La primera ronda negociadora entre Irán y Estados Unidos desde los bombardeos israelíes y estadounidenses del pasado junio ha concluido este viernes en Omán en una atmósfera “positiva”, en palabras del jefe de la diplomacia de la República Islámica, Abbas Araghchi. No se han anunciado avances concretos, pero la voluntad de continuar con el diálogo aleja de momento el fantasma de un nuevo ataque con el que había amenazado el presidente de EE UU, Donald Trump, cuya flota se encuentra parcialmente desplegada en las inmediaciones de Irán.
Las conversaciones tuvieron lugar en un palacio de Mascate, la capital omaní, de forma indirecta: en sucesivas rondas, el ministro de Exteriores de ese país, Badr al Busaidi, se reunió por separado con una y otra delegación transmitiendo las demandas de cada parte. “Hoy se llevaron a cabo conversaciones de mediación muy serias entre Irán y Estados Unidos en Mascate. Han sido útiles para esclarecer las posturas tanto de la parte iraní como de la estadounidense, así como para identificar posibles áreas de progreso. Tenemos la intención de volver a reunirnos en su debido momento, mientras los resultados son analizados detenidamente en Teherán y Washington”, publicó el representante omaní en la red social X.
“Hoy mantuvimos conversaciones fructíferas; se escucharon las opiniones de ambas partes y se decidió que [las conversaciones] debían continuar. […] En mi opinión, fue un buen comienzo y podría tener una buena continuación, pero depende de la parte contraria y, por supuesto, de las decisiones que se tomen en Teherán”, aseguró Araghchi en declaraciones a los medios iraníes.
También explicó que en las próximas sesiones se deberá “alcanzar un marco consensuado” sobre las conversaciones, incluidos “los principales temas a debatir”, algo confirmado por un comunicado del Ministerio de Exteriores de Omán, según el cual las consultas se centraron “en la creación de condiciones adecuadas para la reanudación de las negociaciones diplomáticas y técnicas”.
El hecho de que todavía no se haya llegado a tocar la sustancia del problema muestra de la dificultad a la que se enfrenta el propio proceso, en el que cada parte quiere tratar cuestiones diversas: el Gobierno iraní pretende circunscribirse exclusivamente a su programa nuclear —respecto al que está dispuesto a hacer ciertas concesiones—, mientras que la Casa Blanca exige también que la República Islámica reduzca el arsenal y alcance de sus misiles balísticos; detenga su apoyo a grupos armados de la región como el palestino Hamás, el libanés Hezbolá o los hutíes de Yemen y cese en la represión interna.
La delegación estadounidense estuvo liderada por el enviado especial Steve Witkoff, pero, según mostraron las imágenes ofrecidas por el Gobierno omaní, también participaron en los encuentros con Al Busaidi el yerno de Trump, Jared Kushner y el almirante Brad Cooper, jefe del CENTCOM, el mando unificado de las Fuerzas Armadas estadounidenses encargado de la zona del Golfo Pérsico. Algo que molestó a los iraníes: “La presencia del CENTCOM o de cualquier oficial militar en las conversaciones puede poner en riesgo el proceso de diálogo nuclear”, criticó una fuente diplomática iraní citada por la agencia Reuters.
“El prerrequisito para cualquier diálogo es evitar las amenazas y la presión. Hemos dejado claro este punto hoy y esperamos que se cumpla para permitir la continuación de las conversaciones”, exigió Araghchi en declaraciones a la agencia IRNA.
Ninguna parte se fía del todo de la otra después de que el anterior proceso negociador, en primavera, se fuera al traste con el inicio de los bombardeos israelíes sobre Irán, a los que también se sumó EE UU y que dejaron muy tocado el programa nuclear iraní. Y también por la brutal represión de las recientes protestas en Irán, que han provocado entre 6.000 y 30.000 muertos, según diversas organizaciones de derechos humanos. “Estamos en un momento en el que, tras ocho meses de un periodo turbulento, comienza un nuevo proceso de diálogo. Se ha desarrollado una gran desconfianza en este tiempo, que se añade a anteriores capas de desconfianza, lo cual es un gran desafío para estas negociaciones”, reconoció el ministro iraní.
Según la cadena catarí Al Jazeera, el lunes, los mediadores (Turquía, Egipto y Qatar) presentaron a las partes una propuesta de solución que pasa por que Irán se comprometa a no enriquecer más uranio durante tres años ―y hacerlo luego a un nivel del 1,5%―, así como a deshacerse de los más de 400 kilos de ese elemento que ha enriquecido al 60% (un nivel no apto para su uso energético y cercano al necesario para fabricar armas atómicas) transfiriéndolos a un tercer país. También se propone que Irán se comprometa a no usar misiles balísticos a menos que sea atacado y a no transferir armas ni tecnología a los grupos armados que apoya en la región, como Hezbolá en Líbano o los hutíes de Yemen. A cambio, se propone un “tratado de no agresión” entre EE UU e Irán.
Pero la semana pasada, Araghchi ya dejó claro que su país no está dispuesto a renunciar a lo que considera sus “capacidades defensivas”. Dentro del régimen iraní hay numerosas divisiones y fracturas, y parte de él ve estas negociaciones como una forma de debilitar al país, por lo que exige una postura más dura. Mientras la prensa reformista iraní saludaba en sus portadas de este viernes la nueva ronda negociadora, otros como el ultraconservador Keyhan, cercano al Líder Supremo, Alí Jameneí, titulaba: “La respuesta a las amenazas del enemigo son otras amenazas, y no negociaciones”. No en vano, justo antes del inicio de las conversaciones en Omán, la Guardia Revolucionaria publicó un vídeo de las pruebas de un nuevo misil balístico con un alcance de 2.000 kilómetros, según la cadena iraní Press TV.










