concentraciones altas del herbicida, “dañino para la vegetación” y “la fertilidad de la tierra”.
UNIFIL lo denunció como una violación de la resolución internacional 1701, sobre la que se inspira la tregua, y el presidente libanés, Joseph Aoun, como un crimen contra la salud pública. El ataque, similar a otro que Israel protagonizó días antes en el sur de Siria, llega después de que las tropas israelíes hayan calcinado en Líbano miles de hectáreas verdes y agrícolas en dos años de guerra aplicando fósforo blanco y otras armas incendiarias.
El partido-milicia Hezbolá, uno de los grupos que Irán impulsa en la región, abrió un frente contra Israel el día después de que su aliado Hamás invadiera el sur israelí el 7 de octubre de 2023. La organización, con bloque parlamentario en Líbano, lo presentó como un gesto “solidario” con Gaza. EE UU medió un acuerdo de alto el fuego que Israel y los combatientes libaneses firmaron en noviembre de 2024. Para entonces, la ofensiva israelí había matado a más de 4.000 personas en Líbano ―la mayoría, civiles―, había desplazado a una cuarta parte de la población nacional, y había ocupado una franja alrededor de la frontera en la que causó estragos.
El Gobierno libanés ―el más alejado de Hezbolá en lustros― anunció el 8 de enero que pasaba a abordar el desarme de esa y otras milicias en el resto de Líbano después de haber completado la tarea en el sur, delimitado por el río Litani, como exige el alto el fuego. Israel sigue hoy incumpliendo su parte, manteniendo la ocupación terrestre sobre cinco enclaves fronterizos y abriendo fuego a diario.
La presión israelí para que Beirut complete un desarme para el que no tiene plazos pone el ejecutivo libanés entre la espada y la pared. Israel, a quien UNIFIL acusa de más de 10.000 violaciones de la tregua, ha matado al menos a 330 personas durante el supuesto cese de hostilidades. El ministerio de Sanidad libanés manejaba ese dato en noviembre, cuando el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos afirmaba que al menos 127 víctimas eran civiles. Mientras, Naim Qassem, secretario general de Hezbolá tras el asesinato durante la guerra de su carismático predecesor, Hasan Nasralá, rechaza el desarme lejos de la frontera y amenaza con el caos y el conflicto civil.
Impedir la reconstrucción
La extorsión para extinguir el brazo armado del mayor actor político y militar del país también niega la vuelta a la normalidad a las comunidades de mayoría chií. Además de disparos contra supuestos miembros de la milicia ―a menudo, cuando transitan por carreteras públicas―, Israel bombardeó durante el primer año de cese vehículos que reconstruían carreteras en 46 ocasiones, casas prefabricadas para desplazados en otras 32, y hormigoneras o canteras en al menos seis, según el grupo libanés Public Works Studio, especializado en reconstrucción.
Israel asegura que Hezbolá se está rearmando y que bombardea infraestructuras civiles que la milicia utiliza para fines militares. UNIFIL apuntó el jueves a este diario que no tiene pruebas de lo primero en su ámbito de actuación en el sur, y Human Rights Watch ve ilegal lo segundo. “Tras reducir municipios fronterizos a escombros, el ejército israelí complica aún más la reconstrucción y el retorno de miles de residentes”, decía el investigador Ramzi Kaiss en un informe reciente. La Organización Internacional para las Migraciones cifraba 64.000 libaneses forzosamente desplazados en octubre.

Las autoridades del país, que en 2020 declararon un impago de deuda y en 2022 la bancarrota, aseguran que priorizarán la reconstrucción, cuyo coste el Banco Mundial calcula en 10.000 millones de euros. Pero no les alcanza. Tras aprobar en diciembre un préstamo con esa entidad global por valor de 210 millones de euros, el parlamento aprobó el pasado jueves una cantidad anual de 5.000 millones de euros de los que invertirá un máximo de 90 en reconstrucción. Como hace en Gaza en la lucha contra Hamás, la comunidad internacional condiciona la financiación para ese ámbito al desarme de Hezbolá.
Negociaciones
El gobierno de Líbano ―oficialmente en guerra con Israel desde 1948― aceptó en diciembre ampliar el alcance de las negociaciones para apaciguar tensiones. Libaneses e israelíes incorporaron un representante civil al comité que supervisa el alto el fuego, participado por EE UU, Francia y UNIFIL. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sobreinterpretó el primer contacto directo con Líbano en cuatro décadas: “Es un intento inicial de crear la base para una cooperación económica”.
Su homólogo libanés, Nawaf Salam, lo rechazó. El mandatario recordó que Líbano es parte de la Iniciativa de Paz Árabe, en la que 22 países árabes se comprometieron a normalizar relaciones con Israel si se crea un Estado palestino en Cisjordania, la Franja y Jerusalén Este, y aclaró que solo esa circunstancia propiciaría lazos económicos. “Cualquiera que siga las noticias sabe que no estamos ahí”, sentenció.
El episodio refleja el deseo israelí de arrastrar a Líbano hacia su esfera de influencia y de plantear ese escenario como la única salida a la presión militar. Michael Young, investigador libanés del centro Carnegie Endowment por la Paz Internacional, señala que EE UU busca “crear dinámicas” hacia la normalización israelí con Líbano, algo que repite con Siria aunque ambos gobiernos niegan la mera discusión del asunto mientras Israel ocupe sus territorios. “Israelíes y estadounidenses están dejando claro que Israel solo se verá incentivado para abandonar Líbano con la normalización”, expresa el analista desde Beirut a El País por teléfono. Sin ese acuerdo, teme, la ocupación y los ataques serán “indefinidos”. “Es un juego cínico, y los israelíes han logrado que EE UU piense de forma similar”.










